
- La Historia Jamás Contada -
31 de julio de 2015
O quizá debí poner: ¿de qué va? Porque la neohabla -¡sí, como de Orwell!- que ha venido apoderándose de los medios gubernamental, mediático y ahora hasta educativo superior, resulta llamativa aún para los habituados al curioso lenguaje de los tecnoburócratas, siempre tratando de impresionar con su “modernidad”, aunque su oficio –uno de los más viejos del Mundo- sea exactamente el mismo que el de sus predecesores menos pretenciosos.
Pero no es por su (supuesto) tecnicismo –de ahí el nombre de “tecnócratas”- que llama la atención, sino por resultar familiarmente coloquial… de otro país. Perlas como “gobernanza” –anteriormente gobierno o gobernación, según el caso- o incluso “maestranza”, refiriéndose al grado académico de maestría, que escuché nada menos que en la radio de la Universidad Nacional –institución que, incidentalmente, certificará el uso correcto del español: me pregunto si en ese dialecto del idioma en particular-. (Al respecto, sería oportuno releer las consideraciones que el maestro Nikito Nipongo –Raúl Prieto- expone en su libro MADRE ACADEMIA.)
Y está el asunto del turismo, cuyo tema obligatorio desde los años ’80 es la (época de la ) Colonia, como si la Historia se hubiera detenido ahí y no existieran más cosas que mostrar a los visitantes, llegando incluso a inventar celebraciones religiosas como la Procesión del Silencio en Semana Santa, “igual que la de Sevilla”, recalcaban sus promotores aquél último sábado de febrero de 1988 en el programa radiofónico matutino que la propusieron como una “original” (¿?) ocurrencia –evidentemente preparada: un “tamal”, como se conoce aquí- para atraer gente a la Ciudad. (Unos diez años antes, estando por cruzar la Avenida Reforma entre 16 de Septiembre y 5 de Mayo –nombres harto elocuentes para quien conozca de Historia-, unos muchachos a bordo de un modesto automóvil me preguntaron dónde podían encontrar “chavas de la buena onda”. Por devotos que fueran –no lo sé-, en ese momento su apetencia no era precisamente admirar templos.)
Hay aspectos particulares de esta moda que afectan profundamente a todos los habitantes, tanto en sus relaciones entre sí como con el Gobierno: la capacitación política, esto es, la destinada a formar funcionarios públicos, de donde proviene la jerigonza comentada más arriba y… ¡la Educación! En ambas, bajo la declarada intención de “modernizarlas” –muletilla de la tecnocracia-, apenas se disimula la de reconducir la marcha del país mediante el cambio de la mentalidad de las mayorías, especialmente las emergentes de jóvenes y niños. Por eso la urgencia de dejar atrás el pasado, retirando sumariamente –y con cualquier pretexto- de la circulación a los antiguos maestros, aquéllos que, aun involuntariamente, son portadores de la “vieja” ideología liberal, sindicalista, del Estado social, etc., obstáculo para el paso –retroceso- hacia el neocolonialismo, sustituyéndolos por otros ideológicamente a modo, que serán además evaluados continuamente. (Este rollo de los exámenes resulta desconcertantemente parecido a la táctica empleada por una de las facciones promonárquicas contendientes por la sucesión de Franco, para desembarazarse sistemáticamente de sus opositores en el medio universitario…)
Así que, chavales: ¿de qué va todo esto, pues?
*Imagen: wallsave.com

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.








