
Con el propósito de capacitar a profesionales médicos en tratamientos complejos de neurocirugía, investigadores y estudiantes del Instituto de Ciencias Aplicadas y Tecnología (ICAT) de la UNAM desarrollaron un simulador de entrenamiento por realidad virtual y robótica.
Miguel Ángel Padilla Castañeda y Juan Salvador Pérez Lomelí, líderes del proyecto probado en el Hospital General de México, detallaron que fue nombrado BACSIM o Brain Advanced Computer Surgery Simulator, y está en fase de patentamiento.
Único en su tipo en el mundo, combina elementos físicos con una cabeza de maniquí y tecnología robótica para realizar el procedimiento médico, con la simulación computarizada tridimensional para el entrenamiento de diversos procedimientos quirúrgicos, señaló Padilla Castañeda.
“No existe ningún sistema similar al nuestro a nivel mundial que combine modelos físicos y virtuales de pacientes. Los dos o tres que existen tampoco consideran, en el caso de aneurismas, la exploración del valle Silviano, somos los únicos que lo han incorporado (trabajo en el que colaboró el estudiante de doctorado Sergio Teodoro Vite)”, resaltó.
El desarrollo de BACSIM, que inició hace más de seis años, comenzó con el propósito de construir una estación de trabajo que creara, en lo posible, un escenario de un procedimiento quirúrgico. Posteriormente incorporaron modelos de simulación, por realidad virtual y modelos matemáticos de biomecánica de los tejidos, para representar técnicas quirúrgicas de alto riesgo, puntualizó Padilla Castañeda.
El sistema fue diseñado en colaboración con médicos del Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga”, liderados por el neurocirujano Aldo Hernández; permite al profesional en entrenamiento experimentar la microcirugía, incluyendo proporciones ergonómicas a escala real del instrumental y un visor tridimensional que le muestra al cirujano una escena de forma similar a lo que vería en la vida real en el microscopio electrónico, explicó.
Las cirugías que simula BACSIM se encuentran entre las más complejas y riesgosas de aprender, normalmente le lleva años de adiestramiento al médico, sobre todo si se considera que a nivel internacional debe acumular al menos 100 para ser considerado un experto, aseveró el universitario.
“Las oportunidades de ir aprendiendo son escasas y son de riesgo para los pacientes. Por ello hicimos este sistema que tiene elementos físicos y virtuales, con una representación del sitio quirúrgico y dos robots con los cuales se manipulan los elementos virtuales y proporcionan la sensación de tacto del tejido, dando una sensación muy similar a estar en el quirófano, tanto táctil como visualmente”, comentó.
En su inicio, el desarrollo fue seleccionado por el Nodo Binacional Universitario y recibió apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología; posteriormente de la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación de la Ciudad de México para ampliar sus alcances, apuntó Padilla Castañeda.
Por el momento, 15 cirujanos expertos en el Hospital General de México -donde está instalado un módulo de forma permanente- realizaron evaluaciones experimentales con residentes, cuyos resultados también muestran que el simulador es lo suficientemente realista en su programación de entrenamiento para aneurismas, acotó Padilla Castañeda.
Por lo anterior, BACSIM es la primera tecnología de este tipo en el ámbito nacional que es instalado y evaluado en un nosocomio; es decir, fuera del laboratorio de investigación.
“Se hizo un estudio con un equipo reducido de cirujanos que evaluaron la fidelidad del sistema y, por ejemplo, demostramos que los cirujanos expertos tienen una tendencia a desplazar de forma diferente los lóbulos cerebrales cuando deben hacer la exploración respecto a los novatos. Eso es normal en los médicos en entrenamiento y los lleva a hacer una menor exploración o ejercer mayor fuerza en los tejidos, respecto a los expertos”, añadió el especialista en patrones de biomecánica.
Equipos creados en Canadá y Japón, abundó Pérez Lomelí, utilizan el mismo principio, pero están limitados a un solo tipo de procedimiento médico y son costosos, razón por la cual el creado en la UNAM tiene la ventaja adicional de que es más económico y permite la práctica de los profesionales en diversos procedimientos quirúrgicos.
“Se trata de que el simulador sea lo más real al quirófano. El cirujano no está sentado enfrente de una computadora, sino de pie, como de frente a un paciente y lo que se trata es que el aparato sea ergonómicamente activo. Hemos hecho, además de un simulador grande, otros pequeños que nos permitiría trabajar tanto nacionalmente o con el mercado latinoamericano”, dijo el experto en desarrollo de prototipos.
Mejora constante
Además de solicitar la patente nacional del sistema completo, los profesionales de BACSIM trabajan en ampliar los escenarios de realidad virtual que incluyen la simulación biomecánica de la deformación de tejidos blandos del cerebro y las estructuras anatómicas como vascularidades, lóbulos cerebrales, tumor, cráneo y la ejecución del abordaje quirúrgico a través del cerebro.
Adicionalmente, los estudiantes de doctorado en Ciencia e Ingeniería de la Computación, César Domínguez Velasco y de maestría Jessica Alatorre Flores, colaboran en simular una función ventricular para descomprimir el encéfalo, una operación delicada que se utiliza ya sea en niños con hidrocefalea o pacientes con diabetes que sufren esto.
Lo anterior, con el objetivo de ofrecer al estudiante una guía o mapa visual del ángulo, trayectoria y profundidad ideales para realizar el procedimiento, labor que es realizada en colaboración con los doctores Víctor Alcocer e Isaac Tello, del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía “Dr. Manuel Velasco Suárez”.
Daniel Vargas Castro, estudiante de maestría en Ciencia e Ingeniería de la Computación, participó en el desarrollo del programa para resección de tumores cerebrales, específicamente en meningioma, considerado el más común de este tipo de problemas.
Utilizando modelos matemáticos, el investigador simuló el comportamiento tanto del cerebro como del tumor con el objetivo de que se vea y se sienta lo más realista posible para que el usuario experimente la resección del segundo, como si se encontrara ante el paciente.
“La idea real en una cirugía es que se remueva la mayor cantidad de tumor, pero existe el riesgo de que también se remueva tejido sano y el simulador justo da esta métrica; aquí nos dice exactamente qué tanto tumor quitaste y qué tanto cerebro quitaste”, precisó.

Al evaluar la capacidad de distintos microorganismos para combatir patógenos que producen enfermedades en las larvas de las abejas, científicos del Instituto Politécnico Nacional (IPN) descubrieron que una bacteria ácido láctica -aislada de estos insectos- inhibe el crecimiento de la bacteria Melissococcus plutonius, causante de la enfermedad Loque europea, la cual contribuye a elevar las pérdidas en la producción de miel.
De acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), la miel mexicana tiene gran demanda en los mercados y actualmente el país es el décimo tercer proveedor internacional del producto. Por ello, es necesario contar con herramientas biotecnológicas para combatir las plagas que merman la producción y, al mismo tiempo, evitar el uso de químicos, señaló la investigadora Marisol Sánchez Esgua, titular de la investigación.
La especialista del Centro de Investigación en Biotecnología Aplicada (CIBA) Tlaxcala, explicó que, como método de prevención y control de enfermedades, los apicultores aplican antibióticos en las colmenas; sin embargo, la presencia de estos residuos químicos afecta la calidad de la miel.
Además de dejar residuos en la miel, esta práctica genera resistencias en los patógenos, lo cual conlleva a un problema de salud pública entre los consumidores.
Aunque las concentraciones que se consumen son muy bajas, una mayor exposición puede incrementar el efecto nocivo. “La formulación en desarrollo evitará esos efectos adversos en las abejas y que la miel tenga residuos de tales fármacos”, agregó la doctora Sánchez Esgua.
La bacteria ácido láctica tiene efectos favorables en la microbiota de las larvas. Durante el estudio se observó que al incrementar la cantidad de lactobacilos en las larvas y abejas se redujo el índice de agentes patógenos, lo cual abre la posibilidad de aplicar el microorganismo en las colmenas como una alternativa viable para disminuir el riesgo de enfermar.
Las abejas nodrizas no adquieren la Loque europea, pero son el vector de transmisión de la enfermedad. “Para fortalecer la microbiota de los insectos en desarrollo y reducir la carga bacteriana de potenciales patógenos de las abejas adultas, se podría aplicar la bacteria ácido láctica en la colmena mediante un aspersor o suministrarla en el alimento (jarabe o pan de abeja)”, advirtió.
Aun cuando se trata de un producto natural, es necesario realizar monitoreos in situ para garantizar su inocuidad. Además, evaluarán su viabilidad para determinar la vida en anaquel y la periodicidad con la que se deben aplicar.
Las muestras de larvas y abejas, así como las pruebas, se realizaron con el apoyo de algunos apicultores de Tlaxcala, quienes han mostrado interés por este proyecto que podría coadyuvar a mejorar su producción.
La catedrática e investigadora del CIBA Tlaxcala informó que al finalizar 2022 planean tener la formulación en polvo e iniciar los trámites de la patente. Posteriormente se buscará transferir la tecnología a alguna empresa farmacéutica interesada en producirla y posteriormente se podría proporcionar el microorganismo a los apicultores para que lo apliquen en las colmenas.
La doctora Sánchez Esgua hizo un llamado a los estudiantes interesados para incorporarse al proyecto, cuyos resultados preliminares ha presentado en diversos congresos.

Con el objetivo de estudiar patógenos que se encuentran en animales silvestres que puedan significar nuevas zoonosis, y enfocándose específicamente en la bacteria Mycobacterium leprae, el doctor Daniel Jiménez García, profesor investigador del Centro de Agroecología y Ambiente del Instituto de Ciencias de la BUAP (ICUAP) realiza una estancia de investigación en la Universidad de Estadual de Campinas (UNICAMP), Brasil, en colaboración con otros colegas de universidades de Estados Unidos.
Una zoonosis es definida de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un proceso aplicable a cualquier enfermedad transmisible de los animales vertebrados al ser humano. Un ejemplo de este mecanismo es el propio virus que provoca la COVID-19. La bacteria Mycobacterium leprae causa la enfermedad de Hansen, conocida comúnmente como lepra, un padecimiento muy antiguo, pero aún vigente.
De acuerdo con datos de la OMS, este padecimiento está presente en 120 países del mundo, con 202 mil 185 nuevos casos. En América suman más de 35 mil nuevos contagios con reportes en Argentina, Colombia, Cuba, República Dominicana, México, Paraguay, Venezuela y Brasil, este último concentra en sus regiones más vulnerables el porcentaje más alto, al superar el 80 por ciento de los casos registrados en el continente.
Ante este escenario, y derivado de los problemas ocasionados por la pandemia, el gobierno de Brasil realizó una convocatoria el año pasado para trabajos de investigación vinculados a la zoonosis y también a la COVID-19; fue así como la BUAP se sumó desde septiembre de 2021 a este proyecto de alto impacto y pertinencia social, así lo refiere el doctor Daniel Jiménez.
Arduo trabajo de campo
El trabajo de los investigadores, entre ellos el doctor Daniel Jiménez, consiste en tomar muestras de tejidos y analizar la presencia de ciertos patógenos, entre estos la bacteria Mycobacterium leprae, en animales silvestres que pueden tener contacto con el ser humano, pero que han muerto a causa de un impacto vehicular en las carreteras de Brasil.
“Primero buscamos animales silvestres que han sido atropellados, porque la biodiversidad en Brasil es protegida y tiene legislaciones muy rígidas, respecto a obtener ejemplares del medio natural, entonces lo que se hace es recurrir a estos ejemplares ya muertos, y de ellos obtenemos tejidos para su estudio, ya que tratamos de encontrar patógenos que potencialmente se podrían transformar en otra pandemia. Lo anterior porque sabemos que la COVID se originó por la interacción entre la fauna silvestre y los seres humanos”, añadió.
Con más de 43 mil kilómetros recorridos en distintas carreteras y biomas de Brasil, el trabajo de campo les ha permitido estudiar a diferentes especies, sobre todo mamíferos. Al respeto, el doctor Jiménez García indicó que cada 150 kilómetros suelen encontrar un animal recién atropellado. En el lugar practican una necropsia de campo para tomar el tejido necesario, que posteriormente llevarán al laboratorio, donde realizan la extracción de ADN y a través de pruebas PCR detectan la presencia o ausencia de patógenos.
“Hemos podido colectar una diversidad de más de 30 especies diferentes de mamíferos, como el lobo guará, el tamanduá-bandeira (oso hormiguero gigante), nutrias, armadillos y capibaras, entre otras especies”.
En este proyecto también participan la doctora Roberta Marqués, investigadora visitante en el Centro de Agroecología de la BUAP; la doctora María Rita Donalisio Cordeiro, investigadora de la Facultad de Ciencias Médicas del UNICAMP Brasil, y los doctores Townsend Peterson, de la Universidad de Kansas, Estados Unidos, y Luis Escobar, de Virginia Tech, en Estados Unidos.
El armadillo, reservorio natural de Mycobacterium leprae
Como parte del trabajo de campo los investigadores han encontrado armadillos, los cuales suelen ser reservorios naturales de la Mycobacterium leprae. Para el doctor Daniel Jiménez esto cobra relevancia porque tanto en Brasil, como en México, es común que las personas, sobre todo de zonas rurales, consuman carne de caza, de ahí que en lugares como Juchitán, Oaxaca, sea común ver en los mercados la venta de carne de armadillo.
El investigador de la BUAP destacó que muchas de las personas que consumen animales infectados con esta bacteria es posible que no sean diagnosticadas correctamente o no les detecten la enfermedad porque sus afectaciones sólo se hagan visibles con irritaciones cutáneas severas.
La lepra puede ser potencialmente reemergente, debido a que se ha incrementado la interacción con espacios naturales, con fauna y con otro tipo de microorganismos, lo que potencia la probabilidad de infección. Recordó que la lepra es una enfermedad muy antigua, incluso se habla de ella en relatos bíblicos; sin embargo, en 2 mil años aún no se tiene claro cómo es que pasó del medio silvestre al ser humano.
Cabe señalar que la enfermedad de Hansen (lepra) se transmite entre los humanos por microgotas de la nariz y boca de personas contagiadas. La infección afecta principalmente los nervios periféricos y la piel, además de que el paciente puede llegar a tener complicaciones graves, como desfiguración, deformidades y discapacidad, ya sea por daño neurológico o ceguera.
“El riesgo de contagio, no sólo con este patógeno, se incrementa debido a las deforestaciones que sufren bosques y selvas, sobre todo aquellas que están cercanas a comunidades, porque algo que se encontraba en el medio silvestre pasa al medio humano y así es como surgen las zoonosis, tal y como sucedió con enfermedades como la malaria, el chikungunya, etcétera. Es decir, ya ha pasado y por no conocer qué es lo que había en el medio silvestre se han dificultado las reacciones frente a estas enfermedades, incluyendo la COVID-19, de ahí la importancia del trabajo que realizamos”, concluyó el doctor Daniel Jiménez, quien en los próximos meses dará a conocer, junto con sus colegas, los avances de esta investigación.

El equipo conformado por los estudiantes del semillero de investigación Mentes Ingeniando y Diseñando (MIND), de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), vuelve a ganar –por segundo año consecutivo– la competencia NASA Human Exploration Rover Challenge 2022, esta vez en la categoría “Safety Award” (seguridad) en el prototipo rover, o carro lunar.
La premiación se llevó a cabo de manera virtual esta mañana, en un acto al cual se conectaron más de 200 participantes de los equipos de diferentes países como Estados Unidos, Puerto Rico, India, Brasil y México, entre otros.
Los integrantes del Grupo MIND vieron la ceremonia por Meet debido a compromisos universitarios, mientras que Rolando “el profe chévere” que siempre los acompaña, no pudo estar presente por motivos laborales.
“Como equipo teníamos una expectativa alta con respecto a las categorías Redes Sociales y STEAM, en las que habíamos puesto un esfuerzo adicional, ya que habíamos realizado las actividades desde el corazón y en varios rincones del país”, menciona la estudiante Valentina Rodríguez, de Administración de Empresas.
“En la tarde nos reuniremos en mi casa para pasar el día juntos, darnos el gusto de disfrutar los resultados obtenidos en el concurso y a compartir la satisfacción de que dimos lo mejor de nosotros”, afirma.
Por su parte Johan Ceballos, integrante del equipo, dice que “como equipo hemos invertido nuestros conocimientos, recursos, tiempo y corazón en sacar este proyecto adelante, porque consideramos que es un aporte significativo para la ciencia y un logro para cada uno de nosotros como futuros profesionales”.
“Llegar hasta acá no ha sido fácil, pero como equipo, un día decidimos asumir el reto y pensar que cada problema tiene una solución”, menciona Valentina.
“Cuando la ceremonia de premiación empezó estábamos muy nerviosos, unos iban al baño, otros comían, otros caminaban, en fin, estábamos envueltos en un mar de emociones, y de pronto escuchamos… “los ganadores de la categoría “Safety Award” son el Grupo MIND de la Universidad Nacional de Colombia, ¡no lo podíamos creer!”.
“Saltamos, gritamos, exclamamos y nos quedamos sorprendidos, porque no considerábamos ganar en esta categoría”, menciona la estudiante Ivon Carreño, de Diseño industrial.
Los jurados de la NASA resaltaron que “los sistemas de seguridad que se le implementaron al prototipo rover son de alta calidad, no solo en el proceso de manufactura sino cuando este se pone a prueba”.
El veredicto señala que “el proyecto cuenta con todos los protocolos de emergencia para implementarlos durante el proceso de fabricación y desarrollo por parte del semillero del vehículo, por ejemplo, el proceso que se tiene que realizar cuando hay algún accidente en la manufactura, el sistema de seguridad de cinturones, frenos y dirección”.
Cada año, la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) organiza esta competencia para fomentar la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías que sirvan para planificar misiones futuras.
Las categorías premiadas son: ganador general, compromiso STEM, revisión del proyecto, Fénix, medios de comunicación social, desafío de tarea, ingenio y seguridad.
Para esta versión del concurso, en la que se presentaron 91 equipos estadounidenses y de otros países, dos equipos de universidades colombianas fueron escogidos para representar al país: uno de la Escuela Colombiana de Carreras Industriales (ECCI), y el de la UNAL Sede Bogotá.
“El prototipo es un vehículo de tracción humana pilotado por un hombre y una mujer, diseñado para recorrer terrenos agrestes o rurales. Para el concurso de la NASA, la propuesta se enmarca en la evaluación y simulación sobre el terreno lunar, que es el escenario de la misión Artemis de esta agencia, cuyo objetivo es volver a explorar la Luna hacia 2025, llevando consigo a la primera mujer que pisará esa superficie”, recuerda el estudiante Camilo Granados, de Diseño Gráfico.
El vehículo pesa 60 kg y se pliega en un cubo de 1,5 m de lado; desplegado mide 1,45 m x 1,09 m x 0,74 m y ocupa un volumen de 1,18 m3 .
“El Grupo MIND le realizó mejoras al rover en cuanto al diseño del chasis para que el vehículo tuviera un mayor rendimiento, y plantearon adaptaciones ergonómicas que les brindara a los conductores mayor comodidad y una visión más amplia del terreno, además de control y seguridad en los trayectos de las misiones”, resalta.
El equipo creador está conformado por los estudiantes: María Camila Sánchez Gómez, Luis Alejandro Riaño Molina, Andrés Felipe Parada Valle, Javier Alejandro Muñoz Martínez y Juan Pablo Vaca Lago, de Ingeniería Mecánica; Juan David Ramírez Salazar, de Ingeniería Mecatrónica; Stiven Camilo Ibarra Pinchao, Juan Felipe Segura Riascos, Ivon Liseth Carreño Malaver, Juan David Ospina Saldaña y Johan Andrés Ceballos, de Diseño Industrial; Camilo Andrés Granados García, de Diseño Gráfico; José Daniel Rincón Caicedo, de Ingeniería Electrónica; Danna Valentina Marín Pérez y Valentina Rodríguez, de Administración de Empresas, y Jennifer Lucía Mozo Avendaño, de Ingeniería Industrial y Administración de Empresas.
“Como equipo queremos extender todo nuestro agradecimiento a nuestros familiares por su amor y apoyo incondicional. A la UNAL, que nos ha cobijado como alma mater, e instruido en el conocimiento y en los valores que nos han hecho crecer como personas. Al profe Rolando, quien siempre nos ha acompañado e instruido en este caminar, y a cada una de las personas que se han interesado en nuestro proyecto”.
El vehículo será presentado en la UNAL Sede Bogotá durante el “20 Encuentre + Diseño Industrial”, evento que se llevará a cabo a finales de junio e inicios de julio, y en el cual se presentan los trabajos realizados por los estudiantes de Diseño Industrial a lo largo del semestre.
“Como grupo cumplimos nuestro sueño de conquistar a la NASA, y esto nos impulsa a seguir conquistando nuevos retos”.
“Nunca dejen de soñar, porque para cada persona hay un sueño todavía por cumplir”, es el mensaje de los triunfadores de la UNAL.

A pesar de su pequeño tamaño, 1.4 milímetros de largo y hasta 1.3 milímetros de ancho, la semilla de amaranto contiene más proteína que el maíz, trigo y arroz. Aporta 4 por ciento más, ya que su rango va del 14 al 18 por ciento y los otros granos del 10 al 15 por ciento. También es rico en lisina, cinco gramos por cada 100 gramos, uno de los nueve aminoácidos esenciales para el ser humano, el cual carece la mayoría de los granos.
María Elena Ramos Cassellis, investigadora de la Facultad de Ingeniería Química (FIQ) de la BUAP, detalló que además posee 14.5 por ciento de fibra por cada 100 gramos; mientras una barra comercial tiene entre 2.5 y 3.5 gramos de este nutriente. Igualmente es rico en ácidos grasos, como el oleico y linoleico, así como en un aceite llamado escualeno, el cual tiene propiedades regenerativas en la piel y es precursor de colesterol bueno. “Su cantidad de aceite es del 10 por ciento y dentro de este porcentaje se encontró que tiene aproximadamente 2 por ciento en escualeno”.
Asimismo, la académica realizó un análisis de índice glucémico para comprobar si el almidón de este grano aumenta los niveles de glucosa en sangre. “De almidones reventados y procesados de la zona de Tochimilco y Tehuacán, se obtuvo una predicción de índice glucémico bajo: 38.53 por ciento para el grano normal y de 23.98 por ciento para el grano reventado, por lo que este podría utilizarse para elaborar harina”. Por sus notables cualidades alimenticias, el amaranto es uno de los alimentos más completos.
Estos resultados derivan de la investigación “Sistema de producción de amaranto: estudio nutricional y funcional de la semilla y prácticas culturales de la región de Puebla”, iniciada en 2019 y realizada por el Cuerpo Académico 165 “Desarrollo Sustentable” de la BUAP, integrado por los doctores Sonia Emilia Silva Gómez, J. Santos Hernández Zepeda y Manuel Huerta Lara, del Instituto de Ciencias; así como por María Elena Ramos Cassellis de la FIQ.
Otro de los trabajos desarrollados como parte de esta investigación es la elaboración de una tortilla enriquecida con amaranto y chía, en colaboración con la maestra Madai Sánchez Arzubide de la FIQ. “La tortilla normal es una buena fuente de proteína, pero al adicionarle una proporción de amaranto y harina de chía se enriqueció al doble. Llegamos a tener por cada 100 gramos de tortilla, 32.77 gramos de proteína”, explicó la doctora María Elena Ramos Cassellis, nivel I del Sistema Nacional de Investigadores.
Para dar valor agregado a los residuos, en una tesis de maestría se analizará en qué etapa la hoja desperdiciada de la planta de amaranto tiene mayor cantidad de compuestos antioxidantes, para adicionar este subproducto a la tortilla e incrementar su valor nutricional.
Saberes campesinos en su cultivo
A nivel nacional, el estado de Puebla encabeza la producción de amaranto, principalmente el municipio de Tochimilco que comenzó a cultivarlo hace 40 años. En San Francisco Huilango, junta auxiliar de esta alcaldía ubicada a las faldas del volcán Popocatépetl, los integrantes del Cuerpo Académico “Desarrollo Sustentable” de la BUAP indagaron en las prácticas empleadas por los productores para la siembra y producción de esta semilla.
En este trabajo liderado por la doctora Sonia Emilia Silva Gómez se encontraron cuatro tipos de saberes: salvaguardados, híbridos, sustituidos y emergentes. El primero está cimentado en el trabajo y aprendizaje ancestral, con un manejo equilibrado de la semilla arraigado en la dependencia ambiental, bajo la dicotomía frío-caliente y seco-húmedo.
Los saberes híbridos (mezclados) combinan el conocimiento ancestral y el moderno, con la utilización de abonos orgánicos y algunas herramientas. Los sustituidos son hacia lo urgente y utilitario, como el desqueje de la planta para permitirle crecer. Por último, los saberes emergentes representan nuevas prácticas, por ejemplo, uso de maquinaria y plaguicidas, así como intercalar árboles frutales.
También se observó que las mujeres son las encargadas de la selección y resguardo de la semilla para distintos fines, como fiestas y ceremonias. Este grano es parte importante de su alimentación, se incluye en sopas, atole, tamales y tortillas. Sin embargo, no existe una explotación a gran escala de este alimento como tal.
Por ello, los investigadores de la BUAP coincidieron en la necesidad de incidir de forma segura y frecuente con una estrategia participativa, así como en la preservación de una dieta alimenticia integral, en la que se incluya al amaranto, para las poblaciones de esta región. “Nuestro trabajo consiste en saber las características que tiene el amaranto para promover su consumo e incluirlo como un producto básico de la alimentación”, puntualizó María Elena Ramos Cassellis, doctora en Ciencias de la Biotecnología, por el Instituto Politécnico Nacional.