Más centenario y poco bicentenario
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Raymundo García García*

 

Estamos a escasos días y horas, para lo que serán los momentos más importantes para festejar  el inicio de la guerra de Independencia, y  a poco más de dos meses para la conmemoración del inicio de la revolución mexicana, por cierto, aquí en la ciudad de Puebla a diferencia de otras entidades federativas y de instituciones públicas, el ánimo festivo, parece que no fue  tomado con el interés debido, como se habría esperado. La Historia ya no se mira como la madre de la política.


Solamente la autoridad municipal capitalina a través de la proyección de determinados eventos y obras públicas, ha mostrado la oportunidad para que la Angelópolis, festeje históricos hechos y con ello contribuya al enaltecimiento de una política simbólica y sobre todo necesaria para alimentar nuestra identidad nacional y espíritu patriótico. Claro, por lo menos en Puebla la ideologización de la celebración se muestra en la preferencia para destacar uno u otro evento.  Pareciera que se busca desde el poder público municipal capitalino, dejar sembrado en el imaginario colectivo, que fue de mayor importancia la Revolución Mexicana frente al movimiento independentista. Por lo menos así lo demuestra el conjunto de obras conmemorativas: Museo de la Revolución, Casa de los hermanos Serdán, parque del Centenario –de la revolución-; son para rememorar, recordar, remarcar que la revolución mexicana se impone en los festejos sobre la Independencia.

Y dentro de obras públicas conmemorativas, el “Paseo” Nicolás “Bravo”, que será la obra representativa del movimiento independentista por el nombre del revolucionario, será inaugurado hasta los festejos del centenario y no del bicentenario. Con el preámbulo de un contexto aderezado por grillas, cuestionamientos, criticas, descalificaciones; todas encaminadas a reventar la obra con los pretextos jamás imaginados, pero propios de la poblanesa o poblanería que nos caracteriza. Sin embargo, el ayuntamiento podría salir a justificar equidad de las festividades mediante una importante producción editorial, que es posible por el interés que se impuso un conjunto de historiadores en su mayoría investigadores de la BUAP, bajo la coordinación de Carlos Contreras y por supuesto, destaca el sistemático y continuo trabajo  de investigación que se produce en el ICSH.

En otras instancias, el interés por la Revolución Mexicana también destaca, así en el Congreso del Estado, a través de su comisión especializada, impulsa un conjunto de proyectos aun en camino, y ha iniciado la publicación de trabajos que también ponen su atención a la revolución mexicana y no a la Independencia, como  la vida de Aquiles Serdán, o el papel de las mujeres en la revolución mexicana. En la Comisión del gobierno estatal, de plano el panorama es grave, porque se le conoce sólo por el apoyo solidario de diversas instituciones que organizan eventos festivos, porque es evidente el castigo económico en que se sumergió a la misma, que ha podido caminar en la organización y desarrollo de algunos eventos conmemorativos, por el interés de otras comisiones o instituciones.

Puebla que en 1810 por ser la ciudad más importante después de la ciudad de México, jugó un papel activo en el impulso independentista; que contó con hombres talentosos en favor del proceso de separación y en el debate de las ideas para la construcción de un nuevo Estado nacional; ha dejado que sean otras entidades las protagonistas de la conmemoración bicentenaria. Y si nos pregustamos de lo que se propusieron hacer los ayuntamientos de los 216 municipios, el panorama resulta desastroso. La Historia es política simbólica, representa el otro rostro de la política concreta. No dejemos que se ahogue.
 

*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.

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