
MANIZALES, 23 de agosto de 2019 — Agencia de Noticias UN-
Juan Camilo Solarte Torres, estudiante de Ingeniería Química de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, trabaja en un proyecto que busca reutilizar los desechos plásticos como el polietileno tereftalato (PET) –con el que se fabrica la mayoría de las botellas convencionales de agua– y los residuos orgánicos como la zoca del café, el raquis del plátano y la cáscara de coco, para obtener una madera más resistente y que tenga menor impacto ambiental.
El estudiante propone mejorar la manufactura de madera plástica que se encuentra actualmente en el mercado, mezclando el plástico con la biomasa recuperada de desechos orgánicos de los productos autóctonos de la Región Cafetera.
Según un estudio del Ministerio de Vivienda, de las 30.000 toneladas de basura que produce Colombia al día solo se recicla alrededor del 13 %. Por eso el material propuesto ayudaría a aumentar los niveles de reciclaje, no genera ningún tipo de contaminación del agua, evita la tala de árboles y la madera plástica resultante no se descompone y es fácil de instalar.
Proceso de producción
Para fabricar los moldes de madera plástica se mezcla el 85 % de PET con el 15 % de biomasa orgánica de cualquiera de los productos naturales seleccionados. Para obtener la biomasa, el estudiante se basó en productos de la Región como el café y el plátano, y también hizo pruebas con cáscara de coco, ya que este se usa en grandes cantidades como materia prima de una industria de dulces de Manizales.
Después de varias pruebas de ruptura y absorción de agua, el estudiante Solarte determinó que la cáscara de coco es el producto ideal para combinar con el PET, ya que presenta mayor permeabilidad.
Para fabricar la madera plástica, todos los materiales pasan por un proceso de selección, almacenamiento, aglutinado, demolición, secado, mezcla de plástico, extrusión de perfiles, enfriamiento y corte.
El proceso se realiza en tres pasos: “se muelen el PET y la materia orgánica seleccionada; se realiza el secado, después de lo cual los materiales pasan por el método de extrusión, a través de un tornillo sin fin, y se pasa por un molde encargado de darle la forma deseada al plástico”, describe el estudiante.
Gracias a su resistencia, el material se puede usar en el área agropecuaria para fabricar comederos, corrales, estantillos (postes utilizados para cercar las fincas), postes y pisos. Así mismo en la construcción se pueden hacer escaleras, fachadas, garitas, muelles, puentes, puertas, portones y rejillas, entre otros; y en el círculo mobiliario urbano se puede trabajar en señalizaciones, canecas, cercas, graderías, parques infantiles y casas para mascotas, entre otros productos.
Calidad y resistencia
Los artículos fabricados con madera plástica cumplen con las propiedades de resistencia que garantizan calidad y sostenibilidad. “Los polímeros se pueden demorar más de 150 años en degradarse; los puede atacar el agua, el viento y la temperatura, y tienen mucha capacidad de aguante; además, tienen muy alta resistencia al impacto”, explica el estudiante.
Además de su carácter ecológico, el material tiene mayor vida útil, es inmune a los insectos y roedores; resistente al impacto, la humedad, la corrosión, los ácidos y los detergentes, entre otros beneficios frente al producto tradicional hecho con madera.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

23 de agosto de 2019
El calentamiento global atribuido a la actividad humana ocasiona que el derretimiento de glaciares en el mundo ocurra a ritmo acelerado, y su desaparición tendrá, entre otros efectos, un fuerte impacto sobre la población que depende del recurso hídrico que éstos generan.
De manera natural, el retroceso de esas masas de hielo se da por el aumento de la temperatura ambiente, debido al cambio climático, afirmó Hugo Delgado, director del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM.
Todos los glaciares del planeta han reducido su tamaño de forma espectacular, incluso en los últimos años “hemos presenciado el derretimiento de muchos cuerpos de hielo, como sucedió con el glaciar islandés Okjokull”, que perdió su espesor y se deshizo; pero esta situación ya ha ocurrido en otras regiones, como Groenlandia, los Andes, los Alpes, el Himalaya y México (Popocatépetl e Iztaccíhuatl), alertó el universitario.
No hay manera de revertir este proceso, pero sí de frenarlo con la disminución importante de la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera. “Si no lo hacemos, seguirá aumentando la temperatura a un ritmo más allá de lo estimado”.
Los glaciares y el cambio climático
Hugo Delgado señaló que durante los últimos dos millones de años el planeta ha tenido cuatro glaciaciones, procesos de acumulación de nieve y formación de hielo glaciar que ha permanecido en la cumbre de las montañas y en las partes bajas, principalmente. Son procesos naturales que tienen que ver con el cambio climático.
Las glaciaciones han terminado y entre dos de ellas hay periodos que se conocen como interglaciares, en donde la temperatura ambiente se eleva de manera natural; no obstante, se registra un aumento en la temperatura global, que va mucho más allá del proceso natural, y particularmente se ha acentuado durante este siglo.
A este fenómeno se le llama calentamiento global, y la actividad humana es responsable de su presencia, pues básicamente se explica en función del incremento de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono, detalló.
Debido a ello, los glaciares retroceden en el orbe, y los islandeses pusieron una placa en el sitio donde alguna vez hubo un cuerpo de hielo permanente para recordar ese evento y para que las futuras generaciones tomen conciencia sobre los efectos del calentamiento global.
El geólogo aseguró que las consecuencias por el derretimiento de los glaciares son graves. Un ejemplo es Puebla, donde cinco por ciento del agua que irrigaba la cuenca provenía del deshielo del Popocatépetl e Iztaccíhuatl, pero al desaparecer esos hielos han dejado de aportar al sistema hídrico superficial y subterráneo; en consecuencia, los mantos acuíferos ya no tendrán esta recarga y la población que utiliza agua subterránea para abastecerse ya no podrá hacerlo.
Otro caso es el de Perú, país con el mayor número de glaciares de montaña en Sudamérica, presentes en las cumbres de los Andes. Se han formado lagunas que se alimentan del agua de deshielo, pero en las últimas décadas algunas de las masas de hielo más pequeñas han comenzado a desaparecer provocando, inicialmente, el desbordamiento de las lagunas, lo que pone en riesgo a las poblaciones cercanas.
Pero esa agua no se ha podido almacenar y en algunos años las lagunas desaparecerán, pues al derretirse los glaciares el aporte del líquido dejará de existir y habrá escasez de ese recurso para consumo humano.
Delgado resaltó que la fusión del hielo y desaparición de los glaciares en Islandia y Groenlandia; la separación de grandes bloques en las grandes extensiones de hielo de la Antártida, mismas que ingresan al mar; y la disminución importante de la cubierta de hielo en el Polo Norte, son ejemplo de lo que sucede a causa del calentamiento global.
La historia nos dice que durante las épocas interglaciares se forman sistemas lacustres, pero después hay sequía cuando vuelven las glaciaciones: los lagos desaparecen y posteriormente pueden resurgir. “Lo interesante es que deberíamos estar en una etapa de formación de lagos, pero los que se generaron al final de la última glaciación ya los hemos consumido o hemos puesto el agua fuera de sus cuencas”, subrayó.
No hay modo de revertir el proceso de derretimiento, reiteró, pero se puede intentar frenarlo, hacer conciencia y buscar la manera de adaptarnos a las nuevas condiciones que se nos presentarán, sin el recurso hídrico que los glaciares nos proporcionaban.
Finalmente, explicó que un glaciar es una masa de hielo que tiene un régimen de alimentación y pérdida, además de movimiento, lo que lo convierte en un cuerpo dinámico; cuando pierde esas características ya no tiene manera de crecer y prácticamente se declara extinto.
Para subsistir requieren precipitación sólida, es decir, en forma de nieve o hielo; si esto no ocurre, sólo tienen pérdida de agua (que se genera mediante la fusión). Si se funden de manera continua y no tienen recarga de precipitación sólida, eventualmente reducen su tamaño y desaparecen.
Boletín UNAM-DGCS-591/2019

MANIZALES, 22 de agosto de 2019 — Agencia de Noticias UN-
Fabián Andrés Yara Amaya, estudiante de la Maestría en Ingeniería - Recursos Hidráulicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, trabaja desde hace seis meses en la fabricación del bioadoquín, un material de construcción que resulta de la mezcla de concreto hidráulico tradicional –arena, grava y cemento– con un 20 o 30 % de fibras naturales, con el fin de simular la resistencia y la tenacidad de un adoquín convencional.
Por su falta de capacidad para soportar deformaciones, el concreto es un material frágil y de baja resistencia, limitaciones que se podrán resolver incorporándole un refuerzo, como las fibras naturales que se obtienen del coco y del fique.
Con este proyecto, el estudiante busca mejorar la resistencia, capacidad y tenacidad de los adoquines que se usan en las construcciones de vías de tráfico liviano (peatones) y pesado (vehicular): “ya realizamos pruebas basados en la Norma Técnica Colombiana NTC 2017 sobre adoquines de concreto para pavimentos, que exige 45 kilogramos/fuerza, y encontramos que con esta mezcla podemos llegar a 35 kilogramos/fuerza, que es una resistencia muy cercana a la exigida por dicha norma”.
Esto se debe a que el fique tiene una resistencia a la tensión de entre 511 y 635 megapascales (unidad de presión del Sistema Internacional de Unidades) y la fibra de coco alcanza una resistencia de entre 131 y 175 megapascales, cifras que aportan al mejoramiento de las propiedades mecánicas de un adoquín convencional.
La fabricación de este material “impactará significativamente en el sector de la construcción, ya que reduce los costos por metro cuadrado de adoquín entre un 10 y un 15 %; además para su fabricación no se requerirá mano de obra especializada, lo que influye directamente en el precio”, destaca el estudiante.
Solución medioambiental
Además de ser una solución amigable para la construcción, la fabricación del bioadoquín resolverá una problemática ambiental derivada de la mala disposición final de fibras agroindustriales, pues por lo general se incineran o se entierran por su alto volumen.
Según el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, en la industria del coco solo se aprovecha el 20 % de la fruta mientras el 80 % se estima como material de desecho contaminante; igual ocurre con el fique, pues solo se utiliza el 4 % de la hoja, de la cual se extrae la fibra que alimenta la cadena productiva, y el 96 % –los jugos y el bagazo– es desechado por los cultivadores.
El estudiante Yara agrega que con la fabricación del bioadoquín se quiere dar un paso para modificar la norma ASTM C87, que limita el uso de materia orgánica en el concreto: “buscamos obtener una combinación tan precisa entre el concreto hidráulico y las fibras naturales que lleguemos a una resistencia similar o mejor a la del adoquín tradicional, y de esta forma seremos referentes para motivar la revisión de la norma actual”.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

BOGOTÁ D. C., 22 de agosto de 2019 — Agencia de Noticias UN-
Así lo evidenció Sergio Miguel Orjuela, magíster en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), particularmente mediante la variable de tasa de cambio: “por medio de los cálculos comprobamos que el precio que reciben los narcotraficantes por la cocaína repercute directamente sobre la cadena productiva: a mayor rentabilidad mayor demanda de coca, lo que incrementa los cultivos en Colombia”.
En ese sentido, indica que “se esperaría que el próximo año los datos tanto de Naciones Unidas como de la Oficina de la Casa Blanca de la Política Nacional para el Control de Drogas reflejen que con la devaluación actual del dólar el número de hectáreas cultivadas aumentó, ya que nos encontramos en niveles máximos”.
Señala además que, teniendo en cuenta la gran influencia de los precios del petróleo sobre la tasa de cambio en Colombia, el narcotráfico es uno los más afectados, debido a la conocida “enfermedad holandesa”, en la que el aumento de los precios del petróleo genera una apreciación de la tasa de cambio reduciendo la rentabilidad de la exportación de cocaína, y en consecuencia disminuyendo la cantidad de cultivos.
La tasa de cambio explica tanto el auge de las hectáreas sembradas de coca que viene sucediendo desde 2014, como la reducción ocurrida en los años anteriores a este.
Sobre las variables precio del oro, desplazamiento forzado y erradicación manual no se evidenciaron efectos significativos en las áreas cultivadas de coca.
“El precio real del oro tampoco muestra efectos significativos”, un resultado que el investigador y varios analistas no esperaban, ya que ellos han asegurado que existe una relación inversa entre el precio del oro y los cultivos de coca.
“Entre 2003 y 2013, mientras las hectáreas de coca bajaban el precio internacional real del oro subía de 497 a 1.506 dólares por onza troy. En los años siguientes, aunque el precio del oro disminuyó un poco, se mantuvo en valores históricamente altos, por encima de los 1.200 dólares, lo que significa que el fuerte incremento de los cultivos de coca ha coincidido con altos precios históricos del oro”, comenta de su investigación.
Contrario a ello, la aspersión con glifosato sí tiene un significativo efecto negativo sobre el área productiva de coca.
“Solo se ha demostrado el efecto negativo del glifosato en el mismo municipio en el que se realizó la aspersión, lo que no es relevante considerando la facilidad con la que se dispersa este cultivo. En ese sentido, la coca eliminada por la aspersión de glifosato en un determinado municipio puede influir positivamente en la cantidad de coca que hay en los demás municipios”, comenta sobre esta variable que se debe analizar con mayor profundidad.
En conclusión, el negocio de la cocaína en Colombia, cuyo principal mercado son los Estados Unidos, se ve afectado directamente por la tasa de cambio, e indirectamente por el precio internacional del petróleo.
El investigador comenta que “si los narcotraficantes aumentan sus ingresos por la depreciación y los reducen por la apreciación del peso colombiano, estos demandarán más o menos hoja de coca. Por lo tanto, la cantidad de cultivos de coca se ve afectada positivamente por el precio del dólar, tal como se observa en la estimación econométrica”.
Cabe señalar que aunque durante 2018 los cultivos de coca bajaron de 171.000 a 169.000 hectáreas en todo el país, rompiendo la tendencia de crecimiento que llevaba hace varios años, el esfuerzo no ha sido suficiente.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

21 de agosto de 2019
La medicina privada del país requiere regulación. Es un sector que avanza y se consolida, pero está ligado al gasto de atención (o de bolsillo, como se llama en el sector) de la población, que es muy alto, reconocieron especialistas reunidos en la UNAM.
Para analizar este tema, expertos del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de esta casa de estudios, del Consejo de Salubridad General y de la Academia Nacional de Medicina, organizaron el “Foro Normativo de la Medicina Privada en México”.
Fernando Cano Valle, exdirector de la Facultad de Medicina e investigador del IIIJ, resaltó que en la mayoría de los países, en particular de América, los sistemas de salud pública y privado se encuentran en franca interacción.
En el caso del sector privado, las empresas que generan y ofrecen los insumos mantienen una adecuada relación con el grupo médico y con las compañías aseguradoras.
“En algunas naciones es común que los derechohabientes del servicio público utilicen los servicios del sector privado, elevando los niveles del gasto de bolsillo y el riesgo de caer en gastos catastróficos por motivos de salud”, dijo.
“En la actualidad hemos visto esfuerzos por contrarrestar el sistema fragmentado de salud, pues ha creado una segmentación desigual en la población en lo concerniente a su cobertura, pero sobre todo en los presupuestos”.
Al respecto, José Ignacio Santos, secretario del Consejo de Salubridad General (máxima autoridad de salud en el país), indicó que en los últimos años la medicina privada en México ha fortalecido su capacidad para prestar servicios mediante nuevas tecnologías y sistemas de financiamiento, aunque ese crecimiento está asociado directamente con el gasto de bolsillo de la población.
La medicina privada puede y debe participar, en colaboración con el sector público, para hacer realidad el derecho a la salud y el bienestar a toda la población.
Por su parte, Gilberto Felipe Vázquez de Anda, tesorero de la Academia Nacional de Medicina, resaltó que la medicina privada en México pareciera que corre en paralelo a la institucional, y juega un papel importante en la atención de salud de la población.
Aunque 50 por ciento o más de los mexicanos tiene seguridad social, hasta un tercio de los asegurados utiliza los servicios de la salubridad privada.
“A pesar de ser un sistema abierto, heterogéneo e individual en cuanto a su oferta de servicios, los tres niveles de atención se encuentran cubiertos. Esta heterogeneidad de los servicios se va haciendo más disperso y de menor calidad en cuanto se aleja de las ciudades”, subrayó.
El gasto de bolsillo es muy elevado y poco accesible a la población general y la no asegurada.
“El futuro que se avecina es el reto de conjuntar la atención en cuanto a los niveles (atención primaria a especializada) con una estrategia para acortar los gastos catastróficos y poder ofertar mejores servicios en la medicina privada.
Boletín UNAM-DGCS-583/2019