EL AGUA, ¿DERECHO HUMANO Y FACTOR INSUSTITUIBLE PARA EL DESARROLLO?
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Cada vez es más aceptada la afirmación de que en los próximos años las guerras serán por la disputa del agua, con motivo del IV Foro Mundial del Agua, el Dr. Luis G. Benavides Ilizaliturri nos comparte profundas reflexiones que nos motivan a replantearnos nuestra visión hacia este derecho humano.

EL AGUA, ¿DERECHO HUMANO Y FACTOR INSUSTITUIBLE PARA EL DESARROLLO?

 Luis G. Benavides Ilizaliturri[1]Puebla, 2006

www.cipae.edu.mx

 Proemio

En vísperas del IV Foro Mundial del Agua, México 2006 por celebrarse del 16 al 22 de marzo, agradezco la ocasión de reflexionar juntos, no en una Conferencia Magistral, como generosamente lo anuncia el programa propiciado por la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Puebla conjuntamente con la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales del propio Estado de Puebla, sino aprovechando el sentido prístino del término Conferencia[2] , que significa poner en común lo que cada uno trae consigo.
 
Los puntos de reflexión que propondré giran en torno a algunos elementos conceptuales que faciliten la formulación de políticas públicas respecto al agua como derecho humano y factor insustituible para el desarrollo, como por ejemplo:
  • Cómo se originó el agua en nuestro planeta;
  • Los millones de años que tardó nuestro planeta en tener agua;
  • El agua como fuente de vida;
  • El agua como derecho a la vida y por tanto derecho humano;
  • El ejercicio del derecho al agua y su vulnerabilidad.
  •  

Antecedentes
 
Hace cuatro mil millones de años, afirman los científicos, la tierra era una bola de magma en fusión, con cientos de volcanes activos en su superficie.  El magma, cargado de gases sin duda estaba mezclado con vapor de agua, y, según algunas teorías, gracias a las constantes erupciones ese vapor acuoso emergió a la superficie.
 
Al enfriarse la tierra, el agua se condensó y fue precipitándose sobre la superficie para nuevamente evaporarse y generar lo que conocemos hoy día como el ciclo del agua.  La lluvia, al llenar las depresiones del planeta, fue creando océanos, lagos, ríos y, en ocasiones corrientes subterráneas.
 
Este proceso seguramente se llevó más de mil millones de años.  En él, se fueron reuniendo las sustancias químicas que posibilitarían la vida que conocemos en la tierra.  Los procesos de generación de agua y de oxígeno molecular favorecieron la diversidad de formas en las que se manifiesta la vida.  El agua y el carbono junto con otros gases, como el metano, permitieron que los organismos vivos en todos sus niveles de organización y complejidad tuvieran reactivos metabólicos y perpetuaran la vida. Gracias al ciclo del agua que constantemente la renueva y purifica, desde entonces el planeta tierra ha contado con vida.
 
Todas las culturas ha vinculado siempre el agua con la vida.

 

Los chinos, por ejemplo, sostenían que nuestro universo consistía de cinco elementos básicos: metal, agua, madera, fuego y tierra.  Todo lo existente, incluso los seres humanos, en la relación cielo-tierra, deben sostener una relación armónica con estos cinco elementos.  Por ello, los aplicaron no sólo al mundo físico sino también a los años, meses, días, horas, minutos y segundos, así como a colores, direcciones, estaciones y sonidos.   La vinculación del agua con la vida se simbolizó, desde antiguo, en los jardines: de hecho, las montañas y el agua son sinónimos de vida y de la vida del espíritu.  El cosmos se resume en la creación de jardines y, por extensión, en la disposición o arreglo de las cosas, como en el feng shui 风水[3].  Aquí, el agua tiene una importancia suprema por ser señal de vida[4].

 


Todo el desarrollo humano en la América indígena estuvo centrado en la agricultura por lo que desde que se tiene noticia el elemento vital por excelencia fue el agua atl.  La visión más profunda de la vida tiene por lo mismo importancia fundamental en una cosmogonía que gira alrededor del agua.  En sintonía con la visión china, los mexicas llamaron a los lugares donde se establecían atepetl, (de atl: agua y tépetl,  cerro).  Sus principales deidades eran Tláloc[5], el dios de la lluvia y el trueno,  y Quetzalcóatl, dios del viento, símbolo de la sabiduría.

 

El agua es la raíz de la fundación mítica del mundo; su significado simbólico explica el origen de la vida por el cual surge todo lo existente en la tierra (Cemanahua), y todo tiene carácter sagrado.

 

Mucho se puede hablar también sobre el agua en la cultura occidental, sólo me referiré a Tales de Mileto y a Aristóteles.  El primero,  al hacer la transición del mito al logos, afirma que, para él,  Arch (Arjé: el principio de todo lo que existe) es el agua o, en general, lo húmedo.  Como explicación de los supuestos de Empédocles, basó esta teoría en varias razones: el agua rodea toda la tierra y se presenta en los tres estados de agregación de la materia (sólido, líquido y gaseoso), por lo que es un elemento en continua transformación.
 
Aristóteles, por su parte,  afirma que el mundo está ordenado en dos grandes zonas: la celestial o supralunar, constituida de Æaiqhvr (éter), que es un quinto elemento, y la terrestre formada por los cuatro elementos; estos elementos se distribuyen en capas desde el centro hacia arriba: tierra, agua, aire y fuego. los dos primeros se consideran graves por su tendencia a ir hacia el centro, si son desplazados de su lugar natural y, los otros dos, leves, por su tendencia a ir hacia arriba.
 
Esta visión aristotélica se mantuvo práctiamente hasta la edad media.  Y no fue sino con  Lavoisier (1743-1794) cuando se estableció que el agua es un compuesto de hidrógeno y oxígeno, ya que él la descompuso y luego la sintetizó experimentalmente en el laboratorio con la colaboración de Meusnier.
 
De esas búsquedas, nació una primera teoría científica sobre el origen de la vida en la tierra basada en la presencia imprescindible del agua.  El ruso Alexander Ivanovich Oparin (1894 -1980 ) en 1923 supone que "la vida se origina a partir de la evolución gradual de compuestos de carbono y nitrógeno[7]".  Siguiendo los planteamientos de Oparin, Stanley l. Miller (1953), pretendió demostrar la posibilidad de la síntesis de las principales moléculas que componen los seres vivos en condiciones prebióticas (en ausencia de seres vivos) y a partir sólo de metano, amoníaco, hidrógeno y vapor de agua (sustancias que presumiblemente formaban la atmósfera terrestre primitiva) intentar la formación de micro-proto-organismos.

 

En todas las teorías actuales, parece que el agua es la condición esencial que propició la vida en el planeta debido a que en ella se dieron las reacciones de formación de los nuevos compuestos inorgánicos y orgánicos a partir de los átomos, moléculas y radicales libres que se encontraban en ella, con la intervención de descargas eléctricas y radiaciones lumínicas[8].
 
El agua,¿ fuente de vida?
 
Por ello, se afirma, el agua fue, es y seguirá siendo el solvente universal de todas las sustancias inorgánicas y orgánicas, y esta solubilización de los componentes produjo nuevas combinaciones entre ellos, que poco a poco dieron origen a las moléculas biológicas que se conocen hoy en día.
 
Pero, ¿cómo surgió el agua en nuestro planeta?  Actualmente se manejan diversas teorías, presentaré sólo dos: la del origen volcánico y la del origen extraterrestre.
Según la primera, el agua se formó en el centro de la tierra, por reacciones a altas temperaturas entre átomos de hidrógeno y oxígeno.  Las moléculas formadas por esta reacción fueron expelidas a la superficie terrestre en forma de vapor.  Algo de este vapor pasó a formar parte de la atmósfera primitiva y otra parte se enfrió y condensó para formar el agua líquida y sólida de la superficie terrestre.
 
La segunda propone que el agua llegó a la tierra en forma de hielo, en el interior de numerosos meteoritos que, al impactar sobre la superficie terrestre, liberaron este compuesto y llenaron los océanos o al menos parte de ellos.
Se han planteado elementos probativos para ambas teorías y por ello surge una tercera: el agua en la tierra no fue originada por una sola causa.  Debería pensarse en un hipotético origen mixto; ambas teorías se complementan bajo un postulado lógico y coherente: parte del agua se originó en la tierra por reacciones a elevadas temperaturas y erupciones volcánicas, y la otra parte provino de los cometas[9].
Además, en un descubrimiento reciente, se muestra que los microorganismos aparecieron sobre la tierra muy poco tiempo después de los devastadores impactos de meteoritos que se dieron durante la formación de los planetas. Independientemente de si puede formarse in situ, es posible que los componentes básicos para la formación de la vida hayan llegado muy pronto y directamente del espacio exterior.
En las últimas décadas se ha descubierto la posibilidad de la existencia de vida en nuestro planeta en cualquier entorno con agua, sin importar sus circunstancias: en ambientes donde las condiciones consideradas como obstáculos físicos y químicos para la sobrevivencia de microbios, se ha descubierto la proliferación de organismos que han sido denominados "extremófilos"[10].
 
El estudio de los extremófilos ha creado un catálogo de ocho grupos[11] según los ambientes donde se desarrollan y esto ha hecho aumentar considerablemente el convencimiento de los científicos hacia la posibilidad de vida extraterrestre, puesto que las condiciones extremas no suponen un obstáculo para la actividad biológica.
Pero en nuestro planeta, hay que tener en cuenta que, aún para los extremófilos, el agua es el elemento esencial para la vida; esta misma agua, bajo diversas formas y estados, se halla presente en muchos puntos del Universo, desde planetas a satélites, hasta núcleos cometarios y cúmulos estelares.
 
Pues bien, en nuestro planeta, la formación del agua que conocemos tuvo un proceso de generación que duró miles de millones de años hasta la aparición de la vida en superficie o en sus entrañas.
 
De toda el agua en el planeta tierra un 97% es salada y un 3% dulce: ésta es la que ocupamos los seres humanos; pero de ese 3%, el 77% está en los polos de la tierra o en las cumbres de las montañas;  22% son aguas subterráneas, y sólo el 1% está disponible en ríos, lagos y lagunas.
 
¿Derecho humano al agua?
 
¿Cómo hacer que ese 1% del agua útil para el ser humano se distribuya con equidad para todos?  Esta es una de las razones por las que el tema central en el Foro Mundial del Agua se pondrá a discusión si el agua es un bien que debe servir a todos y, por lo tanto es un bien público ligado al derecho humano por su natural vínculo con el derecho a la vida.
 
Para reflexionar sobre este punto, quisiera dar una breve ojeada al ser de los derechos humanos.
 
Los derechos humanos son una condición propia de la existencia humana y deben ser protegidos.  Los derechos humanos representan una garantía de igualdad y equidad para millones de personas de todo el mundo.
 
Los derechos humanos ofrecen una imagen vigorosa y convincente de un mundo mejor y más justo y que constituyen la base de un plan concreto para conseguirlo.
Los derechos humanos dan esperanza  y voz a los que nada pueden.
1) Los derechos humanos se relacionan con la dignidad que tenemos todas las personas, que somos las principales beneficiarias de esos derechos y debemos participar activamente en su realización.
 
2) Los estados (gobierno, congreso, poder judicial, etc.) tienen una clara responsabilidad en el reconocimiento, protección y cumplimiento de estos derechos.
 
3) Los derechos humanos son propios de las personas por el hecho de ser tales.  para que los podamos exigir y pelear por ellos, deben estar reconocidos en las leyes nacionales e internacionales.
 
4) A lo largo de la historia de la humanidad, hemos ido conquistando los derechos para proteger a las personas en todo el mundo.
 
El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Tras este hecho histórico, la Asamblea pidió a todos los Países Miembros de las Naciones Unidas que tales derechos fueran conocidos, reconocidos, protegidos por las leyes, vividos y resguardados por todos los habitantes del planeta. Los Estados Miembros se comprometen, por su parte a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del ser humano.
 
Ahora bien, una característica de los derechos humanos es su vulnerabilidad, razón por la cual la Asamblea de las Naciones Unidas insta a todos los Estados miembros a protegerlos.
  • La vulnerabilidad es una condición social asociada a resultados de impunidad de los que violan los derechos humanos de los que menos tienen.
  • La vulnerabilidad no constituye una característica inherente a los individuos porque  no es inherente a las características raciales, o étnicas ni a condiciones de desarrollo ni de subdesarrollo.
  • La vulnerabilidad responde a ejercicios indiscriminados de poder que pone por encima de la dignidad de las personas los intereses de grupos protegidos.
Debido a esta vulnerabilidad, los derechos humanos deben contar con leyes específicas e instrumentos idóneos para su defensa.  En nuestro país, además de las garantías individuales y sociales que otorga nuestra Constitución Política, se han creado tanto en el ámbito federal como en los estatales comisiones de defensoría de los derechos humanos y se ha asumido la figura del “ombudsman[12]” para asegurarlos.
 
Las Naciones Unidas han reiterado que: "Ningún recurso es más básico que el agua. El agua es esencial para la vida, crucial para aliviar la pobreza, el hambre, y la enfermedad, y crítica para el desarrollo económico. Centenares de millones de hombres, mujeres y niños aún no tienen acceso al agua potable y sanitaria. Muchos permanecen desempleados porque los recursos hídricos no son suficientes para el crecimiento industrial y agrícola. Los problemas del agua en definitiva terminan siendo problemas de personas[13]."
“El derecho humano al agua reconoce que todos los individuos deben  contar con agua suficiente, a precio asequible, físicamente accesible, segura y de calidad aceptable para usos personales y domésticos[14]".
Para hacer realidad el derecho al agua, los gobiernos deberán:
  • Establecer leyes y principios que definan el agua como derecho humano.
  • Asegurar todos los aspectos del derecho al agua y las correspondientes obligaciones entre países.
  • Definir objetivos claros para cumplir este derecho.
  • Fijar metas por alcanzar y los plazos requeridos para que todos los habitantes gocen de este derecho.
  • Formular políticas adecuadas y los correspondientes indicadores de satisfacción del derecho al agua.

Sin embargo, a pesar de reconocerse en Tacones Unidas que "el agua debe tratarse como un bien social y cultural, y no principalmente como un bien económico" y que “el agua es fundamental para la vida y la salud”, así como que “el derecho humano de agua es indispensable para llevar una vida saludable en dignidad humana y es un pre-requisito para la realización de todos los demás derechos humanos" y que “las libertades incluyen el derecho a mantener el acceso a los existentes abastecimientos de agua necesario para el derecho al agua; y el derecho a estar libres de interferencias, tales como el derecho a estar liberados de las desconexiones arbitrarias o de la contaminación de los abastecimientos de agua[15]”, la vulnerabilidad del derecho al agua es real y fuente de polémica.
En efecto, el agua, tema de novedad por la celebración del IV FORO MUNDIAL DEL AGUA en la Ciudad de México, ocupa espacios en todos los medios de información.  Dos son las posturas fundamentales por discutir: 
  1. El agua como derecho humano, y por lo mismo como un bien público de la nación del cual todos deben ser beneficiados bajo el principio de libertad y justicia;
  2. El agua como mercancía , y por lo mismo, un bien que obedece a las leyes del mercado y debe privatizarse para asegurar su distribución a través de los mecanismos que el mercado mismo genera.
Estas dos posturas son irreconciliables.
 
El agua, ¿mercancía?
 
La segunda postura, sostenida por la OCDE y Organismos de corte financiero BM, BID, se sustenta en la visión neoliberal que considera al Estado como un obstáculo para el crecimiento social, económico y político.  En efecto, el Banco Mundial procura fomentar que agentes privados controlen la gestión de los servicios públicos del agua, encareciendo dramáticamente el precio que pagan por el líquido los usuarios, aprovechándose especialmente de los desesperados esfuerzos de las naciones no desarrolladas por encontrar una solución a su crisis.
En declaración reciente, Miguel Angel Gurría, ahora director general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) afirmó: Mientras al agua se le considere un "bien público, casi gratuito, se va a acelerar el mal uso, la mala asignación y el abuso[16]", en consonancia con lo que el Presidente del Consejo Consultivo del Agua, Gastón Luken sostiene[17]  "el agua cuesta, porque no es un bien común; es un bien económico el agua es, primero, un bien natural, esencialmente social; pero en el momento en que hay que ponerle algo (recursos) en cómo está, en dónde está o después de que se usó, ya tenemos un bien económico."  Consultores económicos canadienses[18] sostienen en México que “EL AGUA NO DEBE SER MÁS UN BIEN PÚBLICO: ES OBLIGATORIO QUE SEA PRIVATIZADO Y COMERCIALIZADO”.
 
Entre los logros de la privatización del agua en México (sin contar los abusos y mala distribución) debe subrayarse que cuatro trasnacionales controlan gran parte del exitoso negocio del agua embotellada en el país[19].  De este negocio , que obtiene el líquido "con subsidios estatales asombrosamente generosos y favorables, venden en botellas de plástico a mil o 10 mil veces lo que les costó conseguirla[20]”.
 
Hay agua embotellada que anuncia su procedencia en la etiqueta que la distingue. agua que viene de Francia y de Galicia, de los Alpes y de los deshielos de las más lejanas cordilleras, aunque, por lo regular, provenga de los sistemas de agua potable de los municipios donde se embotella y rotula.
 
El agua, ¿beneficio social?
 
La primera postura, por su parte, responde a los principios emanados de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, artículo 27[21], y está sustentado en los principios fundamentales de la justicia social.
 
Por más que ante Naciones Unidas la postura ha sido sostener con toda claridad y decisión que el agua es un derecho humano y que debe considerarse como bien público de la nación, es sabido que para algunos estudiosos cuando se afirma que algo es bien de la nación sonríen porque la expresión parece remontarse a los tiempos feudales, cuando el señor feudal era propietario total de todo el feudo lo de encima, lo que está en la superficie y lo que está debajo.  Sin duda ese es su origen jurídico y así pasó a nuestro país con la legislación generada en España.
No obstante, su significado es tan profundo como lo que encierran en sus entrañas las tierras nacionales: son bienes que deben beneficiar a toda la comunidad nacional: no pertenecen a los municipios, ni a los estados, sino a toda la nación y por lo mismo es función del Estado el generar las leyes correspondientes para que ese beneficio llegue a todos por igual, sin distinciones de ninguna especie.
El agua, no puede ser mercancía: así lo plantea nuestra Constitución: la nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público, así como el de regular, en beneficio social, el aprovechamiento de los elementos naturales susceptibles de apropiación, con objeto de hacer una distribución equitativa de la riqueza pública, cuidar de su conservación, lograr el desarrollo equilibrado del país y el mejoramiento de las condiciones de vida de la población rural y urbana. en consecuencia, se dictarán las medidas necesarias para ordenar los asentamientos humanos y establecer adecuadas provisiones, usos, reservas y destinos de tierras, aguas y bosques, a efecto de ejecutar obras públicas y de planear y regular la fundación, conservación, mejoramiento y crecimiento de los centros de población; para preservar y restaurar el equilibrio ecológico; para el fraccionamiento de los latifundios; para disponer, en los términos de la ley reglamentaria, la organización y explotación colectiva de los ejidos y comunidades; para el desarrollo de la pequeña  propiedad rural; para el fomento de la agricultura, de la ganadería, de la silvicultura y de las demás actividades económicas en el medio rural, y para evitar la destrucción de los elementos naturales y los daños que la propiedad pueda sufrir en perjuicio de la sociedad[22].
 
En síntesis, el artículo 27 constitucional sostiene que son propiedad de la nación:
  1. Las aguas de los ma-res territoriales;
  2. Las aguas marinas interiores;
  3. Las de las lagunas y esteros;
  4. Las de los lagos interiores;
  5. Las de los ríos y sus afluentes;
  6. Las de las corrientes constantes o intermitentes y sus afluentes;
  7. Las de los lagos, lagunas o esteros cruzadas por líneas divisorias de dos o más entidades o entre la república y un país vecino, o cuando el límite de las riberas sirva de lindero entre dos entidades federativas o a la república con un país vecino;
  8. Las de los manantiales que broten en las playas, zonas marítimas, cauces, vasos o riberas de los lagos, lagunas o esteros de propiedad nacional, y las que se extraigan de las minas; y los cauces, lechos o riberas de los lagos y corrientes interiores en la extensión que fija la ley.

¿Retos al agua como derecho humano?

 

Estas consideraciones nos plantean retos que deben ser planteados para que el agua pueda ser considerada como un derecho humano.  En 25 años, dos tercios de la población mundial no tendrá agua potable; los países más poderosos se están preparando para esta escasez estratégica; una parte del planeta consume 20 veces más agua que la otra: hay un interés muy grande por mercantilizar el agua luchando contra el concepto de que se trata de un derecho vinculado íntimamente con el derecho a la vida y una obligación del Estado de ponerla al servicio del pueblo.

 

Por otra parte, por presiones trasnacionales y de los organismos financieros  mundiales, las tarifas  del agua suben hasta cotizaciones internacionales; agotan recursos de países menos desarrollados construyendo sistemas de transportación internacional del agua (tuberías transfronterizas, contenedores, buques cisterna, etc.) y promoviendo proyectos trasnacionales como el Plan Puebla-Panamá para extraer los recursos, entre ellos el agua, como previsión dominadora del futuro; impulsan el mercado global del agua, otorgándola a agentes privados en busca del lucro inmediato.

 

Ante estos retos, los cambios drásticos de factores ambientales y sociales hace imprescindible el agua como derecho humano a sabiendas de que este reconocimiento está ligado con el derecho fundamental a la vida, a la libertad y a la justicia, con atención especial a los excluidos.

 

Finalmente, como reto de participación social y de ejercicio democrático, la sociedad (el pueblo) deber ejercer su soberanía[23] exigiendo al estado que asuma la responsabilidad de asegurar a todos los individuos la salvaguardia y operación de sus derechos, por lo tanto de emitir leyes y desarrollar los medios para dar cumplimiento a ese derecho y detener drásticamente las ganancias a todas luces injustas que genera la venta de agua a los pobres, ya que son tan apreciables –que el negocio atrae a grandes corporaciones.

 

Recordemos que en América latina el acceso al agua potable está marcado por un cinismo inhumano: a quien reciben agua potable se le cobra poco o nada, pero quienes no están conectados a la red de servicio y tienen bajos ingresos suelen pagar costos enormes por el agua.

 

Por ello, al declarar como derecho humano el agua, se convierte en un cauce para dirimir conflictos y asegurar equidad entre individuos, comunidades, grupos sociales y estados nacionales, pues, al serlo, exigirá a individuos, grupos sociales, empresas y gobiernos el cumplimiento de deberes para la conservación, uso adecuado y salubridad del agua como recurso no renovable y a la vez, permitirá la búsqueda de soluciones globales ante crisis de falta de agua y la revisión permanente de las políticas gubernamentales e internacionales.

 

A modo de sugerencia final

 

Estoy convencido de que la lucha por hacer del agua un derecho humano no es suficiente.  Ya llevamos muchos años, desde 1789, luchando abierta y decididamente por los “derechos del hombre”; conocemos y exaltamos los Sentimientos de la Nación de Morelos, que nuestra Constitución Política ha recogido y transformado en leyes; hemos firmado convenios, acuerdos y cartas declaratorias en torno a las garantías individuales y sociales; contamos con estructuras jurídicas que defienden esos derechos y aseguran esas garantías; se celebran con pompa y mucha publicidad los días dedicados a conmemorar  o evocar tales derechos: sin embargo, es excesivamente lento el avance del ejercicio real y pleno de derechos y garantías.

 

El ejercicio de este derecho al agua no podrá ser real si no está acompañado y sostenido en procesos de educación permanente, pues estoy convencido de que ningún derecho humano pude cifrarse sólo en la legislación: debe convertirse en un ejercicio real y éste sólo es posible mediante procesos educativos.

 

La educación, en su condición de “permanente”, genera “conciencia”, solidaridad, respeto y justicia como hechos en los cuales los seres humanos nos hacemos tales.El agua  como derecho humano, tiene que aprenderse y aprehenderse como cultura, como moral, como actitud en proceso siempre renovado, individual y colectivamente.  Sin este aprendizaje y sin esta aprehensión, sólo quedará en discurso.La educación en torno al derecho humano al agua no puede encerrarse en las aulas ni condensarse solamente en planes y programas de estudio, con alguna página escrita en los libros de texto, pues mientras nos entretenemos en tener buenos resultados “educativos” en los exámenes promovidos por la OCDE y otras instancias internacionales, éstas promueven la supresión del agua como derecho humano.

 

Aprender y aprehender el derecho humano al agua, debe ser empeño permanente entendido éste como una política, un ejercicio, un contenido y un compromiso individual y colectivo.  Además, como tal, debe ser impulsado por todos los agentes educativos y estar plenamente vinculado con el aprendizaje  del amor a la vida, la solidaridad internacional en la justicia y la independencia y la convivencia humana cifrada en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.

 

Este aprendizaje tiene tal importancia que no puede dejarse solamente en manos de los educadores por profesión: debe constituirse –como el aprendizaje de todos los derechos humanos- en acción humanizadora permanente que transfomre las visiones del mundo y a la vez las relaciones de cada individuo consigo mismo, con los demás y con su entorno, hasta que llegue a formar elemento sustantivo de la cultura de todos los individuos y de todos los pueblos y norma moral personal y colectiva.

 

Finalmente, quiero sugerir que la bioética, como parte de la ética, cuyo objeto es el estudio de los problemas morales que surgen en la actividad médica, en las investigaciones biológicas y en las ciencias de la vida en general, supere la visión que la vincula exclusivamente a las ciencias de la salud, y salte a ocuparse de cuanto busca mejorar la calidad de la vida humana.

 

No puede la bioética sólo reflexionar sobre los avances científico-técnicos producidos en los últimos años en la biología y la medicina, ni de rusticar o condenar científicamente el aborto, la ingeniería genética, técnicas de reproducción asistida, el trasplante de órganos, las  técnicas de eutanasia, distanasia y eugenesia  esiste la profunda necesidad de redimensionar racionalmente el agua como principio y sostén de la vida para  fundamentar y justificar los juicios morales que han de emitirse en la sociedad actual.

 

¿Por qué no exigir que, a la par de la consideración del agua como derecho humano, se introduzca la reflexión sobre el agua como asunto de la bioética?

 

[1] Comentario de la Dirección de Sabersinfin.com: El Dr. Luis G Benavides Ilizaliturri es doctor en múltiples y diversas disciplinas, políglota, ha sido catedrático, asesor educativo y conferencista en todo el mundo, es considerado uno de los mejores educadores del planeta. Sabersinfin.com agradece la autorización del Dr. Benavides para publicar este material,  pero principalmente se honra de conocer a un hombre que ante todo lo caracteriza su profundo amor a la vida.
[2] del latín: conferre reunir, consultar, poner en común cuyo participio activo conferens proviene del prefijo cum del indoeuropeo kom juntamente,al lado de, cerca, junto con; Prefijo que pasó al alemán como ge así como al antiguo inglés: v.gr. común gemeinsam; conformación Gestaltung; confesar gestehen.
[3]  fēng significa viento, ventana; shuĭ : agua.  Juntos ambos grafemas señalan la disposición o localización de una tumba, de los enseres de una casa.  Esta disposición tiene, según creencias, influencia sobre la fortuna o el bienestar.
[4]   shēng: vida, dar nacimiento, crecer, estar vivo, existir, es un símbolo compuesto por una planta que crece, y para hacerlo tiene necesidad de agua: tŭ es el pictograma de algo que surge o se levanta del suelo al cual se añade yĭ que al formar una palabra compuesta puede significar horizonte, cielo, único, íntegro.
[5]  que los mayas llamaron Chak y los zapotecos Cicij.
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