En busca de los pasos perdidos: la saga de los paleoamericanos
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

12 de febrero de 2015

Una mañana, de esas que transcurren apacibles, más bien calurosa, que prometía pocos acontecimientos recordables, cómodamente sumergido en la rutina, veía al tiempo deslizarse vertiginosamente hacia la nada. Sin anuncio previo llegó Jesús Balbuena, inquieto historiador experto en pintura rupestre, a mi pequeña oficina con su desorden característico: rocas acá y allá, fósiles, cables, papeles, imágenes de satélite, monitores inservibles, restos de arcaicas computadoras que parecían huesos de dinosaurios amontonados en un osario de metal, en espera de una clonación que quizá nos proporcione algún muy necesario, y medianamente útil artilugio de cómputo, el cual hemos solicitado y esperado en vano durante algunos años.

Mi oficina vagamente recuerda al gabinete del doctor Frankestein. En el lugar apenas hay espacio para sentarse. Mediante la obligada taza de café -soluble- acompañamos la plática. De inmediato el panorama del día comenzó a perfilarse luminoso y realmente interesante. En medio de la charla, Jesús extrajo, como un mago de su chistera, de su indescriptible portafolio, un artículo sobre los orígenes del hombre americano escrito por él. El tema a ambos nos apasiona y muy pronto la charla se tornó apasionada. Entre la lectura del artículo, recordamos una noticia que en su momento recorrió el mundo, y animó el cerrado mundillo de los arqueólogos.

Se trataba, en efecto, del anuncio de huellas humanas encontradas, desgraciadamente, en alguna región de Valsequillo muy cerca de la ciudad de Puebla. Decimos desgraciadamente porque falta poco para que la zona, sin protección alguna, sea arrasada por el crecimiento de la imparable mancha urbana y la ignorancia de los ciclistas domingeros. Después de observar que el artículo de Jesús pertenecía lo menos, al tiempo de las viejas teorías de Hrdlicka y Martínez del Río, allá por los años 20 y 40 del siglo pasado, concluimos sin mucho entusiasmo que debían actualizarse algunos conceptos. Jesús, sin embargo, propuso resignadamente “echar un vistazo a la zona de las huellas” Sabíamos de antemano que Valsequillo es considerado a nivel mundial como una de las zonas del mayor interés paleontológico, menos, claro está, para los mexicanos que hablamos de nuestro glorioso pasado, sin conocerlo en absoluto.

Desde que el muy famoso y extraordinario paleontólogo norteamericano Edward Drinker Cope, había descrito a finales del siglo XIX restos de mammuthus americanus, proveniente de Valsequillo, se habían sucedido notables trabajos que daban cuenta de la riqueza fosilífera de la región. A estos estudios, se sumaron las descripciones de los geólogos alemanes Felix y Lenk quienes realizaron notables descripciones de restos de elephas americanus y de otros fósiles de la región de San Juan Raya al SW de Tehuacán. Por los años 30 del siglo pasado, el paleontólogo alemán W. Freudenberg señaló claramente la importancia de Valsequillo como un sitio de formidable importancia paleontológica.

La represa de Valsequillo se construyó a finales de los años 30 y se inauguró, si la memoria no falla en 1946. Años antes, Juan Armenta Camacho un hombre de curiosidad insaciable, formado como autodidacto, dedicó parte de su tiempo y sus magros recursos a explorar de las faldas de la Malinche al extremo sur de Valsequillo. En agosto de 1960, la revista Life publicó algunos de los hallazgos de Juan Armenta que despertaron un inmediato interés (y envidia), debido fundamentalmente al anuncio de indicios de convivencia humana con fauna del Pleistoceno, un periodo que se caracterizó por cuatro grandes glaciaciones que cubrieron Europa y Norteamérica, y probablemente facilitó la migración animal y humana de Eurasia a América por el estrecho de Bering, que es la base de las hipótesis clásicas.

Armenta había anunciado que en diferentes sitios, se encontraron evidencias claras de herramientas de caza, es decir, puntas de flecha asociadas con restos de mastodonte, un primo hermano de los mamutes; en particular destacaba un fragmento de pelvis de elephas que sugería grabados con figuras de animales. La búsqueda de evidencias en Norteamérica relacionadas con los primeros pobladores, ha sido una fuente constante de controversias y exploraciones importantes, sin embargo, no ha sido posible establecer de manera indiscutible las rutas y las fechas de la llegada humana al continente. En 1962 un grupo de expertos norteamericanos encabezados por la doctora Cynthia Irwin Williams cómo jefa arqueóloga, el mexicano Juan Armenta Camacho en paleontología. Las excavaciones previas realizadas por Armenta y Irwin Williams establecieron cuatro sitos de interés en los cuales Armenta, previamente, había hallado evidencias de restos asociados con elementos culturales.

Los sitios del más viejo al más reciente fueron cerca de la población de Tetela: El horno, en una isleta, el mirador, en la falda S del volcán Toluquillo, Tecaocoxco y esencialmente Hueyatlaco. En éste último sitio, se encontraron importantes restos y dos clases de herramientas de caza diseñadas para servir como puntas de proyectil, unas muy simples, con algún tallado básico y otras más complejas talladas de manera más elaborada, es decir, herramientas bifaciales, talladas por las dos caras. Para completar el estudio, era necesario fechar los hallazgos y he aquí el primer capítulo de una larga y desafortunada controversia, no exenta de celos profesionales, malas jugadas, traiciones y desgracias personales para muchos de los participantes. Aquí vale una advertencia para aquellos que creen que el mundo de la ciencia es ajeno a las pasiones humanas más vulgares. No es así, en el trabajo científico, cómo en todas las actividades humanas, existe la envidia, los celos, la pobreza moral, la corrupción y lo más desafortunado: aferrarse a dogmas que suelen aparecer, e incluso fundamentar tendencias científicas de larga duración. En efecto, la historia de la ciencia es rica en casos de dogmas, que deben ser superados a costa de grandes inversiones de talento y tiempo.

Al tratar de fechar los restos no se encontraron evidencias de carbón, conchas o madera necesarios para aplicar el método de 14C, el más conocido y empleado para fines arqueológicos. Los huesos de diversos animales, se habían permineralizado, eran literalmente restos de sílice y no había material orgánico disponible. Irwin-Williams y Armenta propusieron una antigüedad de 22 mil años, lo cual era significativamente importante, ya que los patriarcas de la arqueología de Norteamérica, sostenían que el hombre en el continente no tenía una antigüedad mayor de 12 mil años. En 1966 y ante la urgencia de datar Hueyatlaco, se incorporaron Virginia Steen McIntyre, experta en Tefrocronología, técnica que permite fechamientos mediante trazas radiactivas en cenizas volcánicas, y el geólogo Hal Malde, con el fin de fechar con técnicas diferentes al 14 C, los restos de Hueyatlaco.

En el transcurso de estos hechos, los trabajos de Juan Armenta Camacho habían despertado algunos celos entre los mafiosos arqueólogos del centro (¿por qué no nos sorprendemos?). Irwin Williams y Armenta fueron acusados de incompetencia, de sembrar las herramientas entre los restos y otras lindezas que se acostumbran en estos casos. A Juan Armenta se le decomisaron los hallazgos reunidos durante más de 30 años y se le prohibió continuar con sus exploraciones. (Fácil es imaginar lo terrible de esta condena, cómo dijo Unamuno al general franquista Milán Astray “vencieron porque tenían la fuerza pero no convencieron porque les faltaba la inteligencia) Juan que había fundado el departamento de Antropología de la Universidad de Puebla, fue despedido sin ninguna consideración y también le decomisaron los hallazgos que había sido la base del departamento. Curiosamente, la mafia del centro organizó fastuosas excavaciones, a unos cuantos metros de los sitios de Irwin-Williams y Armenta pero, claro está, no hallaron nada importante.

En 1968 Barney Szabo, geoquímico del US Geological Survey trató de aplicar un novedoso método de fechamiento basado en trazas de series de Uranio. Los resultados fueron obtenidos de Caulapan un sitio muy importante al NNW de Hueyatlaco, pero no del sitio de real interés. Las dataciones de Szabo arrojaron: 22,000+-2000 años, fechas que coincidían con las obtenidas mediante 14C que arrojaron 21,850+-850 años, ambas fechas de Caulapan.

El problema y de hecho una de las grandes controversias arqueológicas, ha sido la correlación entre las fechas importantes para la arqueología, y los resultados de la geología. Los fechamientos tefrocronológicos de Virginia Steen-McIntyre arrojaron, fechas totalmente en desacuerdo con otros datos. McIntyre dio resultados asombrosos de 180 mil años y otras fechas de 245,000 +-40,000 años. Para los resultados y la corriente general de los expertos en prehistoria americana, estas fechas son “imposibles” para asociar a los cazadores primitivos con los restos animales, aun las fechas de Armenta y Irwin-Williams, resultaron muy discutibles para la mafia y los capos (¡Cómo!, dirían, ¿México, cuna de algunos de los primeros cazadores americanos? ¡No, No! Es el territorio de Estados Unidos…sí señor…es Clovis y Folsom en Texas…el este de Estados Unidos, el territorio del Yukón…pero ¿México?!!! ¿Más antiguo que “nuestros sitios” eso no…no más de 12,000 años para los cazadores primitivos) Los señores guardianes del dogma, quienes culiatornillados a sus muelles sillones, dictaron, señalaron, y condenaron al ostracismo a muchos de los participantes apoyados por algunos arqueólogos mexicanos…(¡Válganos Dios…!) Uno de nosotros (A. Rivera) trató mucho a Juan Armenta Camacho.

No le gustaba hablar del tema y no era para menos. Justo cuando era citado por The National Geographic Society y en todos los trabajos formales sobre la prehistoria americana, se vio orillado a trabajar en una fotocopiadora en el venerable Café Aguirre. Años después el gobernador de aquellos años, Alfredo Toxqui, lo rescató y lo incorporó al Museo Regional Casa de Alfeñique, incluso se publicó una monografía titulada “Vestigios de labor humana en huesos de animales extintos de Valsequillo, Puebla, México” Virginia, por su parte, ha sostenido sus fechas, ha mostrado una y otra vez que debe revisarse los análisis de ceniza asociadas. Lo ocurrido a Virginia Steen-McIntyre es un caso realmente trágico. Perdió su trabajo como profesora e investigadora, descalificada y arrojada como una leprosa.

Actualmente trabaja como jardinera en un lejano pueblecito en Colorado, muchos editores se han negado a aceptar sus trabajos. Pero ella continúa con su labor y con sus investigaciones de manera independiente. El caso ha puesto en claro que en la ciencia también hay sujetos sin escrúpulos, corruptos y con muy bajo sentido ético. Virginia podría estar equivocada, pero es el día en que nadie se ha tomado la molestia de probarlo de manera contundente. Recientemente se han anunciado notables hallazgos en Mesa Verde en Chile, en Argentina, en México que revelan que el hombre ya cazaba y recogía raíces y frutos en fechas tan remotas como 27,000 años y se cree que aparecerán otros sitios con una antigüedad mucho mayor. En el futuro nuevos aportes, nuevas técnicas pondrán a cada uno en su lugar. Algunos de los arqueólogos que participaron en el “juicio sumario” ya desaparecieron y ya vagan en el desierto del olvido, otros, los pioneros son parte, en efecto, de la historia…

Referencias.

1.-Steen McIntyre, Virginia, V., R. Fryxell and H. E. Malde (1981) “Geologic evidence for age of deposits at Hueyatlaco archeological site, Valsequillo, México” 16:1-17.
2.-Armenta Camacho, J. (1978) “Vestigios de labor humana en huesos de animales extintos en Valsequillo, Puebla, México”

alejandro rivera perezAlejandro Rivera Domínguez (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es director de la Estación de Satélites Kosmos Puebla.

 

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