
31 de agosto de 2020
ConoSer Bien
Trabajemos como si nunca tuviéramos que morir,
y vivamos como si tuviésemos que desaparecer a cada instante
Juan Melchor Bosco Ochienna - San Juan Bosco
El 21 de diciembre de 2010 la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) manifestó en la Resolución 65/209, su preocupación por el aumento de las desapariciones forzadas en todas las partes del mundo y el aumento de denuncias por hostigamiento, maltrato e intimidación a los testigos de desapariciones o a los familiares de las personas desaparecidas. Después de una larga deliberación en la Asamblea, se aprueba la Convención Internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas y se declara el 30 de agosto como el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, el cual comenzó a observarse en 2011.
Esta fecha recuerda a todas las personas que fueron detenidas y que se encuentran en lugares ocultos, fuera de contacto con sus familiares, prensa o público en general. Se calcula que entre 1966 y 1986 unas 90,000 personas desaparecieron en países como Guatemala, El Salvador, Honduras, México, Colombia, Perú, Bolivia, Brasil, Chile, Argentina, Uruguay, Haití y Venezuela, cifra que en muchos casos incluye a niños de corta edad y bebés nacidos mientras sus madres se hallaban sometidas al cautiverio.
La desaparición forzada de personas es considerada una de las más graves violaciones a los Derechos Humanos. Vulnera, de formas inexplicables, no sólo a las víctimas y su entorno familiar y social inmediato, sino a toda la humanidad en su conjunto, ya que la desaparición crea una incertidumbre aterrorizante y casi permanente sobre el paradero o suerte de las víctimas.
Desapariciones forzadas o involuntarias es un término utilizado jurídicamente para designar los delitos que violan múltiples derechos humanos y, cometidos bajo ciertas circunstancias, también son considerados crimen de lesa humanidad. Este crimen se caracteriza por privar la libertad de una persona por parte de agentes del Estado o un grupo de individuos que actúan con su apoyo. Muchas veces las víctimas son mantenidas en cautiverio y torturadas para luego ser asesinadas.
La desaparición forzada se ha usado a menudo como estrategia para infundir el terror en los ciudadanos. La sensación de inseguridad que esa práctica genera no se limita a los parientes próximos del desaparecido, sino que afecta a su comunidad y al conjunto de la sociedad. La desaparición forzada se ha convertido en un problema mundial que no afecta únicamente a una región concreta del mundo.
Las desapariciones forzadas, que en un inicio fueron principalmente el producto de las dictaduras militares, pueden perpetrarse hoy día en situaciones complejas de conflicto interno, especialmente como método de represión política de los oponentes. Algunos de los derechos humanos que las desapariciones forzadas violan con regularidad son: a) El derecho al reconocimiento de la personalidad jurídica; b) El derecho a la libertad y seguridad de la persona; c) El derecho a no ser sometido a torturas ni a otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes; d) El derecho a la vida, en caso de muerte de la persona desaparecida; e) El derecho a una identidad; f) El derecho a un juicio imparcial y a las debidas garantías judiciales; g) El derecho a un recurso efectivo, con reparación e indemnización y h) El derecho a conocer la verdad sobre las circunstancias de la desaparición
Las desapariciones también suponen en general una violación de diversos derechos de carácter económico, social y cultural, tanto para las víctimas, como para sus familias como: i) El derecho a la protección y a la asistencia a la familia; ii) El derecho a un nivel de vida adecuado; iii) El derecho a la salud y iv) El derecho a la educación.
Según cifras oficiales, hasta junio de 2020 en México había más de 73 mil personas desaparecidas. Detrás de esa cifra hay cientos de miles de familiares que sufren las ausencias y cuestionan las estrategias de búsqueda del gobierno, a estas víctimas se suman los desaparecidos de las décadas de los años 60, 70 y 80. Uno de los mayores actos de desapariciones forzadas se perpetró en la madrugada del 27 de septiembre de 2014, donde estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, fueron atacados por agentes de la policía municipal dando como resultado 6 personas muertas y 43 estudiantes desaparecidos.
Permítaseme concluir este artículo con las palabras de Laura Restrepo: “La muerte de un ser amado es cosa atroz, pero al fin y al cabo cerrada, concluida, sin vueltas hacia atrás ni hacia adelante. En cambio, su desaparición es una puerta abierta hacia la eterna expectativa, hacia la no respuesta, la incertidumbre, lo fantasmagórico, y no hay cabeza ni corazón humanos que puedan sufrirla sin acercarse en mayor o menor medida al delirio”.
Desapariciones forzadas, pesadilla latente que por desgracia no tiene fin.
Al final, amable lector, usted tiene la última opinión.


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