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BOGOTÁ D. C., 14 de enero de 2019 — Agencia de Noticias UN-

También se estima que las ranas que se encuentran en ecosistemas de páramos y bosques de niebla estarían entre las más afectadas.

Esto fue establecido por el estudiante William Agudelo Henríquez, del Doctorado en Ciencias – Biología, quien trabaja con el grupo de Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecolmod), del programa de Biología de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.).

A partir de un estudio realizado sobre bases de datos de localidades de ranas, y de relacionar esta información con variables climáticas asociadas con precipitaciones y temperatura, se adelantó un modelo de distribución potencial para 30 especies de ranas, con el fin de establecer el impacto que tendrán a largo plazo el cambio climático y la pérdida de hábitat.

Peligro de extinción

“Drásticos cambios en la temperatura, además de sequías más prolongadas o heladas más intensas de lo habitual, constituirán un desafío fisiológico para la supervivencia de las ranas”, anticipa el doctorante, para quien la velocidad con que se están registrando esos cambios impedirá un proceso de adaptación similar al ocurrido en otros periodos evolutivos.

El cálculo de la pérdida en el área de ocupación de las ranas es un criterio de evaluación del riesgo de extinción propuesto por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), y si esta tendencia se mantiene, para 2050 desaparecerán entre una y seis especies de ranas debido a los efectos del cambio climático, además de las intervenciones que se sigan haciendo en las grandes extensiones de las áreas naturales de la Región Andina.

“Independientemente de la pérdida de bosques por actividades asociadas con la agricultura o la ganadería, los impactos serán muy similares”, destaca el doctorante, quien considera que tomar medidas que contribuyan a mitigar los efectos producidos por emisiones de carbono y mejorar prácticas relacionadas con la producción de alimento y pastos para ganado mitigaría el impacto en un 18 %.

Cambios inminentes

Los escenarios de cambio climático para los Andes de Colombia indican que para 2050 las temperaturas podrían aumentar entre 1,4 y 1,6 °C, mientras que los escenarios de cambio en el uso del suelo proyectan una reducción del 14 al 15 % de los páramos y del 15 al 20 % de los bosques andinos, de manera que las proyecciones sobre los anuros andinos se realizaron según estas premisas.

El estudio contempló el análisis de especies de ranas endémicas, las cuales pertenecen cuatro familias: Bufonidae, con cuatro especies; Centrolenidae, o ranas cristal, con dos especies; Craugastoridae, o ranas de lluvias, con 22 especies que habitan en los bosques de niebla, y Hylidae, con dos especies, cuya particularidad es que se encuentran por encima de los 1.000 m de altura y son representativas de los ecosistemas de bosques subandino y de niebla, y de los páramos.

Se sabe que la neblina es un protector natural contra los efectos de los rayos ultravioleta, y como el aumento en la temperatura y los cambios en la precipitación alterarían la nubosidad típica de estos ecosistemas, sus efectos se verían reflejados en el desarrollo normal de las ranas.

En tal sentido, se afectarían las etapas tempranas del desarrollo, es decir que los embriones podrían estar en microhábitats con niveles de humedad inadecuados o sufrir mutaciones que alterarían su evolución, precisa el doctorante.

Como las ranas tienden a ubicarse en lugares específicos y las características propias de cada especie hacen que sus respectivos hábitats sean muy limitados, el cambio de uso del suelo para actividades relacionadas con agricultura y ganadería limitaría estas zonas entre un 63 y 79 %, aunque en algunos casos las pérdidas podrían alcanzar el 100 % según el destino que se le dé al terreno.

Las ranas dependen mucho de sus microhábitats y son más vulnerables que otros animales porque su capacidad de moverse es limitada, puntualiza el doctorante, quien llama la atención sobre las posibles implicaciones que tendría la extinción de ranas sobre el control natural de plagas como insectos y hormigas, además de su incidencia en la cadena alimenticia para especies como murciélagos, serpientes y otros depredadores.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

14 de enero de 2019

Para este 2019, la llegada de sargazo al Caribe Mexicano será masiva, pronostica la Universidad de Florida, Estados Unidos. Si la situación es similar a la de 2018, los daños al ecosistema y a la industria turística serán severos, advirtió Brigitta Ine van Tussenbroek.

“No tenemos idea de la capacidad de resiliencia del entorno ante este evento, y ya ha recibido mucha materia orgánica sin precedentes; la biogeoquímica de los sistemas está cambiando por completo”, indicó la investigadora de la Unidad Académica Sistemas Arrecifales Puerto Morelos, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL) de la UNAM.

Para mitigar este fenómeno se requiere de mayores esfuerzos: además de investigación, es necesaria una iniciativa integral que considere el conocimiento científico, el marco jurídico y una vinculación operativa con y entre las instancias de los diferentes niveles de gobierno para establecer las formas más eficientes de colectar el sargazo en mar abierto sin dañar al ecosistema.

Sin embargo, remarcó, pese a la magnitud del problema que genera esta plaga natural, aún es subestimada, al negociar el financiamiento para estudiar su impacto y las formas de controlarla y aprovecharla.

Aclaró que los reportes mensuales de la Universidad de Florida, basados en masas flotantes en océano abierto, son a gran escala, por lo que sólo indican la probabilidad de que llegará a nuestras playas, sin especificar a dónde: Chetumal, Tulum o Cancún. Para obtener esa predicción se requiere un monitoreo más detallado y modelaje, que no se han implementado.

El sargazo es un tipo de macroalgas marinas pardas o cafés que flotan y crecen en el océano, y se acumulan por montones en las playas del Caribe, afectando gravemente a ese ecosistema y sus especies, provocando mal olor y estragos al paisaje de una de las zonas más bellas del país.

Incrementa con la creciente contaminación del Caribe; aumenta hasta en 100 veces los daños causados por el aporte de contaminantes resultado de la actividad humana en las costas caribeñas en donde hay asentamientos irregulares y tratamientos inadecuados de aguas negras y grises.

Hay una conciencia general en torno a sus efectos, pero hasta la fecha las medidas para su control son una especie de ‘curita’ y no un remedio. “No es suficiente con que cada hotelero y municipio limpie su playa, pues el sargazo seguirá llegando y afectando al ecosistema, y hasta donde tengo conocimiento, aún no se ha establecido un programa para evitar que arribe al Caribe mexicano”.

Para resolver este problema son necesarios mayores recursos y esfuerzos, pues la solución no es sencilla. “En Quintana Roo el sector turístico está sumamente preocupado y participa activamente, al menos en la mitigación, pero se debe llegar a otro nivel, ir más allá de la acción local”.

Reiteró que los pronósticos para 2019 indican que llegará una cantidad considerable al Caribe mexicano, pues eso depende de las condiciones que hay en la parte del Atlántico ubicada entre África y Brasil, y las imágenes satelitales muestran que en la actualidad ahí hay abundancia de esas algas.

“Si está en océano abierto, la posibilidad de que llegue a costas mexicanas es muy grande, aunque eso depende de las condiciones atmosféricas locales, como los vientos alisios, que acarrean el sargazo a nuestras playas”, remarcó.

Además, abundó, se ignora cuánto tiempo se requiere para limpiar, y “desconocemos la resiliencia de los ecosistemas ante estos eventos, que se ven vulnerables. Probablemente estemos lejos de la recuperación, el panorama no es alentador”.

Por último, consideró que hay una desvinculación entre el sector privado y los diferentes niveles de gobierno; no existe un órgano coordinador que integre y oriente los esfuerzos que se realizan para dar solución. “Mi sugerencia es establecer un organismo coordinador, estatal o nacional, dedicado especialmente a la mitigación efectiva”.

Boletín UNAM-DGCS-027/2019

11 de enero de 2019

Al realizar diversos estudios para evaluar el aprovechamiento integral del agave pulquero (Agave salmiana), científicos del Instituto Politécnico Nacional (IPN) obtuvieron de las pencas residuales de la planta, una harina con alto contenido en fibra, proteínas y libre de gluten, propiedades que le otorgan alto valor nutricional, la cual se puede usar en la industria de la panificación.

El titular del proyecto de investigación, que se realiza el Centro de Investigación en Biotecnología Aplicada (CIBA-Tlaxcala), Erik Ocaranza Sánchez, comentó que la nueva materia prima representa una alternativa para personas celiacas (intolerantes al gluten) y diabéticas, ya que por su contenido de inulina (fibra soluble) brinda un bajo índice glucémico.

El especialista politécnico señaló que para obtener el producto -que podría sustituir a la harina de trigo-, le extraen a la penca del maguey los aceites y ácidos grasos que le confieren el sabor y aroma característicos. “Una vez tamizada la molienda se convierte en harina de óptima calidad que posee la textura adecuada para elaborar panes”, refirió.

Indicó que por la aportación que representa esta harina de agave y para respaldar la investigación, se iniciará a la brevedad las evaluaciones del producto y los trámites de registro de patente.

El doctor Erik Ocaranza precisó que en el CIBA Tlaxcala se analizó la penca de maguey con la finalidad de vislumbrar el desarrollo de varios productos innovadores, que permitirán diversificar los usos de esta planta y facilitar su aplicación en la industria de alimentos, así que además de la harina han elaborado prototipos de un sazonador con aroma y sabor al maguey.

Los aceites y ácidos grasos que obtienen de la penca los usan para hacer el sazonador, el cual podría ser una alternativa para dar sabor tipo barbacoa a la comida mexicana preparada a base de carnes. “Este producto brindaría una alternativa para evitar la tala o el corte clandestino de las pencas de agaves jóvenes, situación que contribuye a que disminuya la cantidad de savia producida por la planta (aguamiel) y, con ello, la reducción de su vida útil”, apuntó el investigador.

Mencionó que el potencial nutritivo del pulque es interesante, porque contiene aminoácidos esenciales, como ácido aspártico y glutámico, serina, arginina, glicina, alanina, isoleucina, fenilalanina, cisteína, lisina, tirosina, histidina, valina, tolina, leucina, metionina y triptófano. “Además de aminoácidos, se ha reportado que el pulque contiene un coctel enzimático que permite un mejor aprovechamiento de nutrientes”, expuso.

El desarrollo científico incluye un proceso para la deshidratación de esta bebida, con el objeto de prolongar su vida de anaquel y, al mismo tiempo, conservar sus características nutricionales. “Para mantener vivos los microorganismos que intervienen en dicho proceso es necesario liofilizarlos y encapsularlos, de ese modo en el momento de hidratar el polvo se promueve el proceso de fermentación para propiciar su consumo”, explicó.

El investigador refirió que este proceso de deshidratación despertó interés en la asociación de agaveros, toda vez que les permitirá producirlo a escala semi-industrial. Informó que la parte superficial de la penca de maguey tiene una película de cera que al retirarse se emplea normalmente para hacer las hojas con las que se envuelve un platillo tradicional mexicano como es el mixiote. Sus componentes químicos están conformados por partículas de alto peso molecular, que al someterse a procesos químicos y enzimáticos permiten obtener policosanol (estimulante para el crecimiento vegetal).

“Actualmente, el policosanol se extrae de fuentes como la cera de abeja y tiene alto valor económico derivado de los bajos volúmenes en su extracción. También es posible obtenerlo de las ceras del maguey. Esto abre la viabilidad de evaluar su aplicación como estimulante de crecimiento en cultivos de jitomate”, indicó.

Agregó que las saponinas se pueden encontrar en las pencas, éstos son compuestos con moléculas de actividad dual, que poseen grupos hidrofílicos (soluble en agua) y grupos hidrofóbicos (soluble en aceite), ésta última parte al entrar en contacto con un medio acuoso; se genera mucha tensión superficial y, por ende, se produce espuma.

El científico del CIBA Tlaxcala detalló que por esa actividad dual algunas saponinas presentan actividad antibiótica y expectorante. Actualmente –dijo- se aplican como prebióticos y sus propiedades se aprovechan en jarabes para la tos. Algunas mezclas de saponinas han presentado actividad antiviral, por lo que éstas se estudiarán con mayor profundidad.

La fibra residual que queda después de tamizar la harina –subrayó- está reblandecida y con ella se pueden hacer textiles, usarse como fertilizante orgánico en lombricomposta o bien como biomasa para producir biogás. “Con este último, se podría conformar una planta sustentable energéticamente para producir biofertilizantes, que podrían introducirse en las mismas plantaciones de agave”, concluyó el investigador.

Fuente: ipn.mx

BOGOTÁ D. C., 11 de enero de 2019 — Agencia de Noticias UN-

Luisa Fernanda Zúñiga, médica interna de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), y Jhan Sebastián Saavedra, estudiante de Medicina de la Universidad del Cauca, presentarán su hipótesis de optimización de cultivos celulares a nivel de cardiomiocitos, células del músculo cardiaco.

El trabajo será expuesto del 22 al 25 de enero en el Centro de Convenciones de Galveston Island, en Texas, donde los investigadores tendrán la oportunidad de compartir con los científicos de las mejores universidades del mundo.

Al respecto, la doctora Zuñiga señala que “profundizamos en las áreas cardiovascular y de regeneración fisurar para entender cómo funcionan los mecanismos de interacción celular en el corazón durante un infarto, cuando ocurre un proceso isquémico y el tejido muere totalmente. Sin embargo existen mecanismos para lograr que se reparen”.

Cuenta que con la ayuda del Grupo de Investigación en Salud (GIS) de la Universidad del Cauca, a la cual también pertenece, plantearon una hipótesis en la que abordaban los mecanismos de reparación, los factores de crecimiento, la inhibición de algunos mecanismos para evitar que el tejido muera y la terapia de trasplante de células madre y de tejido de la matriz celular para regeneración de los tejidos del corazón.

En su trabajo también se estudió la modificación genética de las células y la implementación de mecanismos para hacer un manejo integral de la falla que ocurre en un proceso de isquemia o de muerte celular.

Gracias a este estudio han tenido la oportunidad de representar a Colombia en pasantías y cursos en las universidades de Harvard y de Texas, en el congreso Immunology 2018, en el que ganaron un reconocimiento de estudiantes investigadores por la Asociación Americana de Inmunología (AAI), a través de la Ph. D. Michele Hogan, directora del evento, considerado como un suceso muy importante para la comunidad universitaria.

“La NASA está reuniendo los proyectos de investigación en salud, para alimentar a sus investigaciones con el propósito de mejorar las condiciones de los viajeros espaciales, ya que se tiene previsto realizar en unos años el viaje a Marte”, explica la doctora.

El objetivo será proporcionar un ambiente formal y académico en el que se dé una interacción interdisciplinaria para pensar en la manera de solucionar los problemas y alteraciones que pueden sufrir los astronautas al vivir en el espacio exterior sin gravedad, con exposición a la radiación y demás efectos reportados por la NASA.

La presentación de los investigadores de las dos instituciones, titulada “Medical challenges in the cardiovascular system of an astronaut: hypothesis in cell transplant and extracellular matrix in acute myocardial infarction”, se presentará el 22 de enero. El tema del taller es “Exploración humana y descubrimiento: ¡la Luna, Marte y más allá!”.

El resumen del trabajo de investigación se establecerá en la base de datos oficial de la NASA.

Para los investigadores los días previos al viaje han estado bastante atareados, pues han estado leyendo y profundizando en los conceptos con el propósito de realizar una excelente presentación que deje en alto el nombre de las dos universidades colombianas.

El evento contará con la participación de más de 600 científicos de todo el mundo y tendrá, entre otras, las secciones de capacidad médica de exploración; factores humanos y conducta del comportamiento; contramedidas para la salud humana; proyectos médicos de la Estación Espacial Internacional; e investigación en radiación espacial.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

10 de enero de 2019

Cada día se producen en promedio 1.5 kilogramos de desperdicios de frutas y verduras por hogar. Desechos que pueden reutilizarse y disminuir la cantidad de basura que se genera. Investigadores del Instituto de Ciencias de la BUAP (ICUAP) elaboraron un producto capaz de trasformarlos en una composta doméstica.

Moisés Graciano Carcaño Montiel, investigador del Laboratorio de Microbiología de Suelos, del Centro de Investigaciones en Ciencias Microbiológicas del ICUAP, responsable del proyecto, refirió que se trata de un acelerador microbiano, el cual es agregado a los desperdicios orgánicos para convertirlos en una composta que puede ser usada en plantas de un jardín o en cultivos de alimentos.

“El 80 por ciento del material vegetal es agua y el otro 20 por ciento es sólido, lo que significa que una vez aplicado el sustrato las bacterias comienzan a degradar las paredes celulares de las cáscaras hasta transformarlas en un fertilizante, tanto líquido como sólido”, explicó.

Carcaño Montiel explicó que en las cocinas de los hogares se instala un contenedor de plástico escalable, en el que se depositan los residuos orgánicos; posteriormente se agrega el acelerador microbiano, unos 10 gramos por cada 500 gramos de basura orgánica, y se espera a que la reacción haga efecto, de modo que la composta está lista en 40 días.

Aproximadamente por cada kilogramo de desechos orgánicos es posible obtener 30 gramos de composta sólida y 700 mililitros de fertilizante líquido; a gran escala se estima que por cada tonelada de este tipo de basura se obtengan en sólido 30 kilogramos y en líquido 700 litros.

Lo anterior podría contribuir a reducir la cantidad de desechos que se producen diariamente. Tan solo en Puebla se generan 4 mil 330 toneladas de basura al día, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Además, existiría materia prima para la fertilización de parques y jardines, así como para el apoyo a productores en sus cultivos.

Cabe señalar que este proceso de degradación para la transformación en composta es solo para las sobras de frutas y verduras, por lo que no puede aplicarse a otro tipo de desechos.

Moisés Carcaño, quien es especialista en Edafología por el Colegio de Postgraduados, Campus Montecillo, señaló que para la creación del acelerador microbiano se llevaron a cabo pruebas en las que se analizaron los elementos que conforman a las células vegetales, como pectina, celulosa y lignina, así como algunos compuestos de los hongos, como la quitina y otras proteínas. Luego los mezclaron con un cierto grupo de bacterias del reservorio con el que cuentan, para determinar con cual o grupo de estas se generaba un mejor proceso de degradación.

Tras varios experimentos, los investigadores eligieron a las bacterias más eficientes para elaborar el acelerador microbiano, el cual fue agregado a restos vegetales que fueron recolectados, triturados y divididos en pequeños canastos para medir la velocidad del proceso.

Este producto es el resultado de un subproyecto de Conacyt titulado “Desarrollo de un acelerador microbiano de alta eficiencia para residuos orgánicos domésticos”, realizado por los investigadores del ICUAP en colaboración con Plásticos Decorados S. de R.L MI, compañía encargada de la fabricación del recipiente para los residuos.

Actualmente, la Universidad y la empresa trabajan en el registro de la marca y los acuerdos para su comercialización, por lo que se espera que esté al alcance del público en este año.

En dicho proyecto también participaron los investigadores del Centro de Investigaciones en Ciencias Microbiológicas, Lucía López Reyes, Yolanda Ruíz Hernández, Elizabeth Portillo Manzano y Leticia Gómez Velázquez.

Fuente: buap.mx