La diversión en torno a la Iglesia
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Jorge Alberto Durán Ramírez*

 

 “Cómo será de noble esta ciudad- decía- que tenemos cuatrocientos años
de estar tratando de acabar con ella y todavía no lo logramos"
El amor en los tiempos del cólera,
Gabriel García Márquez



Hoy se cumplen 479 años de la fundación de la Puebla de los Ángeles y las festividades andan por todo lo alto, por todos lados se habla del origen y creación de nuestra ciudad. Recién una amiga me envió en texto de Paco Ignacio Taibo, el prólogo de la novela “Fuga, hierro y fuego”(Planeta, Barcelona, 1979) en donde da su visión de esta ciudad, muy ligada a la religión. Y de eso habla el artículo de hoy.

Hacia 1995 inicié mis investigaciones y una parte se basó en entrevistas realizadas a Don Julián(1) entre 1995 y 1996 y que muestran varios aspectos de la vida cotidiana en Puebla. Esto es lo que encontré en el periódico La Opinión junto con lo que me platicaba Don Julián sobre las iglesias de Puebla, sus fiestas y la Semana Santa.

Durante la guerra de los cristeros, el gobierno federal toma en su poder todos los templos, en 1929 cuando concluye dicho enfrentamiento, se giran indicaciones para que los templos sean entregados nuevamente a las autoridades eclesiásticas(2); así, del 6 al 29 de julio se entregan 38 iglesias, la primera fue la de El Carmen, que a partir del 8 de julio comienza la celebración con una “animada y tradicional verbena” pero se pide que no se instalen barracas de juegos y rifas sino “las antiguas vendimias de gente pobre, que lucen más, son doblemente tradicional”, esta fiesta se vuelve significativa y el periódico da cuenta de ella diciendo que “antes los vecinos no tenían ganas, dinero, apetitos, esperanzas, había un ambiente tenebroso,... este año hay luces por todos lados, banderolas, tiovivos, barracas, vendimias, merenderos, fritangas, muchedumbre, chirimia y teponaxtle...”

Las iglesias no sólo servían para rezar, de hecho eran un pretexto para conocer y tratar gente, pretexto socorrido para acompañar a la novia a misa mientras en el trayecto se aprovechaba para platicar. Para Don Julián, quien vivía por la María, las iglesias más visitadas eran El Refugio, San José, La Merced, El Corazón de Jesús, El Señor de los Trabajos y la mejor de todas: La Catedral, pues la distancia favorecía la conversación, ya que se recorría a pie.

Las dos iglesias que predominaban en Santa María eran El Refugio y El Rayito, alrededor de ellas se gestan actividades sociales, cuando esta última comenzó a construirse:
“había un señor Martínez que tenía un carro de sonido y en agosto, ocho días antes hacía kermesse, hacia hora del aficionado, todo para divertir a la gente...llegaba la camioneta y ¡pum! comenzaba a tocar la música.
“Sacaban (ocho días antes) a la imagen del templo y hacían una especie de procesión y atrás de ella iban unos matachines, que... eran unos muñecos como de dos metros, de cartón y uno se metía adentro y bailaba uno con el muñeco... todos los días como a las 6 de la tarde, salían los matachines con música de viento, en vivo y cohetes y ahí andaban en la calle bailando”.

La fiesta en la iglesia El Refugio se caracterizaba por sus fuegos artificiales, pues las fabricas establecidas en las cercanías, como La Angélica, La Moderna, La Hilandera, Lienzos, mandaban a oficiar sus misas y a tronar cohetes, competían por ver quién quemaba más “si una tronaba una gruesa la otra dos, la otra tres”. Ya el día de la fiesta grande sacaban 4 ó 5 “toritos”, un armazón en forma de toro que iba disparando cohetes; una persona, joven por lo regular, se ponía un costal en la cabeza, se cubría y se ponía al torito encima, uno por uno salían para corretear a la gente, al terminar como a las 9 de la noche encendían los “castillos”, había “coronitas” y “flores” con estructura de carrizo que giran “echando muchos colores, eran muy bonitos, al terminar la gente aplaudía”.

La gente que asistía a estas fiestas de la iglesia podía probar fruta horneada como el camote, los plátanos y la calabaza, los puestos eran grandes y se vendían tacos y chalupas, las calles se alumbraban con focos, en el caso del Refugio comenzaba la fiesta desde la 18 hasta la 30 poniente., todo era adornar con enramadas, poner puestos, juegos mecánicos, etc.

En otra época del año, por ejemplo en Carnaval, de los barrios salían cuadrillas de huehues a bailar, recorrían toda la ciudad haciendo altos en las iglesias, y los niños atrás de ellos
“salían como 10, 12 cuadrillas, aparte venían los de San Felipe, Los de San Francisco Xochimehuacan, de todos los barrios, San Baltasar, La Luz, Analco, Los Remedios, Xonaca,...y eran muy bien vistos, el huehue tenía que ponerse un pantalón de casimir, azul marino obscuro, su camisa blanca, y se ponían una especie como de mascada como corbata y en la espalda se ponían una capa de seda, porque había seda, seda buena bordada con lentejuela, con chaquira, su máscara bonita,, de madera bien bonita, su sombrero de fieltro con unas plumas bonitas... sus zapatos negros y a bailar... en la calle... claro que nosotros los jóvenes, los niños, pos por divertirse andábamos siguiendo a los huehues, ¿no?, cuando llegaba el huehue a cierta esquina, llegaba uno con el chicote, era una especie de reata tejida pero con un mecatillo finito y tenía de punta una cuenda y llegaba y lo comenzaba a tronar, y se oía bien como se tronaba y gritábamos ¡ahí están los huehues! y salíamos corriendo a seguir a los huehues ¿no? con música buena...era una tradición que no tenía que morir... en otras partes del mundo se hacen carnavales, aquí en Puebla ya no hacen ahora nada...
“La gente guardaba por medio año, un año, puros cascarones de los huevos para llenarlos de agua, había un agua florida que olía muy bonito, sino lo llenaban con confeti y al centavo, llegaba el carnaval, compraba usté y a rompérselo al amigo en la cabeza, ese era el chiste”.

Por supuesto que la fiesta más tradicional relacionada con la Iglesia era, en Semana Santa, la asistencia al Calvario. En ese entonces se llamaba así al cerrito ubicado antes de los celebres cerros de Loreto y Guadalupe, en donde estaba un templo y que después fue ocupada por el parque Juventud Revolucionaria, el Viernes Santo la costumbre era rezar el Vía Crucis desde la 2 norte y 18 oriente hasta llegar al templo,
“eso era lo bonito, visitar el templo, hacer oración y salir a jugar”.

La gente se organizaba por vecindades, normalmente, comenzaba a llegar a las tres de la mañana, formaba grupos de 50 a 100 personas y rezaba misterio por misterio, cada grupo tenía que esperar su turno, así llegaban a la iglesia, entraban a orar y al salir se dirigían a un plano que llamaban “la meseta”, la gente ya iba preparada con tamales y atole, los calentaban, desayunaban y después jugaban un rato, a las 10, 11 de la mañana regresaban a descansar a sus casas.

Aunque seguía la vida normal, los padres no permitían encender la radio los días Jueves y Viernes Santos, para entonces se escuchaba en la “W” música sacra. En la tarde del viernes la gente podía ir al Zócalo, a donde se colocaban los juegos mecánicos de Sotelo que traía desde México: La Rueda de la Fortuna, Los Volantines, Los Caballitos, la Casa de la Risa, La Ola y Los Carros Chocones, la novedad que costaba cinco centavos. El sábado las jovencitas iban a La Merced por “agua de gloria en ollas preciosas que tenían flores del mismo barro cocido” para tomar, algo que llamaba la atención de Don Julián es que en ese tiempo podía admirarse de “la hermosura de la mujer pues no se pintaban”.

La quema de Judas a las 10 de la mañana era otra tradición del Sábado de Gloria, los Judas eran unos muñecos con armazón de carrizo y llenos de cohetes, a los muñecos les daban la forma de algún personaje conocido.
“… esos Judas eran, pues, digamos, para ridiculizar a cualquiera persona, a un lechero, a un peluquero, un carnicero, a un político, su cara ¿no?, si era, este, lechero le ponían la bicicleta con botes, ¿no? de cartón, ya le digo, así era, con cohetes, claro que el chiste era que cuando los cohetes tronaban todo el muñeco se deshiciera, ¿no?...”
También el sábado de Gloria se hacían bailes, típica era la lunada en Agua Azul
“-¿Vamos al baile, no? ¡Vámonos a Agua Azul!, ahí nos íbamos... claro que salíamos a las tres de la mañana, p’s andando porque no había coches, ahí nos veníamos toda la 11 sur que todavía no estaba pavimentada, era de tierra.”

Por supuesto no había peligro, ni por los ladrones ni por los policías pues sólo los detenían cuando iban borrachos
“-¿Donde va?
-Pos a mi casa, ¿no?, pus no voy haciendo nada.
-Tenga mucho cuidado.”

Todavía a finales de los 50, Don Julián salía con su novia a alguna fiesta familiar, bailes o posadas, y regresaban caminando a la una de la mañana y nadie se metía con ellos, la dejaba en su casa y él continuaba a la suya sin peligro alguno.

Una costumbre más de semana Santa era la de estrenar ropa
“...sí, la mujer un buen vestido, de flac (sic) que era seda legitima japonesa, sus zapatos, iba al permanente,...el hombre su pantalón de casimir, su camisa, su suéter, nosotros los chamacos su pantaloncito de dril, aunque sea descalzos pero todos estrenábamos ese día de fiesta ¿no?.

En aquel tiempo la gente se vestía de luto por la muerte de Jesucristo, antes no existía la representación de la Pasión de Cristo, fue hasta los años 50 cuando San Jerónimo Caleras y posteriormente Pueblo Nuevo iniciaron esta costumbre.

Las costumbres van cambiando, algunas tradiciones se pierden para después recuperarse, otras encuentran su lugar en la memoria colectiva y ahí permanecen.

Por lo pronto, yo dejo mis felicitaciones a Puebla, la muy noble y muy leal, esperando que siga resistiendo los embates de la modernidad.

1.    Prefiero mantener oculto el nombre verdadero, pues si bien Don Julián me autorizó a utilizarlo creo conveniente reservarlo por esta ocasión; si alguien estuviera interesado en obtener más información, se puede comunicar por este espacio. Don Julián, quien tiene ciertas características que lo hacen un personaje singular: en primer lugar él nace en Puebla en 1926, en la parte norte de la ciudad; tiene por oficio la peluquería, actividad que lo hace ser platicador y conocedor de su tiempo no solo por lo que ve, aquí en Puebla y en otras ciudades, sino por lo que le platican; y por ultimo él vivió la experiencia más importante para la juventud de su época: fue padrote.
2.    En el periódico La Opinión se pude seguir las entregas que se van haciendo de los templos a las autoridades eclesiásticas
6 de julio.- Catedral, El Sagrario, la Compañía, San José, San Marcos, Santa Clara, La Cruz.
8 de julio.- Analco, El Sagrado Corazón, Santiago, San Agustín.
11 de julio.- El Cirineo, La Concordia, San Cristóbal, San Antonio, La Merced.
12 de julio.- San Juan de Dios, Santo Domingo, La Soledad.
13 de julio.- La Capilla del Corazón de María. En esta fecha se dice que ya se entregaron 36 templos pero solo se han anunciado 20, se dicen que faltan 27 por entregar incluyendo la de los pueblos cercanos.
22 de julio.- Belén, El Parral, San Matías, Santa Inés.
23 de julio.- La Concordia, Capilla de Dolores, San Roque, El Hospitalito, La Mansión
29 de julio.- La Providencia, Los Remedios, Ecce Homo, San Baltasar, San Aparicio.

*Jorge Alberto Durán Ramírez es profesor de Educación Física, licenciado en Historia, aprendiz de artista. Le gusta la música folklórica latinoamericana, que interpretó hasta antes de casarse; gusta de escribir cuento y teatro, actividad que inició después de casarse. Creyente fervoroso de que el amor es el motor del mundo, lo practica antes y después de casarse, la mayoría de sus escritos versan sobre el mismo tema: El amor.

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