LA BIBLIOTECA LAFRAGUA DE ENRIQUE AGUIRRE Y HUGO DIEGO
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martinez garcilazo.jpgLA BIBLIOTECA LAFRAGUA DE ENRIQUE AGUIRRE Y HUGO DIEGO

Por: Roberto Martínez Garcilazo

Para Cristina Aguirre Beltrán

 

Lafragua: viaje al interior de la biblioteca de Hugo Diego.Fotografía de Gerardo “Guddini” Cortina. Diseño de Armando Hatzacorsian. Coedicion: Educación y Cultura y BUAP. Colección Legados. Primera edición septiembre del 2008.
 

 

Este libro es el producto de una afortunada circunstancia en la que coinciden talentos e historias excepcionales.

Hugo Diego es un hombre de letras extraordinario: investigador, escritor y, además, animador de la lectura (recordemos sus bellas publicaciones La Bicicleta  y Los Libros del Taller de la Bicicleta).   Ricardo Moreno Botello: un ciudadano ilustrado que posee una singular sensibilidad y bonhomía; un hombre de la cultura dedicado ejemplarmente a las labores editoriales. Y la Biblioteca José María Lafragua, el repositorio bibliográfico más importante de la BUAP y, además, uno de los más significativos y valiosos de la América Hispánica.

 

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Este libro de formato medio (20.5 por 28 cms), con interiores de papel couché y en selección de color, es uno de 176 páginas tan bellamente diseñadas como eruditamente escritas.

 

Un prólogo y once capítulos son las partes de este volumen –con pastas duras y camisa que lleva impresas imágenes de algunos libros que pertenecieron a conventos : Historias de la biblioteca, Un lector ejemplar, Libros enclaustrados, Arte de escribir, Libros y viajes, El libro y las tentaciones, Libros necesarios, El mundo es un libro, El libro de la naturaleza, Libros sagrados, y Libro de imágenes.

 

Para Hugo Diego, la biblioteca José María Lafragua es la heredera de una tradición intelectual donde la pasión por las ideas, el conocimiento y los libros han encontrado un lugar propicio en el laberinto de pasillos y patios del edificio Carolino desde el 15 de abril de 1587, fecha en la que don Melchor de Covarrubias entregó 28,000 pesos de plata a la Compañía de Jesús para la construcción de un colegio y de una iglesia en la ciudad de Puebla. Aquí es útil anotar que la Biblioteca Palafoxiana –otro de los grandes repositorios poblanos de libros antiguos- fue fundada en 1646; esto es 59 años después.

 

Nunca, como ahora,  había tenido conciencia tan clara de las fronteras epistemológicas de la reseña. Estas notas jamás podrán referir el contenido del libro de Hugo Diego porque su Lafragua: viaje al interior de la biblioteca es de hecho la admirable reseña literaria de un conjunto de libros, de una biblioteca.

 

Pero  también es un emotivo retrato del gran maestro Enrique Aguirre Carrasco (1915-2000), del bibliófilo que fue director de La Biblioteca. Lo escribo con mayúsculas porque tal vez ese sea el más humano de todos los destinos de vida posibles: ser uno mismo Director de La Biblioteca, es decir de un conjunto de libros que confieren significado a la vida personal. Por esto, tal vez, escribe Hugo Diego de Enrique Aguirre,  el célebre lector, que: Su memoria funcionaba como un espejo en donde se reflejaba la vastedad de los libros que había leído.

 

Los paseos por La Biblioteca que refiere Hugo Diego son alegoría del viaje del hombre  por la historia el mundo. La Biblioteca es arquetipo de la creación; el paseante es arquetipo del hombre: ¿Y el célebre lector y bibliotecario, de quién es arquetipo? No tengo respuesta a esta pregunta pero sí esta certeza: Hugo Diego ha convertido a Enrique Aguirre Carrasco en un entrañable personaje literario con vida propia que sigue –ahora, en estos dias nuestros- recorriendo los estantes y leyendo en los pasillos de La Biblioteca.

 

Adicionalmente, el autor nos ha legado la convicción  de que todo libro es un libro de viajes y de que todo viaje es Odisea.

 

En las primeras páginas de este libro Hugo Diego recuerda la frase  con la que Valery sentencia que  la politica fue inventada para olvidarese de las cuestiones realmente importantes.   -¿Y qué es lo realmente importante? Me pregunto.  –El viaje, la lectura, el conocimiento. Me respondo. Y esta respuesta –descubro- es también un propuesta ética ante la interrogación sobre la naturaleza del bien.    

 

En varios capítulos y pasajes del libro Hugo Diego pone en funcionamiento un mecanismo literario, que podríamos llamar palimsesto narrativo, consistente en narrar a partir y sobre una narracion previa y ajena, para confundir su voz con la de otro autor y así instaurar una inquietante entidad unitaria en la que uno sólo es el lector y el escritor a través de las eras del tiempo. Del tiempo, que según él, es otra forma de la poesía.  

 

No está ausente la crítica social en este libro: Hugo Diego cita a Victor Hugo: las conciencias se degradan, reina el dinero, se extiende la corrupción, las pasiones más bajas invaden las posiciones más altas …el éxito es una cosa bastante fea, su falso parecido con el mérito engaña a los hombres de tal modo que, para la multitud, el triunfo tiene casi el mismo rostro que la superioridad. Hugo Diego recrea la anécdota de Diógenes y sugiere que así como el filosofo busca al hombre en la multitud, el lector busca al libro en La Bibioteca. Hugo Diego cita a Benjamin Constant: Para el hombre que aspira a la eleccion popular, los tontos forman una corporacion respetable.

 

Lafragua: viaje al interior de la biblioteca es un libro excepcional y  paradójico que contiene en sus páginas a La Biblioteca. No me resisto y termino reproduciendo aquí su último fragmento: Algo de dolor y desesperanza se presiente en esta frase del Conde de Gobinau: No venimos del mono, vamos hacia él. ¿Pero si en lugar de los monos nuestros ancestros fueran las aves? ¿Qué tipo de sapiens seríamos? Tendríamos la sangre caliente y el cuerpo lleno d eplumas. Nuestros huesos serían ligeros y saldríamos de un huevo para contemplar el mundo. algo emocionante experimentariamos con el cambio de plumaje, como lo hacen las perdices tres y hasta cuatro veces al año. Tendríamos el corazón más grande y tal vez por eso las oleadas migratorias sólo dependerían de la necesidad de un poco de sol. Gracias al pico nos ahorrariamos todo el arsenal de instrumentos punzo cortantes que ahora necesitamos para comer. Tal vez el Conde de Gobineau tenga razón, pero observando los pájaros que pinto Audubon, qué bueno sería venir de las aves.

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