Flor de Piña: 36 flores, un análisis que no fue
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- Masca la Iguana -

“36 flores”: digno acercamiento al análisis de Flor de Piña

 

Excusa, para Marsel Toledo el baile Flor de Piña fue la excusa, el pretexto para mostrar la reflexión, la coartada inocente para reivindicar a la mujer, para reivindicarse con sus mujeres y contribuir con ello a esta espiral ascendente de gestión y creación cultural que se vive en Tuxtepec.  La pieza corta – como su autora le llama – “treinta y seis flores: una pieza basada en un análisis sobre flor de piña” le regresó también por instantes,  la dignidad al menospreciado Teatro Hidalgo.

36 floresFue la noche del domingo 16 de diciembre cuando, respondiendo al compromiso adquirido con la Secretaría de las Culturas y las Artes de Oaxaca, Marsel  (con s) presentó los resultados de la beca que recibiera  del programa jóvenes creadores del estado de Oaxaca, en la disciplina de Danza Contemporánea, cumpliendo de esta manera en dos sentidos: administrativamente con la Secretaría de las Culturas  - lo cual es de vital importancia en materia de credibilidad que la región vaya conquistando en gestión cultural – y cumplió también con algunas  de las expectativas de quienes le dieron seguimiento al proyecto  “Laboratorio Escénico” y digo algunas porque  “36 flores” acaricia  la llaga abierta que es el baile flor de piña, sin atreverse a poner el dedo en ella, o al menos no hacerlo  tan evidentemente.

 

La pretensión fue, en voz de su creadora, realizar un análisis psicológico, antropológico, sociológico, biológico, geométrico, histórico y desde toda óptica posible del baile que representa a la región del alto Papaloapan en la Guelaguetza: “Flor de la piña” y, aunque Marsel aseguró que se hicieron dichos análisis, la pieza corta,  se ajustó a los recursos humanos y al factor tiempo, dando como resultado un montaje que logra esbozar  de manera breve un solo punto álgido del baile flor de piña, la utilización de los cuerpos de las mujeres Tuxtepecanas a lo largo de más de medio siglo y el juego de poder que esta práctica implica; razón por la que al inicio de la obra  Marsel denuncia la superficialidad de las audiciones a las que son sometidas las chicas que aspiran a ocupar un lugar en la delegación, cerrando con “y aunque parezca increíble, nunca me preguntaron si me sabía la danza”.

 Precisando, Flor de Piña es un baile, no una danza y para acicalar el análisis, la flor de la piña es la más mentada de Tuxtepec, pero a su vez,  la más desconocida de todos  los frutos de la cuenca. La piña, hay quien sostiene, no es un fruto, sino la reunión de muchos frutos - no profundizaremos en ello – pero dicha tesis justifica mi alegría de ver en el escenario a 7 mujeres que unidas dieron cuerpo, con sus cuerpos,  a una pieza que resultó ser un colectivo fruto que, aunque vistoso, no es  de fácil  digestión y la asimilación de sus nutrientes,  dicho sea de paso, para algunos estómagos pueden resultar catalizadores de profundos malestares y para otros, por supuesto que simbólicamente hablando, alimento nutritivo, dependerá, como en todo, de la costumbre y necesidades de cada  organismo.

El argumento que sostiene a la pieza es que, durante el proceso de análisis de los elementos críticos del baile flor de piña, las participantes de “laboratorio escénico” se percataron que hablar del baile era hablar de ellas mismas, entonces la directora de la pieza  a fin de  facilitar esa introspección,  recurrió a la pregunta ¿a qué mujeres admiras? y partiendo  de fuertes sentimientos y experiencias significativas que a cada una de las seis ejecutantes han tenido con “sus mujeres”, Marsel construye la pieza “36 flores”; por ello vimos en el escenario elementos que  son ajenos al baile motivo del análisis que,  desde  variadas ópticas, asegura la creadora, se realizó.

Describir lo que vimos los asistentes es robarle a usted el derecho de asombrarse, porque espero la pieza se vuelva a presentar  en variados lugares y ocasiones, dado que se cuentan por  cientos las mujeres que han sido tocadas, para bien y para mal, por el baile flor de piña es su más de medio siglo de existencia y todas ellas deberían poder verle y opinar, tal como sucedió al  final de esta única  presentación – parece ser que administrativamente Marsel no está  obligada a volverla a presentar – pero hay cientos, miles de mujeres que  igual pueden reflexionar  desde la pregunta ¿a qué mujeres admiras? tantas como si multiplicamos al menos 36 ejecutantes por delegación por poco más de 50 años, es decir hablamos de una cifra alrededor de 1800 mujeres tan sólo de la delegación oficial de Tuxtepec, súmele quienes han ejecutado el baile en escuelas, ferias, fiestas patronales, guelaguetzas alternas, fiestas particulares, presentaciones monumentales y cualquier otra ocasión; son miles las mujeres que han ejecutado el baile y miles más, muchas miles más de ellas que no han podido hacerlo por diversos motivos,  - algunos de los cuales, debieron ser analizados por Marsel – y es que la riqueza de 36 flores, desde mi perspectiva, no radicó en el análisis que se cree realizaron del baile flor de piña, sino en el haber visto los movimientos de 7 mujeres seguras, contentas, satisfechas por el logro, pese a que 6 de ellas no pertenecieron a una delegación de flor de piña y  5 de las 7, no tuvieran una experiencia previa con la danza moderna.

¿Qué  tiene que ver la receta del machuco o la relación amor – odio - amor entre la hija y la madre con el baile flor de piña?, pues depende de lo que para usted signifique el baile. Pero un hermoso referente colectivo del baile es el poema del maestro Felipe Matías Velasco, quien nos hizo vibrar el primer lunes del cerro del 2012, cuando sin saberlo ni quererlo, se despide de la tierra de su madre, Oaxaca haciendo vibrar a las presentes en el auditorio del cerro del fortín, cada verso de su poema vibra en la memoria de las miles de mujeres que han ejecutado el baile de flor de piña, vive en su inconsciente tal como me gusta interpretar la  declamación silenciosa que realizaron en 36 flores.

Las grandes ausentes en 36 flores fueron las mujeres que portan su segunda piel con la dignidad que sus ancestros les legaron, las mujeres indígenas que hacen con su cosmología, el colorido que ha cautivado al mundo, aunque el mundo, comenzando con las ejecutantes del baile, desconozcan el profundo significado de cada símbolo y cada color tejido, en ese sentido no basta de forma alguna,  el escenificar a la mujer indígena de rodillas creando con su telar, contribuyendo con ello a la  visión del consumo de “lo  indígena” pilar de la fiesta de la Guelaguetza y práctica maléfica de Flor de Piña.

No hubo palabras ni cuerpo en chinanteco, tampoco en  mazateco; la visión y el sentir mestizo de Marsel y sus informantes dieron como resultado un fruto  mestizo alejado de la reivindicación de los pueblos originarios, pero cercano al génesis de la discusión de prácticas de discriminación y utilización no sólo del patrimonio cultural de las mujeres indígenas de la región, sino de la utilización franca y descarada de los cuerpos de las mujeres mestizas, que queda de manifiesto con intensidad cuando Marsel se mueve libre mientras narra que en su audición para formar parte de una delegación, se fijaron en su cabello, en su estatura, que le miraron todo, pero nunca le preguntaron si se sabía el baile e infiero, mucho menos le preguntaron por el conocimiento  y comprensión del simbolismo de la segunda piel de la mujer indígena.  

“36 flores” y su primera y tal vez, única presentación, mostraron la dignidad de la mujer mestiza de la ciudad de Tuxtepec, lo hicieron regresándole la dignidad al histórico Teatro Hidalgo, pues tuvieron que barrer su piso, quitar telarañas, pintar del escenario sus paredes  descarapeladas, colocar focos, conseguir iluminación y sonido, que hicieron posible que dejara de ser, por instantes,  el despojo de edificio que actualmente es, sede de las oficinas  donde viven la política cultural actual en Tuxtepec, reflejo de la ignorancia y falta de competencia que prevalece y que, un grupo de jóvenes, hombres y mujeres, y al menos un par de adultos, lo barrieron, lo pintaron, lo energetizaron e hicieron lo políticamente correcto, agradecer en su programa de mano a quienes ayudaron y a quienes dejaron de ser un obstáculo, al menos esa ocasión, usando su guante blanco.

“36 flores” fue una pieza corta que logró ser para  Marsel Toledo un evento políticamente correcto, para las participantes en el “laboratorio escénico” fue artísticamente plausible, psicológicamente gratificante; para el público asistente fue grato dado que disfrutamos de una pieza creativa que viene a mover las aguas pantanosas de la danza contemporánea, esa que se hace desde recintos oficiales.

Dice la iguana que a ella “36 flores” le queda a deber sus análisis que  no se vieron en el escenario, pero que tal vez los lea muy pronto, o aparezcan en fotos o cualquier otro medio  que igual la asombren, porque asomada desde los hoyos que presenta el teatro Hidalgo en el techo,  lo políticamente correcto le  quedando guango, pero me dice emocionada que quiere aprender algunos de los movimientos que le cautivaron de las mujeres que bailaron, porque su reptiliana y milenaria mirada,  vio el agua, el fuego, la tierra, el viento…vio dignidad.

Luis_FernandoLuis Fernando Paredes Porras es Director del Centro para el Desarrollo de las Inteligencias Múltiples (CDEIM) y Director de Sabersinfin.com región sureste.