¿Dónde vive dios?
Minuto a Minuto

10 de mayo de 2021

Regularmente, por costumbre y esperanza, en un país tan creyente en el catolicismo como el nuestro, la mayoría de la gente remata muchos de los temas de la plática cotidiana con frases como: “si dios quiere”, “primeramente dios”, “gracias a dios”, “si dios es servido”, “dios lo tenga en su santa gloria”, etc. Los mexicanos tienen a dios en sus pensamientos todo el tiempo y en todos lados, a todas horas y para todos los propósitos: si es para lo bueno muy bien, y si es para lo malo mucho mejor, “así lo quería mi padre dios”, dicen.

Las frases que mencioné más arriba se antojan como una especie de amuleto, de dichos “divinos” que parecen permear el aire y elevarse muy alto en la atmósfera terrestre, parecen atravesar sin dificultad alguna la capa de ozono y adentrarse en los cielos estelares distantes donde, dicen algunos, vive dios.

Aunque esto no es precisamente lo que la mayoría del rebaño piensa.

Los creyentes parecen concluir que Dios, más bien, vive con los pobres, con los desvalidos y apaleados, con los enfermos y desahuciados. Dicen que pernocta donde lo hacen los que no tienen casa: debajo de los puentes, en los basureros (públicos o privados), en las bancas de los parques, en las estaciones de metro, en los baños públicos de estaciones de autobús o tren. Aseguran que Dios “se sienta a la mesa” con los que apenas tienen qué comer (y que no tienen mesa), que bebe con los que no tienen ni una sola gota de agua para la familia entera y que muchas veces es numerosa. Aseguran que desayuna y cena con los muertos de hambre que consiguen algunos desperdicios o las sobras de un buen samaritano que no terminó su Angus York Pork Bacon Burger y que deja tirada en la acera porque no le permiten la entrada a JC Penney con alimentos.

El pueblo elegido de dios cree, sin lugar a dudas, que este vive con los desamparados, con las víctimas de secuestro, de violación, de despojo por parte del gobierno o del narco, que vive siendo vecino de los mutilados en las guerras, de los desolados, de los abandonados por la su familia y/o la sociedad entera.

Ah sí… todo eso está muy bien, ¿verdad?... Pues yo les digo que no existe nada más incorrecto, falaz y desviado de la inevitable y pútrida realidad.

El rey de los judíos, el nazareno, el hijo del hombre, dios padre, espíritu santo, etc., etc. No vive, nunca ha vivido, ni vivirá con todos los que acabo de mencionar (y que me faltaron mucho desafortunados que “viven” en el tercer planeta desde el sol), ni toma alimento alguno con ellos, mucho menos pernocta o, de perdido, se queda a merendar, ni desayuna o tiene una convivencia mientras se comparte en familia, no, no hace ninguna de esas cosas y mucho menos habita con ellos.

Dios, el dios de los mexicanos conquistados, el dios que los hebreos crucificaron, el dios de las estampitas de López Obrador vive con los poderosos, con los que tienen el dinero suficiente para lo que sea, como sea y cuando sea. Vive con los Slims, con los Salinas (los de Gortari y los Pliego), con los Ascarraga y los Beltrones, vive con los Peña y las gaviotas, con los Videgaray y los Chong. Vive con los dueños del PRI, del PAN, del PRD, con los Porfirios y las Carmelitas, con los Monreal y los Anaya.

Por lo regular, desayuna en mansiones de lujo extremo con los Rockefeller y los Rothschild, posteriormente asiste al almuerzo en un ostentoso hotel de New York con Carolina Herrera y Tommy Hilfiger. Ya por la tarde, tiene una comida en algún restaurante de 5 estrellas Michelin con los líderes mundiales, esos de los países más ricos y desarrollados. Toma la merienda en las casas de descanso palaciegas con los canadienses dueños de las minas en latinoamérica, con los árabes dueños de los pozos petroleros de medio oriente, con los dueños de la guerra en los Estados Unidos de América y con los jefes de los cárteles en México.

Cena las más exquisitas viandas con los Bush, con la familia real en el castillo de Windsor, con los terratenientes y esclavistas, con los banqueros y dictadores.

Viaja en Lambou o en Ferrari… en avión privado o en helicóptero de la U.S.A Navy. Apuesta en Las Vegas y Montecarlo y, de paso, hace ganar a los millonarios dueños de los hoteles de lujo/casinos y aumenta las riquezas de los acaudalados apostadores que van a derrochar todo lo que les sobra.

Y así ha sido desde el inicio en que la humanidad se dividió en ciudades y niveles de riqueza y posesiones. Con la gran minoría del planeta es con quienes Dios comparte su tiempo y espacio. Es a quienes siempre apoya y da a manos llenas todo lo que piden y requieren. Les da servicios médicos de primer nivel, los dota de sirvientes y siervos, los salva de las catástrofes naturales ofreciéndoles la posibilidad de mejores viviendas, palacios y castillos fuera del peligro de la furia de la madre naturaleza. Los arropa con las mejores prendas y los mejores artículos para hacer de la vida un verdadero paraíso.

¿Ya se dieron cuenta? o ¿no he sido lo suficientemente claro?

Dios detesta vivir con los pobres y los marginados, detesta a las clases obreras. Desprecia a los indigentes. Pero ama y protege a los ricos, a los pudientes, a los poderosos. Y eso lo podemos constatar día a día, cada hora y cada minuto.

De no ser así, entonces, ¿Dónde vive su Dios?... si es que existe.

Lalo MandragoreLalo Mandragore

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