El soplo de Euterpe: El claroscuro de la destrucción
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18 de diciembre de 2018

La sangre de los guerreros cual si fuera agua corría: como agua que se ha encharcado…

Visión de los vencidos

Ángel Ma. Garibay

La caída de Tenochtitlan convierte en fantasmas los pilares que sostienen unja cultura, rica y compleja. Con la humareda de la historia vuela la música, la religión, la lengua; todos los símbolos que dieron vida y cohesión a los pueblos que gravitaban en torno al poder mexica.

Los españoles a tientas, para la mentalidad europea, descubrían territorios y pueblos. Construían y mayormente destruían.  En 1524, aun con la mortandad de las epidemias traídas de España que diezmaron a los nativos, Cortés emprende una larga expedición a las Hibueras, hoy Honduras. Cruzan territorios y ambientes desconocidos, paulatinamente el hambre aparece, se ceba con crueldad y fuerza entre todos los expedicionarios. Cuauhtémoc, es ejecutado junto con sus cercanos.  Una expedición de la cual la Parca sació sus apetitos y llevó muchas almas al infierno.

Cortés se hizo acompañar de músicos para solaz de la tropa y elemento disuasivo para los nativos que encontraba a su paso. En sus Cartas de Relación asegura que entre la tropa había”. cinco tocadores de dulzaina, , chirimías y sacabuche…”

Por su parte Bernal Díaz del Castillo, con su objetiva frialdad escribía sobre la trágica expedición: “muchos morían de enfermedad y hambre, algunos decidieron practicar el canibalismo…”  ·Cuatro de los músicos, fueron comidos…y como los de las chirimías, sacabuches y dulzainas que Cortés traía desde Castilla eran acostumbrados a regalos y no sabían de trabajos y con el hambre habían adolecido y no le daban música, excepto uno, y renegábamos todos los soldados de la oír y decíamos que parecían yarros a decir que aullaban, que más sobrara tener maíz que comer, que música...”

El único músico sobreviviente de aquella trágica aventura, fue Bartolomé de Medrano, quien además regresó a España y continuar su vida como tocador de chirimía en Toledo.

Ya en tierras hispanas, Medrano narró su tenebrosa y espantosa aventura. Aseguraba que para sobrevivir “…había comido los sesos del sacabuchero y los intestinos y sesos de Bernardo Caldera y de otro músico…”

Los tiempos tienen prisa por arrastrar los polvos de la caída mexica. La transformación lenta y siempre incompleta, comienza a dar pálidos frutos. En 1527, Cortés lleva ante la corte española a un conjunto de treinta y nueva nativos que eran juglares, danzantes y músicos que causaron profunda impresión y asombro, al punto que recibieron jugosa recompensa en dineros.

Otros músicos españoles que acompañaron a Cortés en sus andanzas por territorio novohispano, fue el vihuelista Alonso Ortiz también conocido bajo el nombre de Maese Pedro de la arpa y el tamborilero y tocador de pífano Benito de Bejel.

Motolinia, al referirse a los músicos y su asombro por la facilidad de los nativos para aprender e incluso construir instrumentos europeos: “…e ágora he sabido que en México maestro de vihuela de arco e ya tiene hechos todos a cuatro voces y encomenzaron a tocar. Bien creo yo que antes de un año sepan tanto o más que su maestro”.

En 1526, después de navegar en la aceitosa burocracia colonial, los hermanos Pedro y Benito Bejel fueron autorizados para abrir una escuela de danza y música con el fin de dar brillo y lustre a la ciudad.

La transmutación de los elementos culturales se cocían en la marmita de la historia. El resultado sería, con el correr de los años, un hombre de nuevo cuño que se llamaría y reconocería como mexicano.

Cuando los españoles echan raíces en la noche mexica, Cortés solicitaba el pronto envío de frailes con el fin de instaurar la fe cristiana justo en medio de epidemias que acabaron por sepultar la fe en los dioses de cualesquiera ritual.

En 1523 arriban a Mexico dos frailes franciscanos y al año siguiente los famosos doce evangelizadores. Armados con grandes privilegios papales a través de la bula Exponi Nubis de Adriano VI y con el fin de convertir a los nativos.

Los franciscanos con su manifiesta pobreza estaban movidos por una fe inquebrantable, a su vez cimentada en el milenarismo, el reino de los mil años. Estaban convencidos que tenían una oportunidad única de crear un paraíso terrenal en el cual todos sus habitantes (nativos) consagraran sus vidas a la búsqueda de la perfección cristiana y aspirar a la pobreza evangélica, mientras llegaba a su fin el Milenium, la edad de la perfección.

Estas acciones repercutirían paulatinamente en crear otra manera de interpretar la realidad. Así, mientras las órdenes mendicantes, dominicos y franciscanos, la evangelización se convertiría en un fenómeno sincrético y el gran plan milenarista se hundiría en la nada.

La música, sin embargo, encontró un verdadero paraíso en el ancho mar del talento magnífico de los nativos y pronto alcanzaría alturas deslumbrantes que aún perviven en nuestros días.

Para esta semana escuchar:

El cascabel Vihuela solo.

Abrihaims: música de chirimía y tambor

Alejandro Rivera Domínguez, miembro de la Asociación de Estudios del Pleistoceno.

Correspondencia: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

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