
23 de enero de 2020
Personas que viajan a provincias de China, donde se registra la mayor cantidad de casos del nuevo coronavirus 2019 (2019-nCoV), son las que están en mayor riesgo de contagio, por lo que la Clínica de Atención Preventiva del Viajero (CAPV) de la UNAM recomienda extremar precauciones al visitar Asia Oriental e Insular.
El también llamado virus de Wuhan o neumonía de Wuhan se contagia al visitar secciones de venta de animales en mercados, al estar en contacto directo con animales de corral en áreas rurales; al manipular productos y/o artesanías derivados de animales, como caparazones y pieles, y al consumir carne mal cocida, alerta la entidad universitaria.
2019-nCoV es capaz de causar neumonía, pero por lo general la enfermedad es moderada; sólo 20 por ciento de los casos son graves, y sus síntomas inician con insuficiencia respiratoria (falta de aliento). En muy pocos casos puede provocar la muerte, afirma la CAPV.
Este virus afecta las vías áreas bajas (de la tráquea a los bronquiolos) y está relacionado con el SARS-CoV y MERS-CoV. Posterior a la infección, el tiempo de incubación es de cinco a siete días. Los primeros síntomas son fiebre, malestar general, tos seca y dificultad respiratoria.
Hasta el momento no se ha confirmado el agente portador ni el mecanismo de transmisión, pero se cree que tiene relación con los mercados de mariscos y con el contacto con animales de corral o salvajes, en Asia Oriental. Lo que sí se ha corroborado es la transmisión de humano a humano.
Recomendaciones
La entidad universitaria recuerda que no existe vacuna ni tratamiento disponible para este nuevo subtipo de virus, por lo que aconseja a los viajeros acudir a la Clínica de Atención Preventiva del Viajero (Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, terminal dos, http://clinicadelviajero.com.mx/) con tres o cuatro semanas de anticipación, para conocer las medidas sanitarias.
Ante la alerta por la probable infección de este virus, la CAPV de la UNAM recomienda, particularmente a las personas en riesgo:
El 31 de diciembre de 2019 se identificaron los primeros casos de 2019-nCoV en Wuhan, provincia Hubei, China, y hasta el día de ayer (21 de enero) se han reportado nuevos casos en las provincias de Guangdong, Beijing, Shanghái, Sichuan, Shandong, Yunnan, Guangxi y Taiwán. A partir del 13 de enero se han reportado casos importados desde China en Tailandia, Japón, Corea del Sur y Estados Unidos.
Boletín UNAM-DGCS-053/2020

BOGOTÁ D. C., 23 de enero de 2020 — Agencia de Noticias UN-
A dichos modelos llegó el ingeniero civil Juan Camilo Pineda, magíster en Geotecnia de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), a partir del estudio de la morfogénesis, entendida como el proceso de formación del relieve o de las montañas, un componente de la geomorfología cuyo impacto en la ingeniería civil había sido poco investigado y aplicado.
Además implementó el software FLAC 2D, el cual permite obtener resultados para largas deformaciones, ingresar funciones programadas por el usuario, extraer la información de zonas específicas dentro del modelo y calcular el factor de seguridad.
Este último es la relación entre las fuerzas resistentes al deslizamiento y aquellas que lo generan. Este parámetro define la condición de estabilidad de la ladera en los siguientes términos: si este es menor a 1 significa que es inestable o ha fallado; si es mayor a 1, quiere decir que la ladera resiste más que las fuerzas que la inestabilizan y que pueden ser, por ejemplo, las que genera un sismo.
Con estas herramientas, el ingeniero diseñó diferentes ambientes de formación en modelos numéricos para representar el historial de esfuerzos generados durante los procesos de formación de las laderas, lo que permite identificar los posibles mecanismos de falla en estos relieves y entender cómo afecta su estabilidad.
El magíster explica que las laderas tienen un historial de cargas y descargas generadas desde la compresión de la corteza terrestre o durante los cambios de forma de relieve por la acción de agentes climáticos.
Partiendo de eso, se propuso establecer “si existe o no una influencia entre los factores o condiciones que definen el origen de las formas del relieve con la estabilidad del terreno, en particular de las laderas, con las cuales interactúan constantemente los ingenieros civiles cuando se hacen obras de infraestructura”.
Para demostrar su planteamiento adelantó una recopilación bibliográfica detallada y enfocada en las investigaciones que han relacionado la geomorfología con la ingeniería geotécnica, y logró “una compilación muy práctica y útil para que los ingenieros civiles tengan un insumo de metodologías, avances investigativos y cómo se estudian estos factores aplicados a los análisis a nivel detallado y numérico”, agrega el investigador.
El principal hallazgo que destaca el magíster Pineda es que sí existe una relación entre el origen geomorfológico y la estabilidad del terreno, debido a que los procesos de carga y descarga producen diferencias en términos de distribución, dirección y magnitud de esfuerzos en las laderas, que inciden directamente en su estabilidad.
Con este análisis se logró determinar que en ciertos ambientes los factores geomorfológicos tienen mayor influencia en la estabilidad que en otros, y según explica el investigador, en la práctica de la ingeniería actual se debe considerar un análisis detallado.
“El estudio de la geomorfología desde una perspectiva ingenieril es una brecha que los geotecnistas estamos intentado acortar, demostrando que su influencia en las condiciones de estabilidad de las laderas es considerable. Es necesario seguir dedicándole tiempo, esfuerzos y recursos para investigarla”, concluyó el investigador de la UNAL.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

BOGOTÁ D. C., 22 de enero de 2020 — Agencia de Noticias UN-
Esto fue lo que encontró en su investigación José Alejandro Cleves Leguízamo, ingeniero agrónomo, magíster en Ciencias Agrarias y doctor en Agroecología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, quien se apoyó en evidencias halladas en fincas de los municipios de Villavicencio, Granada, Guamal y Lejanías (Meta).
“El objetivo principal fue determinar la resiliencia, entendida como la capacidad de respuesta que tiene un sistema frente a un disturbio, a la variabilidad climática en agroecosistemas citrícolas de naranja Valencia, con diferente estructura agroecológica principal (EAP)”, destacó el ingeniero.
La EAP se refiere a la configuración de la finca y su conectividad con distintos sectores y corredores de vegetación como sistemas productivos que permiten la interacción de especies animales y vegetales, siendo fuente de alimento y hábitat, que sumado a regulaciones climáticas incide en la conservación de recursos naturales.
Según cifras de la Secretaría de Agricultura del Meta, se estima que hay 10.104 hectáreas de área sembrada, de las cuales 6.277 (62 %), pertenecen a cultivos de cítricos, siendo la variedad Valencia la más importante, con un 90 % del área de siembra.
Consumo en aumento
Aunque el consumo de cítricos, en especial de naranja, ha aumentado en la población colombiana, entre otras cosas por el cambio en los hábitos alimenticios, no ocurre lo mismo con la producción.
Por tal razón, este trabajo buscó identificar, según la EAP de cada finca, cuáles acciones serían las más acordes para implementar los cultivos, ya que cada finca tiene unas condiciones del terreno muy particulares.
Para eso se tomaron datos en estaciones climatológicas y se revisaron las tendencias de las temperaturas y precipitaciones en cuatro estaciones (una por municipio) para analizar el clima y establecer correlaciones climáticas con incidencia regional, como los eventos ENOS (El Niño, La Niña Oscilación del Sur) y el Dipolo del Amazonas.
Al respecto, se comprobó que aunque la naranja Valencia tiene excelente adaptación, se requiere ajustar los sistemas productivos implementando prácticas de manejo cultural y tecnológico para aumentar la productividad y rentabilidad.
Para revisar otras causas de por qué la producción no era la mejor, por medio de una encuesta validada en campo se adelantó un proceso de caracterización, tipificación y clasificación de los sistemas productivos, trabajo que contó con colaboración del Instituto Colombiano Agropecuario, la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria, asociaciones de gremios productores y pequeños cultivadores.
“Se indagaron 51 componentes entre aspectos ecosistémicos –es decir de oferta ambiental– y culturales. Luego se adelantó la encuesta, que fue retroalimentada por los agricultores, se salió a campo y se recopiló la información en las fincas”, aseguró el investigador.
“Además se desarrolló una metodología propuesta por el Instituto de Estudios Ambientales de la UNAL, con los profesores Tomás Enrique León Sicard y José Javier Toro Calderón, y se evaluó la herramienta metodológica “estructura agroecológica principal”, que analiza atributos ecosistémicos y culturales.
Medidas correctivas
“De esta manera se demostró que aunque las características medioambientales sean uniformes, lo único que marca la diferencia para aumentar la producción frente a disturbios climáticos son las actividades desarrolladas por los agricultores”, destacó el ingeniero.
Ahora se ha diseñado el índice de resiliencia agrosistémico (IRAg), una metodología mucho más actualizada que considera que todos los componentes del sistema tienen una capacidad de respuesta diferente frente a un disturbio, lo que permite tomar medidas correctivas.
A partir de los resultados de la investigación, los agricultores han comenzado a instalar cercas vivas, de tal manera que las especies que polinizan tenga un hábitat adecuado y los árboles a su vez funcionen como barreras naturales aumentando la capacidad de retención de agua y disminuyendo los procesos erosivos.
Así mismo los productores están instalando en sus predios algunos sensores como termómetros e higrómetros para manejar la información climática y así programar sus actividades de control fitosanitario.
También se evidenció la importancia de los procesos de transferencia de tecnología y asistencia técnica, los cuales presentan deficiencias de cobertura en la difusión de resultados y apoyo a los cultivadores.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

22 de enero de 2020
Gracias al desarrollo tecnológico se ha incrementado y mejorado la vigilancia del volcán Popocatépetl. Hoy se cuenta con alrededor de dos mil 400 datos por segundo del coloso, provenientes de instrumentos y comunicaciones como sismómetros, estaciones GNSS (sistema global de navegación por satélite), mediciones de deformación y señales de infrasonido, expuso en la UNAM Paulino Alonso Rivera, del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred).
El estado actual de la instrumentación del volcán consiste en 11 cámaras y 12 sismómetros –algunos de banda ancha–, estaciones para medir deformación, sensores infrasónicos, estaciones meteorológicas y un detector de flujos de sedimento y agua (lahares), detalló en el encuentro “El Popocatépetl: 25 años de actividad eruptiva”, organizado por el Instituto de Geofísica (IGf).
Al hablar de la prospectiva para los próximos años, apuntó que se planea el mejoramiento de la red de monitoreo geoquímico, incluir otro tipo de sensores para la medición de emisiones de gases y la posibilidad de instalar una cámara térmica de manera permanente.
En el aspecto humano, abundó, se plantea un sistema de alertamiento en conjunto con otras instituciones, “por lo pronto, por el peligro de los lahares”.
Paulino Alonso Rivera indicó que en este tiempo se han registrado diversos proyectos, algunos en colaboración con España, Estados Unidos y Francia, pero reconoció que ha sido un reto mantener y operar la instrumentación, que cada vez proporciona datos más fieles de la actividad del volcán; en esta tarea “ha sido fundamental la vinculación con las comunidades”.
Labor titánica
Diana Vázquez, también integrante del Cenapred, resaltó que el monitoreo se realiza las 24 horas de todos los días del año, labor difícil por la logística y presupuesto que implica, por la necesidad de personal especializado para el mantenimiento en campo y laboratorio de los equipos (monitoreo, análisis e interpretación de datos) y para la difusión de la información.
Al hablar del “Sistema de alerta temprana del volcán Popocatépetl, evolución en 25 años”, José Gilberto Castelán Pescina, de la Dirección de Instrumentación y Cómputo del Centro, detalló que se trata de un conjunto de elementos relacionados entre sí para proveer información oportuna y eficaz a comunidades expuestas, y para que las autoridades puedan actuar de manera apropiada y reducir el daño a las personas. “Es un trabajo conjunto con la UNAM, municipios y gobiernos estatales; involucra a todos”.
En cuanto a la capacidad de respuesta, se ha trabajado con las unidades estatales y municipales para la elaboración de planes de operación y evacuación, y sus protocolos, de forma que hoy se cuenta con un solo plan operativo para el volcán, donde cinco entidades tienen establecidos mecanismos de acción.
Hace un cuarto de siglo se contaba con instrumentación analógica, transmisión por radio, unas cuantas computadoras y medios de comunicación escuetos en la transmisión de la información; hoy, cuando ocurre un evento importante, de inmediato se transmite en redes sociales y se solicita información a los expertos, dijo.
En 1998 se detectaban las explosiones con cámaras analógicas, tecnología que permitía ver un destello en la parte superior del cráter y algunos fragmentos incandescentes en imágenes de poca calidad. Con los años mejoró la resolución hasta detectar la actividad eruptiva con gran detalle.
Actualmente, finalizó Gilberto Castelán, un reto es que todo el sistema de monitoreo y alertamiento tenga en pocos minutos información veraz y oportuna en los medios electrónicos de comunicación y en redes sociales, y proporcionar la información en torno al Popocatépetl.
Boletín UNAM-DGCS-051/2020

BOGOTÁ D. C., 21 de enero de 2020 — Agencia de Noticias UN-
Así lo plantea el arquitecto Rodolfo del Prado Quiroz, magíster en Medio Ambiente y Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, quien considera que “Colombia es uno de los países con más recursos hídricos, pero no la gestionamos bien porque no entendemos que la planificación debe ser integral, si se ve el territorio de otra manera”.
Así mismo destaca que para que el desarrollo urbano esté ligado al medioambiente es necesario considerar el recurso agua: “es un despropósito que en Colombia la mayoría de las ciudades grandes e intermedias estén ubicadas sobre la macrocuenca del Magdalena-Cauca, que es la que tiene menos disponibilidad de agua; ahí se ve la inconsistencia de la planificación”.
La planificación territorial es la forma como se plantean las acciones necesarias para ordenar un territorio determinado, integrando aspectos sociales y económicos.
La gestión del agua, por su parte, es un proceso que desarrolla y gestiona los recursos disponibles como el suelo y el agua, entre otros, para lograr bienestar social sin comprometer el medioambiente.
Durante décadas, en el país la gestión se ha caracterizado por tener un enfoque sectorial, y esto ha generado confusión al momento de aplicar los mecanismos; la adopción y puesta en marcha del enfoque de Gestión Integrada de Recursos Hídricos (GIRH) –aceptado en el mundo desde 1992– ha cambiado la manera en que se implementa la gestión ambiental en general, con el agua como articulador de las políticas de desarrollo.
Este enfoque promueve el desarrollo y la administración coordinados del agua, la tierra y los recursos relacionados para conjugar la planificación social y económica de una manera equitativa sin afectar la sostenibilidad de ecosistemas esenciales.
Los ministerios de Ambiente y Desarrollo Sostenible, y de Vivienda, Ciudad y Territorio, encargados de formular las políticas, adoptaron esta definición para establecer la Política Nacional de Gestión Integral del Recurso Hídrico de 2010. En ese sentido, el arquitecto aclara que el enfoque de gestión del sistema se centra en la cuenca hidrográfica como unidad espacial.
Para esto, “lo primero que se hizo fue identificar ese ambiente jurídico e institucional, en el cual se mueven todos esos instrumentos, e identificar la multiplicidad sobre la que se hace planificación territorial y gestión del agua”, comentó el investigador.
Luego, aplicando un análisis multiescalar, se analizó la aplicación de los instrumentos, y por medio de matrices comparativas se revisó cómo se aplican las herramientas de gestión del agua y planificación en todos los niveles territoriales: nacional departamental y municipal.
“Al cruzar la información, las problemáticas y situaciones derivadas de la aplicación de todos los instrumentos permitió contrastarlos mediante un filtro que fueron los principios de gestión integrada del enfoque de GIRH”, señaló el magíster.
Así mismo se identificaron 30 factores que afectan los sistemas de gestión del país, para lo cual se utilizaron indicadores de afectación alta, media o baja.
“La afectación puede ser positiva o negativa y uno de los hallazgos principales fue que el 54 % de los 30 factores tienden a ser positivos, lo que revela un sistema de gestión robusto para enfrentar la problemática de oferta, demanda y calidad de los recursos hídricos y asociados”, destacó el arquitecto.
Dentro del planteamiento se considera fundamental saber cuál es la cantidad de agua que se tiene y dónde está, ya que no en todas las zonas del país existe la misma cantidad. También se considera importante saber cómo se relacionan con la ubicación y el tipo de desarrollo urbano que se propone.
Para concluir, se hizo énfasis en que es necesario articular la participación tanto de entidades gubernamentales como de las comunidades involucradas.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co