
Los barrios antiguos de la ciudad de Puebla se encuentran en riesgo por la creciente transformación de la morfología urbana, cambios de uso del suelo y pérdida de habitabilidad, como consecuencia de un proceso de gentrificación promovido por el sector inmobiliario, principalmente. Este es el caso del Barrio de Analco, primer asentamiento de esta capital a orillas del río San Francisco, cuyos primeros pobladores fueron indígenas de la Mixteca que trabajaron en la edificación de la metrópoli.
Con la finalidad de salvaguardar el legado cultural e identidad de este sitio fundado en el siglo XVI, Norma Leticia Ramírez Rosete, investigadora de la Facultad de Arquitectura de la BUAP, lidera un programa de desarrollo comunitario para preservar la diversidad de manifestaciones, tradiciones, prácticas y oficios, como danza, alfarería y panadería, los cuales persisten después del proceso de colonización hispánica en México.
Para una regeneración urbana y social de este barrio, la integrante del Cuerpo Académico 118 “Planeación y Gestión Sustentable” propone impulsar un proceso de gestión participativa y comunitaria, en el cual sus habitantes son considerados guardianes de saberes y de conocimientos ancestrales.
En el desarrollo de la primera etapa de esta investigación, académicos y estudiantes de la Facultad de Arquitectura, así como residentes del Barrio de Analco, formularon estrategias operacionales a corto, mediano y largo plazo, para disminuir las condiciones de vulnerabilidad urbana y social.
“El desarrollo de una gestión comunitaria y diseño participativo contribuirá a preservar el patrimonio cultural inmaterial de este y otros barrios, a través de la generación de estrategias de conservación que coadyuven a la formulación de políticas públicas y toma de decisiones para atender las problemáticas de la población”, expone la académica adscrita al Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt y perfil PRODEP.
Algunas de las estrategias planteadas son realizar proyectos de emprendimiento, fortalecimiento del comercio local a nivel de barrio con la promoción de oficios y actividades artesanales, la integración inter barrial y mejoramiento de la imagen urbana, resolución de principales problemáticas urbanas de la zona, divulgación de actividades artísticas y culturales, identificación y revalorización del patrimonio cultural, rescate de la vocación y oficios tradicionales del barrio y vinculación con otros proyectos comunitarios, nacionales e internacionales.
Norma Leticia Ramírez Rosete, doctora en Geografía, Urbanismo y Ordenación del Territorio por la Universidad de Valladolid, España, menciona que la importancia de impulsar una gestión participativa se deriva de la ausencia de mecanismos de participación ciudadana en Puebla, los cuales no permiten incidir de manera directa en la formulación de políticas públicas.
“Esta situación provoca desconfianza por acciones que no responden a las expectativas de los habitantes, ya que no conservan su identidad cultural y no contribuyen a mejorar su calidad de vida”, explica la doctora Ramírez Rosete, quien coordinó en 2015 el Plan de Manejo del Centro Histórico Puebla.
Actualmente, esta investigación se asocia al proyecto interno de la Facultad de Arquitectura en vinculación con la Universidad de Nuevo México, Estados Unidos, junto a la doctora Blanca Rosa Téllez Morales. Tiene un carácter multidisciplinario y participan alumnos de Ciencias Políticas, Derecho, Arquitectura, Economía y Urbanismo. Consta de tres etapas, cada una se sustenta en un proceso participativo y de interacción social entre universidad, sociedad, gobierno y organismos sociales a nivel internacional.
Este proyecto se inserta en la línea de investigación “Gestión del patrimonio cultural y desarrollo comunitario”, de la doctora Norma Leticia Ramírez Rosete. Asimismo, deriva del proyecto “Desarrollo comunitario Casa Analco FABUAP”, que dirige junto a la doctora Adriana Hernández Sánchez.
Este trabajo ha permitido la formación de recursos humanos en la Facultad de Arquitectura de la BUAP, en la Licenciatura en Urbanismo y Diseño Ambiental, Maestría en Ordenamiento del Territorio y Doctorado en Procesos Territoriales, estos dos últimos adscritos al Programa Nacional de Posgrados de Calidad del Conacyt.
Además, se han generado más de 10 publicaciones en revistas indizadas y los resultados se han presentado en el Congreso Internacional de Pueblos Indígenas de América Latina (CIPIAL), en Brasilia, Brasil; en el Encuentro Memorias, Saberes e Identidades, celebrado en Bucaramanga, Colombia; en el “XVI Encuentro Internacional sobre Gestión de Ciudades Patrimoniales”, en La Habana, Cuba; y en el II Congreso Internacional “Políticas públicas en defensa de la inclusión, la diversidad y el género”, en Salamanca, España.

Ómicron, la variante del virus causante del COVID-19, es, como ya se sabe, altamente trasmisible; sin embargo, su grado de agresividad aún no está del todo determinado, por lo que es necesario no confiarse y sobre todo vacunarse para hacer frente a esta y otras variantes, señaló el doctor César López Camacho, egresado de la BUAP e investigador de la Universidad de Oxford.
El científico, quien actualmente investiga enfermedades emergentes en la Universidad de Oxford, donde estudia con sus colegas la respuesta inmune contra el SARS-CoV-2, refirió en entrevista que las variantes siempre han existido, incluso desde el momento que surgió el COVID-19. Sin embargo, la mayoría de las mutaciones en los virus tienen escaso o nulo efecto sobre las propiedades de estos; algunas pueden influir, por ejemplo, en la facilidad de su propagación y la gravedad de la enfermedad asociada a tal infección.
El aumento de contagios de las últimas semanas en el mundo, incluido México, se relaciona con la variante Ómicron. Para el doctor César López Camacho, egresado de la BUAP y especialista en Biología Molecular por la Universidad de Manchester, la capacidad infectiva y la agresividad de una variante son dos factores distintos: la primera está relacionada con su grado de contagio, mientras que la segunda con los efectos que tenga el virus en el organismo humano.
Respecto a las variantes como Ómicron o Delta, refirió que todos los virus mutan porque suelen replicarse en distintos organismos y durante este proceso pueden presentar cambios en su material genético, es así como surgen las variantes, por lo que se espera que sigan generándose. Enfatizó, sin embargo, que la mejor manera de desacelerar su aparición es incidir en la disminución de la propagación del virus que causa COVID-19, a través de la vacunación con esquemas completos, además del refuerzo, el cual reduce drásticamente la severidad de la infección.
Sobre la combinación de biológicos, el doctor López Camacho mencionó que ya existen estudios científicos que la avalan, ya que finalmente el objetivo es el mismo, “crear inmunidad contra el virus causante del COVID-19, sólo que a través de un canal distinto”.
Al respecto, explicó que en el caso de la vacuna de AstraZeneca, la cual se diseñó en la Universidad de Oxford, parte de una plataforma adenoviral, es decir, de un adenovirus modificado no replicativo que expresa dentro de las células humanas sólo una porción del virus SARS-CoV-2, a través de la conversión del DNA a RNAm, lo que permite generar respuestas inmunes contundentes contra el patógeno que causa la enfermedad de COVID-19.
Por su parte, la vacuna de Pfizer recurre a pequeñas moléculas de ARN. Cada una contiene el mensaje de un gen de coronavirus empleado para generar anticuerpos. El laboratorio de cada uno de nuestros cuerpos procesa entonces el ARN mensajero, el ingrediente activo de la vacuna de Pfizer-BioNTech para producir la proteína espícula del coronavirus. Por lo tanto, la vacuna Pfizer es una abreviación más corta que la de AstraZeneca, ya que las dos producen la misma proteína del coronavirus, detalló.
En lo que concierne a los tiempos de resguardo en caso de salir positivo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que una vez que te has infectado del virus SARS-CoV-2, el periodo de incubación será de 5 a 6 días para presentar síntomas, sugiriendo 14 días de cuarentena; pero con la variante Ómicron, la cual presenta más de 40 mutaciones distintas, ocasiona que los tiempos de aislamiento sean diferentes.
Algunos países piden cinco, siete o hasta 10 días de aislamiento; en México, por ejemplo, algunos médicos sugieren cinco días. El doctor López Camacho advierte que aún faltan estudios para determinar con certeza los cambios que tiene Ómicron respecto a otras variantes y su persistencia en el organismo infectado y eso implica que los tiempos de aislamiento pueden ser mayores en algunas zonas o regiones.
Añadió que en países como Inglaterra el tiempo de aislamiento es de cinco a siete días para la variante Ómicron; siempre y cuando la prueba de flujo lateral sea negativa. No obstante, las pruebas COVID son más accesibles para la población en general y se envían a las casas por correo, esto a diferencia de México, donde los costos por realizar una PCR o una de antígenos son elevados, además de que son gastos que absorbe la población.
Lo anterior puede ocasionar que una persona que estuvo en resguardo por solo cinco días aún pueda tener una carga viral importante, de esta forma si se reincorpora a sus actividades sin practicarse una prueba previamente, el riesgo de contagiar a otros individuos se eleva.
Finalmente, el especialista enfatizó que la prevención, la cual incluye seguir las medidas sanitarias ya conocidas, como el uso de cubrebocas, la sana distancia, empleo de gel antibacterial y lavado constante de manos, pero sobre todo la vacunación y el refuerzo, reduce eficazmente el número de contagios, hospitalizaciones y muertes por COVID-19. En el caso de las variantes, los índices de vacunación también son fundamentales, por lo que las autoridades y la sociedad en general deben asumir su responsabilidad y seguir las medidas recomendadas para tratar de frenar esta pandemia.
Hasta la tercera semana de enero el pico más alto de contagios en el país osciló entre los 50 mil y 60 mil casos de COVID-19, mientras que el número de muertes diarias llegó a las 300, las cuales se sumaron a las más de 302 mil registradas en México desde que inició la crisis sanitaria. Puebla ocupó un lugar en la lista de las 10 entidades que concentran 65 por ciento de los casos en toda la República Mexicana.

Como parte de una línea de investigación que se realiza en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), enfocada a conformar un mapa de poblaciones microbiológicas en el estado de Tamaulipas, científicos analizan muestras para detectar la presencia del coronavirus SARS-CoV-2 en aguas residuales, superficiales del Río Bravo y de cuerpos de agua que desembocan en su cauce, ya que la detección de partículas virales residuales permitirá contar con un parámetro indirecto sobre el estado de contagios que existe en la zona.
La secretaria de Educación Pública, Delfina Gómez Álvarez, ha mencionado que la pandemia muestra la necesidad del trabajo colaborativo y la importancia de aportar soluciones o alternativas que dejen huella, como el quehacer de la comunidad científica.
En tanto, el doctor Arturo Reyes Sandoval, director general del Instituto Politécnico Nacional, destacó que los pilares para la generación de estos conocimientos son las universidades y por la capacidad que tienen para hacer ciencia pueden realizar grandes contribuciones a la sociedad.
El doctor Virgilio Bocanegra García, titular de la investigación que se realiza en el Centro de Biotecnología Genómica (CBG), ubicado en Reynosa, Tamaulipas, refirió que en países como Italia, Suecia y Estados Unidos ya aplican esa metodología de monitoreo biológico en aguas residuales, para estimar el índice de contagios de una población y a partir de ese monitoreo conocer anticipadamente si las medidas de prevención han sido efectivas y tomar decisiones de salud pública.
El experto politécnico explicó que independientemente de que las personas contagiadas con el SARS-CoV-2, sean asintomáticas, cursen con COVID-19 leve o grave, desde el primer día de la infección el virus está presente en las heces que llegan a las aguas residuales y potencialmente a los cuerpos de agua superficiales.
“Por ello, la detección y estudio del coronavirus en las aguas residuales es un excelente método de vigilancia que puede usarse como alerta temprana para conocer el ritmo en el que suben o descienden los niveles del SARS-CoV-2 en las aguas y, si en determinado momento estos son altos prever una posible demanda hospitalaria en los siguientes siete a 10 días, que es el periodo en que la enfermedad se puede agudizar”, afirmó.
El doctor Bocanegra García detalló que en la primera parte del proyecto realizaron un muestreo de agua de diversos puntos del Río Bravo y cuerpos de agua superficial que desembocan en su cauce, así como de aguas residuales, en colaboración con la Dra. Ana Verónica Martínez Vázquez, del mismo centro. Las muestras luego son procesadas, para inactivar y concentrar el material genético de las partículas virales presentes, mediante tratamiento con polietilenglicol
“Con el propósito de inactivar el coronavirus y otros microorganismos presentes en la muestra, esta se acidifica, y luego la centrifugamos a altas velocidades durante varias horas, proceso con el cual se genera “un paquete” en el fondo del tubo, del que extraemos el Ácido Ribonucleico (RNA), de las partículas virales, entre ellas las del SARS-Cov-2, para llevar a cabo su posterior detección mediante la técnica de Reacción en Cadena de Polimerasa (PCR) en tiempo real”, precisó.
El especialista del CBG mencionó que el estudio actualmente se encuentra en la etapa de obtención y preparación de las muestras para análisis, en el corto plazo, y con los resultados, determinar las zonas donde hay cuerpos de agua positivas al coronavirus y el nivel de éste. “Al terminar dicha fase queremos complementar la investigación mediante la detección de las variantes presentes”, agregó.
El catedrático adscrito al Sistema Nacional de Investigadores (SNI) Nivel II señaló que esta investigación, con la que Irving Jecsan Olivares Martínez obtendrá el grado de maestro en ciencias en Biotecnología Genómica, podría extenderse a otros puntos de la República y aplicarse como un instrumento de vigilancia a nivel nacional.

El Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN) conjuntan esfuerzos en pro de la salud para mejorar tratamientos a pacientes afectados por deformidades craneomaxilofaciales congénitas, mediante un innovador dispositivo impreso en 3D.
Se trata de un nuevo modelo de sistema para distracción osteogénica que ayuda a impulsar el crecimiento óseo del tercio medio craneal y facial, cuya tecnología permitirá brindar mayor confort a menor costo, a niñas, niños y personas adultas con labio y paladar hendido y a pacientes con pérdida ósea por traumatismos.
Los directores generales del ISSSTE, Pedro Zenteno Santaella, y del IPN, Arturo Reyes Sandoval, felicitaron a los autores de esta investigación, el cirujano maxilofacial del Hospital Regional “1° de Octubre”, Mauricio González Rebattu y González, y al experto en ingeniería mecánica y biomecánica del IPN, Juan Alfonso Beltrán Fernández, por impulsar mejoras en las tecnologías de tratamiento médico que benefician a la población.
Pedro Zenteno informó que el nuevo sistema de distracción osteogénica eleva el nivel de confort para los pacientes y tiene grandes beneficios en comparación con los aparatos convencionales.
A su vez, Arturo Reyes Sandoval enfatizó que la investigación de calidad impacta de manera inherente en la sociedad con conocimiento y desarrollos tecnológicos de frontera.
En entrevista, el especialista del ISSSTE, Mauricio González Rebattu y González, destacó los beneficios del nuevo dispositivo de distracción osteogénica: “Reduce a la mitad su peso (de 403 a 204 gramos), mejora el campo visual al portar el aparato e integra un sistema bidireccional de ajuste para impulsar el crecimiento óseo, que anteriormente era unidireccional”.
Por su parte, el experto del IPN, Juan Alfonso Beltrán Fernández, precisó que el nuevo dispositivo de distracción osteogénica se fabricó bajo la Industria 4.0; todas las piezas que lo integran: barras, arcos y tornillería, se imprimieron en tercera dimensión en un material plástico; luego se digitalizaron con un escáner en 3D y las imágenes se enviaron a una empresa extranjera con el plano de diseño para ser impresas con la misma técnica, pero en titanio.
Puntualizó que, por su precio, los distractores craneales son escasos, lo que reduce la posibilidad de brindar tratamiento oportuno a quienes lo necesitan; por ello, en breve iniciará el trámite de la patente de esta nueva tecnología para ofrecer una alternativa de atención en beneficio de pacientes del ISSSTE y de todas las instituciones del sector Salud.
El cirujano maxilofacial Mauricio González Rebattu comentó que, derivado de la atención clínica de pacientes con deformidades craneofaciales congénitas en el Servicio de Cirugía Maxiolofacial del Hospital Regional “1° de Octubre”, detectaron que los actuales aparatos de distracción osteogénica, aunque cumplen el propósito de ayudar a regenerar tejido óseo, causan muchas molestias.
“Son aparatos que se fijan y atornillan al cráneo de los pacientes y deben portarlos por un mínimo de tres meses; con ellos duermen, se bañan, van a la escuela o a trabajar; los pacientes que lo usan nos refieren limitación de la visibilidad, peso excesivo, dolor de cuello, entre otras dificultades”, afirmó.
Ante esto, los médicos del ISSSTE propusieron al doctor Juan Alfonso Beltrán Fernández del IPN, desarrollar de manera conjunta un nuevo modelo de dispositivo mejorando sus características de tamaño, diseño, material, peso y ajuste, para hacerlo más confortable y facilitar el tratamiento a los pacientes, dando como resultado esta innovadora tecnología.
Finalmente, el especialista comentó que en el Hospital Regional “1° de Octubre” se aplicaron pruebas y adecuaciones para corroborar la funcionalidad de las innovaciones tecnológicas y próximamente iniciarán la segunda etapa para medir el impacto de los beneficios del uso en pacientes.

A pesar de la aprobación del uso de Molnupiravir, y que en los próximos días se podría sumar la autorización del Paxlovid, medicamentos para la atención de pacientes con COVID-19, es necesario continuar con las medidas de cuidado ya conocidas y aplicarse la vacuna, señalaron los investigadores de la UNAM, Susana López Charretón, viróloga del Instituto de Biotecnología, y Omar Francisco Carrasco Ortega, jefe de departamento de Farmacología.
“La ventaja de estos dos medicamentos es que son orales y que los puedes tomar en tu casa, son una gran esperanza”, aunque los fármacos han demostrado su eficacia contra todas las variantes de COVID, su elaboración está retrasada y todavía no hay producción suficiente para que llegue a nuestro país hasta mediados de año, precisó López Charretón.

En ese sentido, las proyecciones iniciales indican que ambas medicinas estarán recetadas a personas de alto riesgo: mayores de edad y/o con alguna comorbilidad, y estarían restringidas para niños, mujeres embarazadas y pacientes con afecciones renales o hepáticas.
La prescripción y el monitoreo del tratamiento debe quedar en manos de un profesional de la salud. Todos los medicamentos nuevos al empezar a utilizarlos bajo el sistema de emergencia “no han cumplido algunas cuestiones de seguimiento en poblaciones especiales”, explicó Carrasco Ortega.
Los expertos universitarios reiteran el llamado de los especialistas de la UNAM en el sentido de que lo más efectivo es continuar con las medidas de cuidado ya conocidas y acudir a aplicarse la vacuna. “Los medicamentos solamente nos ayudarían en un cierto momento, y no son curaciones mágicas. Sabemos que el Monulpiravir previene el 50 por ciento de las hospitalizaciones; el Paxlovid es un poco mejor, pero de cualquier manera creo que prevenir es mejor que tener que reparar un daño”, concluyó Susana López Charretón.