De los hombres más excelentes
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martinez garcilazo- ROSA NÁUTICA -

Es el título de un ensayo de Montaigne (1533-1592) en el que dá como ejemplo de excelencia humana a Homero (siglo VIII a.c.), a Alejandro Magno ( 356 a.c.-323 a.c.); y a Epaminondas (418 a.c.-326 a.c.).

En primer lugar, llama la atención el hecho que Montaigne recurra a la antigüedad clásica griega para construir sus modelos de ejemplaridad humana. No considera a su época digna de aportar un sólo nombre paradigmático. Seguramente esto tiene relación con la inveterada costumbre –hábito mental- de situar en el pasado remoto la edad de oro de la historia humana y, de esta manera, dar por perdidos los mejores días de la humanidad. Ciertamente esta es una forma ilustrada de pesimismo que nos sitúa en una posición que bien podríamos llamar nostalgia ética.

Otro elemento que merece comentario es la selección de los personajes: un poeta, un conquistador y un político.

El orden de presentación de esta breve galería de magníficos –Homero, Alejandro, Epaminondas-  es el de la jerarquía que el pensador francés les otorga en el universo humano: el creador de mundos en la cumbre de la excelencia, seguido del genio militar y, en el tercer lugar, el político. No está de más asentar que la selección de Montaigne contiene una ética y una estética implícitas.

Por ello resulta educativo traer hasta aquí el siguiente pasaje de El Héroe, oráculo manual y arte de prudencia (Castalia, 2003) de Baltasar Gracián (1601-1658): “Muchos habrían brillado como ave fénix en sus ocupaciones, si otros no los hubiesen precedido. Ser el primero constituye una gran ventaja; y con eminencia, doblemente buena. Sea el primero en dar las cartas y correrá con ventaja. Quienes llegan primero ganan fama por el simple derecho de progenitura, y quienes los siguen son como el segundo hijo y deben contentarse con porciones más magras. Salomón, con gran sabiduría, optó por el pacifismo dejando las cosas de la guerra a su padre. Al cambiar el curso, le resultó más fácil convertirse en héroe”.

Al escribir héroe, Baltasar Gracián se refiere a la virtus, que era la cualidad máxima del hombre en la antigüedad clásica; al escribir héroe, evoca el rasgo distintivo que le permite al hombre tomar las decisiones correctas en el momento preciso. Útil es ahora recordar que Maquiavelo (1469-1527) postuló que la vida del hombre es el producto vectorial de la suma de dos fuerzas: la virtud y la fortuna.

Caro lector, hablar de los hombres excelentes –siempre pretéritos y perfectos- tiene sentido porque instala un horizonte ético que orienta nuestros pasos en esta vida fugaz. Su ejemplo nos hace ser lo que podríamos ser, actualiza nuestras potencias y deroga –efímeramente- nuestras muelles miserias.

*Roberto Martínez Garcilazo es poeta y escritor poblano, director de Literatura, Ediciones y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura de Puebla.

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