Simon Peter Hullihen, pionero de la cirugía oral y maxilofacial (Artículo)
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22 de marzo de 2018

Simon P. Hullihen nació en Milton, Point Township, Northumberland Country, en el oeste de Pennsylvania, el 10 de diciembre de 1910.

Su infancia se vio interrumpida por un grave accidente cuando a los nueve años cayó en un horno de cal y sufrió graves quemaduras en ambas piernas. Este contratiempo le tuvo en cama durante dos años, bajo el constante cuidado de los médicos locales, pero aquí comenzaría su interés por la medicina, pues observaba las maniobras de los galenos y, al mismo tiempo, leyó enteramente la Biblia.

Asimismo, su ayuda en la granja paterna le aportó el desarrollo de muchas habilidades manuales, lo cual sería de gran ayuda para su posterior ejercicio de la cirugía maxilofacial.

Hullihen recibió su graduación como médico en el Washington Medical College en 1832, a la edad de 22 años. Al principio, se aplicó a la docencia, pero después practicó la medicina, aunque brevemente, en Canton, Ohio, y Pittsburg, Pennsylvania. Tiempo después, decidió instalarse en Wheeling, West Virginia y desarrollar su actividad médica como dentista, pero con otras pretensiones más elevadas que el común de los de su época, pues se emplearía como cirujano de la cabeza, cuello y cavidad oral.

Instalado, pues, en Wheeling, algunos médicos de la localidad no comprendieron que Hullihen, bien formado como médico, decidiera ejercer una profesión cuyo principal elenco lo componían “barberos-cirujanos” de baja ralea científica. Por ello, otros muchos le recibieron con desprecio. Al final, con cierta desconfianza en los demás pero creyendo firmemente en sus posibilidades, inició un trabajo que alcanzó gran prestigio, de tal manera que en poco tiempo atendía pacientes de todas partes del valle del río Ohio e incluso de tierras más lejanas.

Pese a que su actividad estaba dirigida principalmente a la cirugía oral, en los diez últimos años de su vida realizó otras muchas intervenciones. Operó 200 cataratas, 100 labios leporinos, 50 fisuras palatinas, 150 cánceres bucales, 200 padecimientos del antro, 100 estrabismos, 25 casos de reconstrucción nasal, 50 casos de reconstrucción labial, 10 casos de reconstrucción mandibular y 200 casos de cirugía general. Aproximadamente, un tercio de estas operaciones fueron realizadas de manera altruista, fruto de su compromiso cristiano.

Por su dominio pionero en la cirugía oral, el Baltimore College of Dentistry le concedió un doctorado honorífico en Cirugía Dental en 1842. Aunque no tenía un entrenamiento “académico” en Estomatología. Hullihen fue un tenaz promotor de la sólida educación en medicina en el currículo de los estudios odontológicos como único camino para que la profesión dental iniciara su ascenso definitivo hasta equiparase a la medicina.

Una eficaz unión entre conocimientos médicos y destreza manual era, según su cabal parecer, el único camino de formación para lograr cirujanos dentales dotados de alta competencia. Una de sus mayores contribuciones fue la resolución quirúrgica de la fisura y el labio leporino, que comenzó a realizar antes de que la anestesia hiciera irrupción en el quirófano.

Pese a sus múltiples ocupaciones, Hullihen tuvo tiempo para enviar a la prensa especializada alguno de sus casos. Probablemente el más importante fue el que publicó la revista American Journal of Dental Science en 1849, con el título “Un caso de elongación de la mandíbula y rotación de cara y cuello causadas por una quemadura, tratados con éxito”. Convenientemente ilustrado, el artículo recogía minuciosamente la operación que sufrió una dama de veinte años de edad que acudió solicitando su ayuda durante la primavera del año anterior, la cual presentaba una deformidad importante a consecuencia de una quemadura sufrida quince años atrás.

Con la ayuda de Richard W. Whelan (obispo católico de la diócesis de Wheeling) fundó, el 12 de mayo de 1850, el Wheeling Hospital, el primer hospital dental que se creaba en la historia, que sería administrado por las Hermanas de San José. Desgraciadamente, su brillante carrera se truncaba, pues el 27 de marzo de 1857 fallecía a consecuencia de una neumonía tifoidea. Tenía tan sólo 47 años.

Museo de Odontología de la BUAP

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