
BOGOTÁ D. C., 06 de febrero de 2019 — Agencia de Noticias UN-
“Los insectos pertenecientes a los géneros Sitophilus y Tribolium suelen causar pérdidas económicas significativas en la etapa de almacenamiento de granos y productos de molienda, ya que reducen la calidad y el valor nutricional de estos”, explica el profesor Óscar Javier Patiño, del grupo de investigación “Estudio químico y de actividad biológica de rutáceas y myristicaceas colombianas” de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), que dirige el profesor Luis Enrique Cuca.
Se estima que del 5 a 10 % de la producción mundial de granos se pierde a causa de estos insectos plaga, y en América Latina entre el 30 y el 40 % de la producción de maíz se daña durante su almacenamiento, que suele realizarse en condiciones precarias. Aunque la acción del gorgojo es más intensa en granos de maíz, también suele afectar el sorgo, el trigo, el arroz y algunos productos industrializados secos.
La investigación, financiada por Colciencias y las universidades Nacional y Javeriana, contribuirá a identificar diferentes especies de plantas y su potencial aplicación como insecticidas, con el fin de ofrecerles otras alternativas a los agricultores para controlar plagas en etapa de poscosecha.
Las plantas utilizadas en la investigación –cuyo nombre no se puede revelar por razones de propiedad intelectual– se colectaron en las diferentes salidas de campo del equipo de investigación, y la determinación taxonómica estuvo a cargo del Herbario Nacional Colombiano de la U.N.
Insecticidas tóxicos
Los insecticidas que se emplean hoy para controlar estos insectos presentan diversos inconvenientes, entre los que se destacan su alta toxicidad para los humanos y el medioambiente, baja selectividad frente a otros organismos y generación de insectos resistentes, debido a su uso indiscriminado.
Es por eso que las investigaciones adelantadas en la U.N., en las que también participa la profesora Juliet Angélica Prieto, del Grupo de Investigación Fitoquímica de la Universidad Javeriana, están enfocadas en el uso de plantas como fuentes potenciales para buscar sustancias con acción insecticida y de bajo impacto ambiental.
En el desarrollo de este estudio también participan los estudiantes de maestría William Patiño, Juan Oviedo, Luis Perdomo y Leidy Nagles, y de pregrado Natalia Romero, Luis Riveros, Angie Torres y Jenifer Bustos.
De la naturaleza al laboratorio
Después de la primera selección la investigación entró en una segunda fase, en la que se evalúan algunos de los constituyentes químicos presentes en los aceites esenciales promisorios, de manera que se puedan determinar los compuestos responsables tanto de la acción tóxica, repelente o antialimentaria exhibida, como de la aproximación a los mecanismos de acción de algunos de ellos.
Para tal fin, las plantas se sometieron a destilación por arrastre con vapor y se hizo su correspondiente caracterización química. La siguiente etapa consistió en determinar diversos efectos sobre los insectos de interés de algunos constituyentes químicos presentes en los aceites promisorios. Así se logró identificar los compuestos químicos responsables de la acción insecticida, repelente o antialimentaria, además de aquellos capaces de afectar la reproducción de los insectos.
Una vez finalizada la caracterización de los compuestos más promisorios se pretende diseñar y elaborar una serie de mezclas, con el fin de desarrollar un aceite artificial con mayor acción insecticida que controle diferentes tipos de plagas mediante distintos efectos o mecanismos de acción.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

06 de febrero de 2019
Para conocer cómo el cambio climático afecta a los océanos y así construir modelos matemáticos de predicción y mitigación de daños, científicos del Instituto Politécnico Nacional (IPN) monitorean la dinámica físico-químico-biológica del Golfo de California con una boya oceanográfica de alta tecnología.
Especialistas del Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (CIIDIR) Unidad Sinaloa, registran desde hace tres años: temperatura, salinidad, oxígeno disuelto, clorofila, pH y presión parcial de Dióxido de Carbono (CO2) del agua y aire en esta zona marítima.
La doctora en Ecología Marina y directora del proyecto “Estimación de Flujos de CO2 Océano-Atmósfera en el Golfo de California”, Leticia Espinosa Carreón, informó que los sensores de la boya también indican cada hora la temperatura ambiental, velocidad y dirección del viento, además de la humedad relativa y la posición geográfica.
“A la fecha, la boya se ha anclado en dos ocasiones con apoyo de los buques oceanográficos de la Secretaría de Marina. Los registros obtenidos son de excelente calidad y servirán para alimentar los modelos de carbono de nivel mundial”, afirmó.
La investigadora dijo que los procesos físicos como el viento, remolinos y surgencias (ascenso de agua subsuperficial), que modulan la química y la biología, determinan que en el océano haya regiones donde se pueda presentar “secuestro” de CO2 (absorción de dióxido de carbono por el mar) o bien que éste sea “liberado” a la atmósfera, dicho cambio puede ser estacional, por eso es fundamental la medición de variables.
Explicó que la acidificación de los océanos representa una disminución de pH (es decir, un incremento de hidrógeno) y, con ello, una subsaturación (disminución) de carbonato de calcio, necesario para el desarrollo de conchas y exoesqueletos de moluscos como almejas, ostras, cangrejos y ostiones.
Indicó que altera a organismos del zooplancton como pterópodos, pequeños caracoles marinos (considerados como bioindicadores de la acidificación del océano) y algunos organismos del fitoplancton como cocolitofóridos, además de producir el blanqueamiento del coral. “Estos fenómenos asociados al cambio climático representan un deterioro ecológico en los océanos que debe evaluarse y consignarse”, refirió.
Esta investigación es apoyada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE) y el MBARI (Monterey Bay Aquarium Research Institute) de Estados Unidos de América, donde se digitaliza la información de la boya oceanográfica.
Los registros de la boya aportan al estudio de diversos temas que se realizan en este centro del IPN. A largo plazo, con los datos aportados se podrá realizar la calibración de datos satelitales.
La doctora Espinosa Carreón resaltó que este proyecto se lleva a cabo en el Laboratorio de Productividad Primaria y Sistema del Carbono del CIIDIR Unidad Sinaloa, el cual compite a nivel internacional por la calidad de sus investigaciones y equipo de punta. Indicó que los politécnicos adscritos a este laboratorio forman parte del Global Ocean Acidification Observing Network (GOA-ON).
Añadió que el grupo a su cargo ha realizado en tres años cinco contribuciones científicas del flujo de CO2 en el norte de Sinaloa (frente a Guaymas), Mulegé y Bahía Concepción (Baja California Sur) y Mazatlán.
Fuente: ipn.mx

BOGOTÁ D. C., 30 de enero de 2019 — Agencia de Noticias UN-
Según el estudio, los campos magnéticos tuvieron su origen durante la conformación del universo temprano, más exactamente en una etapa conocida como “inflación”, cuyo origen se remonta a un tiempo que equivaldría al orden de 10 a la menos 15 segundos después del origen del universo.
Aunque desde la década de los años cuarenta la información matemática permitía plantear este tipo de hipótesis, hasta ahora no se contaba con elementos que determinaran en qué momento se produjeron tanto los campos magnéticos como la energía requerida para la inflación.
Las investigaciones realizadas durante los últimos diez años por el estudiante Héctor Javier Hortúa, del Doctorado en Ciencias – Física de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), lo llevaron a abordar, desde una perspectiva distinta, la manera como se formaron estos campos magnéticos.
El estudio es es tan importante, que ya ha sido publicado en revistas internacionales de gran prestigio académico como Physical Review, Classical and Quantum Gravity y Journal Cosmology and Astroparticle Physics.
Años de estudio
Después de construir el modelo teórico que determina el proceso que origina estos campos magnéticos –adelantado en su pregrado y su maestría–, el doctorando elaboró una serie de simulaciones matemáticas para resolver estas ecuaciones, que pudieran confirmar estas hipótesis a partir de nuevas observaciones.
Con tal propósito, empleó información suministrada por el satélite Planck –lanzado en 2013 por la Agencia Espacial Europea para obtener datos más precisos sobre la radiación cósmica de fondo– proveniente de aquellas regiones más antiguas del universo, cuya edad se calcula en 300.000 años después de la creación del espacio-tiempo, o lo que se conoce como el Big Bang.
“Aunque el satélite recolecta toda la información asociada con la radiación que emiten galaxias y estrellas, la investigación no contempla la observación de ningún cuerpo celeste, sino la que proporcionan aquellos lugares que conformaron el universo temprano”, precisa el estudiante.
Como después de consolidar esta información se puede hacer un mapa del universo temprano, y cada punto de esa cartografía celeste tiene una radiación particular, la investigación analiza la correlación que existe entre unos y otros en forma pareada para establecer la señal que emiten, de tal manera que se pueda dar un modelo que determine la existencia de un campo magnético, su amplitud y el proceso que lo origina.
A la vanguardia de la ciencia
Aunque recientes avances tecnológicos permiten hacer un análisis similar comparando tres puntos distintos, la complejidad de los cálculos hace que muy pocas investigaciones de la comunidad científica internacional trabajen sobre estos aspectos, por lo que la de la U.N. también es pionera.
La investigación, desarrollada en el Observatorio Astronómico Nacional (OAN) y en el Departamento de Física de la U.N., dirigida por el profesor Leonardo Castañeda, fue evaluada por un comité doctoral conformado por los profesores Beatriz Granados, del Instituto de Astrofísica de Canarias (España), Eduardo Rodríguez y Norberto Granda, de las universidades Nacional y del Valle, respectivamente.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

30 de enero de 2019
Un universo de microorganismos está más cerca de lo que se puede imaginar. ¿Cómo acercar este vasto conocimiento y despertar el interés científico entre estudiantes del nivel medio superior? Del Laboratorio de Óptica, de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas (FCFM) de la BUAP, surgió una respuesta creativa e innovadora.
Junto con sus estudiantes, el doctor Alberto Cordero Dávila tuvo la idea de fabricar un microscopio a partir de materiales reciclados como la cámara de un celular, un trozo de madera y un acrílico, lo que representa un gasto no mayor a 100 pesos, contra 8 mil que cuesta un instrumento de esta naturaleza.
Tras comprobar su funcionalidad, Cordero Dávila, un entusiasta de la ciencia, buscó extender este proyecto en beneficio de otras instituciones. Fue así como a través de talleres inició la capacitación a profesores de nivel medio superior para crear su propio microscopio y replicar este conocimiento entre sus estudiantes.
Hasta el momento se han impartido tres talleres, dos en secundarias técnicas del municipio de Atlixco y el último, en colaboración con la Secretaría de Educación Pública, en el Laboratorio de Óptica de la FCFM, adonde asistieron más de 30 profesores de la ciudad de Puebla y del interior del estado, quienes imparten asignaturas como Física, Química, Biología y Matemáticas en los planteles del Colegio de Bachilleres del Estado de Puebla (COBAEP).
Para replicar la ciencia en las aulas
Son las 10 de la mañana y docentes de Tlatlauquitepec, San Martín Texmelucan, Chachapa, Izúcar de Matamoros y Puebla están reunidos con el doctor Cordero y sus estudiantes para iniciar con una explicación sobre el funcionamiento de un microscopio. Las dudas y respuestas no se hacen esperar, pero una vez aclarados los objetivos, el experimento inicia en el Taller de Óptica en instalaciones de la BUAP.
En mesas de trabajo, cuatro, cinco y hasta seis profesores repasan sus materiales: un rectángulo de madera no mayor a 15 centímetros, un acrílico de la misma medida, un celular con cámara, pinzas, tornillos y una película reflejante, son parte de las herramientas para acceder a un mundo diminuto.
Algunos profesores se muestran incrédulos al inicio, pero el doctor Cordero Dávila instruye y corrige. Observa cómo trabajan los profesores y su entusiasmo contagia a todos.
Alrededor de las 13:00 horas el microscopio está terminado y las sonrisas emergen. Aquellos que se mostraban reticentes vuelven a confiar, ahora ansiosos esperan llevar lo que aprendieron a sus estudiantes.
Cómo armar un microscopio
Jair Meneses Mijares es alumno del décimo semestre de Física Aplicada en esta Universidad. La idea de crear un microscopio a partir de la cámara de un celular surgió hace un año en la clase del doctor Cordero.
“Él nos pidió que desarmáramos un celular y sacáramos la lente pues tenía la idea de usarla como una super lupa (…) Así surgió el primer microscopio que hicimos y todo esto lo quiso replicar para las escuelas secundarias”, recuerda el estudiante de la FCFM.
Meneses Mijares explica que la lente del celular viene con un detector, el cual se desenrosca para obtener un conjunto de lentes diseñadas para eliminar cualquier defecto que provoca la lente convencional. Ya desarmada se fija sobre la placa inferior, que sirve de soporte.
Posteriormente se le ajustan cuatro tornillos con resortes, los cuales sirven para alinear las dos placas, de acrílico y madera. En la superior se pone además una tuerca conocida como cople hexagonal para enfocar la muestra.
Para terminar, en la placa inferior se hace una diagonal a 45 grados y sobre ella se instala un material conocido como mylar, el cual refleja la luz hacia la lente y así se consigue iluminar lo que se espera observar, ya sea acercando el ojo o bien colocando encima otro celular si es que se quiere tomar fotografía o video.
Con un tinte azul de metileno se tiñe la piel de una cebolla, las células son visibles, al igual que los espermatozoides, o los microbios de una gota de agua sucia. Los detalles del ala de una mosca son nuevas oportunidades para revelar información de un objeto tan pequeño.
Así funciona el microscopio del Laboratorio de Óptica de la FCFM, un proyecto que se suma a otras iniciativas exitosas como el programa Del Aula al Universo, que ha dotado de telescopios a más de 600 escuelas de varios estados de la República Mexicana y capacitado a más de 5 mil aficionados en astronomía.
Fuente: buap.mx

30 de enero de 2019
A nivel mundial México ocupa el primer lugar de obesidad infantil y segundo sitio en adultos, motivo por el cual científicos del Instituto Politécnico Nacional (IPN) crearon tortillas de cebada con las que ofrecerán una alternativa viable que contribuirá a mejorar la nutrición de la población, además de ayudar al control de los niveles de glucosa y colesterol en la sangre, así como reducir los índices de obesidad.
Los especialistas de la Escuela Superior de Medicina (ESM) decidieron desarrollar esta alternativa nutricional, porque además de estar comprometidos con la detección oportuna de enfermedades, también dedican sus esfuerzos a la búsqueda de soluciones reales con alimentos funcionales que combaten los factores de riesgo causantes de la diabetes, enfermedad crónico-degenerativa, cuyos índices ascienden cada día.
Los catedráticos e investigadores, Gustavo Acosta Altamirano, Gabriela Cortés Moreno, Eleazar Lara Padilla y Ana María González Farías, apoyados por las pasantes de la carrera de nutrición, Ladys Moreno Galicia y Marlene Hernández Hernández, desarrollaron esta innovadora tortilla convencidos de que la cebada es un cereal desaprovechado en la industria, pues sólo se usa como alimento para el ganado y en la elaboración de productos de fermentación alcohólica (cerveza). También con la malta que se extrae del grano, se fabrica el whisky, jarabes y sustitutos de café.
Coincidieron en que “la tortilla de cebada posee un índice glucémico mucho menor que la de maíz, lo cual permite disminuir la absorción de glucosa, en virtud de que las enzimas de las microvellosidades de los intestinos humanos no pueden hidrolizar los componentes beta glucósidos de los polisacáridos presentes en la cebada”.
Dicho cereal aporta múltiples beneficios al organismo, ya que posee vitaminas del grupo B (ácido fólico y colina), vitamina K y es buena fuente de potasio, magnesio y fósforo. Su mayor virtud es la riqueza en oligoelementos: hierro, azufre, cobre, zinc, manganeso, cromo, selenio, yodo y molibdeno. Además, a diferencia del maíz y el trigo, la cebada contiene lisina (aminoácido esencial para la síntesis de masa muscular y el fortalecimiento del sistema inmunológico).
De esta manera, la Maltitortilla Glucofixed es un alimento ideal para personas con padecimientos crónico-degenerativos como diabetes, sobrepeso, obesidad y problemas gastrointestinales, así como para individuos con estados carenciales de nutrientes, población geriátrica con deficiente motilidad intestinal. Por sus nutrientes además favorece el crecimiento sano de los niños.
Los creadores del innovador alimento comentaron que las tortillas de cebada también brindan felicidad a los consumidores, debido a que este cereal contiene un compuesto denominado hordenina, que actúa como antiséptico natural a nivel intestinal y estimula los receptores dopaminérgicos, los cuales entre otras funciones, juegan un papel muy importante en el estado de ánimo y motivación de las personas.
El diseño de este nuevo alimento implicó para los científicos superar diversos retos, el principal de ellos fue encontrar y estandarizar la formulación exacta para obtener tortillas con la textura, sabor y consistencia adecuadas, lo cual requirió de múltiples ensayos. Debido a la aportación que representa para la nutrición y el cuidado de la salud de los mexicanos, los investigadores del IPN iniciarán el proceso de patente del producto para hacer llegar sus beneficios al mayor número posible de personas.
“Es una innovación en la que somos pioneros, definitivamente impactará en la nutrición de los mexicanos y contribuirá a reducir los índices de obesidad, por lo que no sólo nos avocaremos a la producción de tortilla, sino que con la fórmula obtenida también elaboraremos otros alimentos de consumo popular, como tamales y productos de panificación”, sostuvo Acosta Altamirano, quien también coordina la Maestría en Investigación de la ESM, con sede en el Hospital Regional de Alta Especialidad de Ixtapaluca, lugar en el que se realiza la investigación.
Fuente: ipn.mx