LAS GOTAS INÉDITAS DEL AGUAVIENTO
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LAS GOTAS INÉDITAS DEL AGUAVIENTO.

 Por: Felipe Galván*

Aguaviento es el nombre del corpus novelístico que presenta, en la Colección Alejandro Meneses de la Universidad Autónoma de Puebla, María Sanz, la narradora poblana que antes entregó Nunca un día con otro. De esta segunda entrega nos ocuparemos aquí. Por supuesto que sólo como un tercer acercamiento, y digo esto porque el arco hermenéutico se nos abre en posibilidades mayores de comprensión y en volúmenes más amplios de explicaciones conforme aumentemos, en número, los acercamientos. Lo que hoy escribamos para decir seguramente será menos sustancioso que lo que podamos signar dentro de dos lecturas más, pero sin lugar a dudas tiene cala hiperprofundizada comparándola con lo que nos pudo dar en el primer acercamiento. Y esa es la primera virtud que debo confesar respecto a la propuesta presentada por nuestra María Sanz: Aguaviento se lee con curiosidad, invita a la relectura con interés y seduce para investigarlo detalladamente en un tercer vuelo sobre las ciento cuarenta y dos páginas impresas que se concretaron en esta edición universipoblana.

 

Escribí vuelo, pero la verdad no sé si fue eso, un vuelo, pues bien pudieron ser viajes submarinos en el océano del corpus, o análisis cartográfico de imágenes localizadas desde un avión comisionado ex profeso. Por que ella, nuestra María, confiesa que para construir esto tuvo pláticas con una talentosa Matilde Sánchez de Sierra y dialogó con archivos y escritos de Roberto Vélez Pliego; se le escapan complicidades con Gloria, Paloma o Alejandra y deja entrever cierto intento de racionalidad apoyándose en uno o dos hombros de Mariano Morales. Hasta aquí lo que con firmeza puede decir, pero sabemos que con seguridad escuchó voces en este ahora y estos apoyos de seres generosos que me han acompañado en el paso por la vida; nos habla a los vivos del siglo XXI, pero ella narra una historia del siglo XIX. Cabe la pregunta: ¿Sólo le hablaron los vivos de ahora que nos dice que le hablaron o llegaron a hablarle los no vivos del ayer, de quienes cuenta su historia?
¿Qué es el autor? Un individuo que con la fuerza de su conciencia, la pureza de su rigor y lo implacable de su metodología inventa una historia a partir exclusivamente de su talentosa capacidad sensible que maneja personajes, circunstancias e historia hasta construir lo que nos propone. Esa es una posibilidad en que la Sanz pudo escribir su Aguaviento. Pero un autor puede, en otra opción, ser un vehículo en el que los personajes, habitantes del cosmos, depositan las necesidades de su decir por alguna vía lo que la intemporalidad les posibilite; y esa vía puede ser la que escriba, magnifique, comunique al mundo vivo porque ellos son pasado, son ayer, son fantasmas. Estoy reflexionando alrededor de los fantasmas que pudieron hablarle a María Sanz para que ella escribiera esta historia decimonónica para receptores del siglo XXI. Por supuesto que la autora no va a confesar sus conversaciones, confesiones, chismoseo o reporte de hechos que escuchó de la bicentenaria existencia fantasmal de la Hacienda de San Pedro de Ovando. ¿Por supuesto, los habrá escuchado?Aguaviento viene del XIX. El viento es perenne, el viento es constante, es intemporal; de modo que: viento decimonónico que llegas hasta nuestros ahoras, cuéntanos, dinos,  construye el ayer. El agua gira en ciclos y reciclos en la naturaleza de la vida. Esto significa que tal vez no fueron los fantasmas quienes le platicaron a María Sanz sino el agua, el viento. El XIX llegó a nosotros en edificaciones, en costumbres, en propiedades; en gente. No gente del siglo que permanezca viva, si no en gente que escuchó a gente que a su vez oyó de otra gente. María Sanz tuvo abuelos que le contaron cosas que a ellos comunicaron sus propios abuelos, y así sucesivamente hasta llegar a los personajes de este gran significante que provocará en los lecto-receptores tantos significados como número de ellos se den.Paul Ricoeur habló de que todo discurso literario roza la Historia, aunque sólo sea una historia. En Aguaviento vemos parte de la Historia de ese convulso, básico y poco estudiado siglo. La historia arranca, en una de sus líneas, en la batalla de El Álamo, y desde ahí se arrastra por la pradera hasta la hacienda poblana, con esa ubicación llega hasta los tiempos juaristas y la amenaza del Imperio de Maximiliano; o sea que la historia toma elementos de la Historia, pero los presenta como marco de historias de vida que se cuentan desde ese tiempo. Lo trascendente, aun en la cruenta guerra que se vive una y otra vez en el XIX, será la vida humana. Los catorce años de Luisito, los pocos de Rosa y los muchos de Lola, entre las Reina, los innumerables de don Luís y el trascender de la hacienda son las vitalidades que usa la autora para trabajar la construcción de una narración compleja y extendida en bastante tiempo. Lo interesante es como la cuenta.Usando una voz en primera persona, Luisito Loaiza o más bien el fantasma fresco de Luís abre la novela en su primer capítulo, en donde nos narra su entierro, su muerte y los dolores paternos de don Luís Loaiza por la pérdida del hijo. Montado en el Palomino, caballo fiel y responsable de la muerte del jovencito de catorce años, recorre la procesión, se transporta a la siembra para ver al padre haciendo surcos sin parar, va a la casa para confirmar su propia muerte evocando la muerte materna y regresando con el padre para tratar de que ya no sufra por la muerte del hijo que es él, quien hace esfuerzos para hablarle al padre que no escucha por la furia en que lo instaló la pérdida de su único heredero. A partir del segundo capítulo y hasta el dieciséis el fantasma de Luisito deja la narración en manos de algún omnisciente contador que mirará las campanas, las aventuras de Luís desde Texas, su paso por Ciudad Victoria, su rompimiento con sus dos forajidos camaradas en el momento en que le salva la vida a don José María de Ovando, su boda con Rosa Reina, hermana de Lola y madre de Luisito, su auxilio juarista y su obligación de rechazo contra Maximiliano. En su paternidad frustrada y su amasiato con Lola.Después regresará a la primera persona en el capítulo dieciocho, para continuar alternadamente hasta terminar en el treinta. Lugar adonde la lectura de esa ascendente historia lineal con ribetes circulares que parecen envolver la linealidad con una cinta de serpentina analéptica y prolèptica, concluyen con una fuerte invitación al acercamiento completo con este texto de alto nivel cualitativo que en esa estructuración enlaza cual cordones de zapatos de Van Gogh con las miradas de innumerables criterios que, como el del abrir analítico de Derrida, tendrá aseveraciones múltiples. Van aquí algunas posibles. En lo que el limitado tiempo de la presentación permite.Luisito Loaiza narra su entierro y después el narrador omnisciente que usa María Sanz platica de su concepción con antecedentes de maridaje, anuncio festivo, amenaza de aborto, ingesta de brebaje amargo para la embarazada, muerte en el parto, crisis de nacimiento, crecimiento entre el padre adorador y la tía que cuida, asiste e influye cual madre sustituta a un chiquillo huérfano con la enorme riqueza de poseer un padre que se dedica sólo a él. Ejemplar desarrollo que forma a un agudo, sensible y hábil joven, futuro administrador, como heredero de la funcionalidad del padre. Pero el desarrollo, orgullo paterno por el logro, se verá roto cuando el joven muere a los catorce años.

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