LA ÉTICA EN EL SNEST
Por: Raúl García Tlapaya*
La educación que se imparte en el Sistema Nacional de Educación Superior Tecnológica (SNEST) tiene como fundamento una filosofía en la que el ser humano constituye el eje central. Por esta razón, todos los procesos formativos y organizativos giran en torno a él, con el fin de aportar a la sociedad un profesionista en plenitud de sus potencialidades intelectuales, físicas y culturales y con un acervo de valores que le permitan incidir, de manera eficiente y eficaz, en el desarrollo de la comunidad en la que se ejerce una profesión.
Es claro que siendo nuestra pretensión esbozar la nueva coyuntura ética que se viene configurando en este inicio de siglo, nos situamos en el plano de la ética civil. Se trata entonces, de la disciplina que habla de los principios que deben regir el comportamiento entre quienes vivimos en la civitas (la polis, para los griegos) que hoy hemos dado en llamar aldea global. Ahora bien, dado que la globalización es un proceso que al menos por ahora- no borra los límites ni la identidad de las infinitas aldeas o culturas locales, cualquier intento por tratar el tema ético se tiene que hacer desde el contexto de una tensión innegable entre la pretensión de la cultura globalizada (la cultura de todos) y la resistencia de las culturas locales en las que descansa la identidad y el orgullo de cada grupo.
La ética, como ciencia de las costumbres y de los comportamientos, tiene muchas funciones. Una de ellas, esencial para toda cultura, es la de hacer que la vida sea previsible. En la medida en que compartimos valores y normas, sabemos a qué atenernos en nuestras relaciones con los demás. Sin esto, la vida sería prácticamente imposible. No obstante, el lugar de la ética es la vida social con su trama y sus conflictos.
Asimismo, la ética tiene una función crítica y una función utópica. Por una parte, los valores éticos ayudan a descubrir, poner en evidencia y desenmascarar lo que se opone a la realización social e individual, es decir, a los comportamientos inadecuados para los fines que pretende la comunidad. Por otra parte, la ética también puede ejercer una función crítica analizando y juzgando el presente, pues su función utópica proyecta la vida hacia el futuro. De ese modo, la ética puede proyectar el comportamiento ideal para que la convivencia humana logre sus fines. Con todo tenemos que aclarar qué es utopía.
En este caso damos al término utopía el sentido que se le da en el humanismo y en las ciencias sociales. Desde esta perspectiva, el término utopía denota un futuro mejor y posible al que aspiramos, aunque todavía no lo hayamos alcanzado (o no lo alcancemos). Todas las realidades históricas, dado que siempre son mejorables, son cuestionadas y se sienten atraídas por cierta utopía. Para los esclavos, la libertad fue una utopía. En síntesis, todo futuro mejor y posible al que aspiramos como proyecto es una utopía. A ello se debe que la utopía sea el motor del cambio. De esto se deriva una importante conclusión: toda planeación estratégica tiene que inspirarse en una utopía que aliente a la organización o a la empresa. Por lo cual queda claro que la utopía no es un sueño imposible, como comúnmente se entiende el término.
Nada mas lejos de la naturaleza profunda de la ética que creer que ésta en un recetario o un manual de buena conducta, sin tener contacto con la tensión de la vida misma, indique qué es lo bueno y qué lo malo. A eso se le ha llamado, despectivamente casuística. Más que ética, los manuales con pretendidas fórmulas mágicas y fetichistas sólo sirven como paliativo para la inseguridad. La ética dicta su discurso crítico y utópico, del siguiente modo:
Señalando la dirección para buscar un sentido, así como fines y significados consistentes.
Identificando rutas de utopías y esperanzas globales e incluyentes.
Conduciendo a la dignidad, al valor inalienable de todo hombre, grupo humano y, en general, de toda cultura.
Éste es un tema difícil, pero la dificultad no proviene tanto de la complejidad de los conceptos como de la relación inmediata que tienen estos conceptos con aspectos muy prácticos y con intereses muy obvios. La ética, si se le toma en serio, se inserta en nuestra vida y, de alguna manera, la altera.
* Raúl García Tlapaya (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es Director General del Instituto Tecnológico Superior de Libres y candidato a Doctor en Educación Permanente por el Centro Internacional de Prospectiva y Altos Estudios (CIPAE),








