MANIFIESTO POR EL GÉNERO DEL CUENTO DE NUNCA ACABAR
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francisco garzon cespedes.jpgMANIFIESTO POR EL GÉNERO DEL CUENTO DE NUNCA ACABAR

Por: Francisco Garzón Céspedes*

 (Cuba/España)

AFIRMO QUE:

  • El cuento de nunca acabar es una fórmula en sí misma de milenaria presencia que se constituye como género en sí en uno de los bienes culturales de la invención y la creación humanas, uno a salvaguardar como patrimonio cultural inmaterial, siendo por sus cosmos, singularidades, estructuras y valores, por sus propuestas y obras en suma, un género del pasado, del presente y del futuro.

 

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  • El cuento de nunca acabar es una fórmula que tipifica una de las proyecciones más ingeniosas que nos han legado las tradiciones artísticas, y su universo de fondo y forma, de creaciones e intenciones, es de una riqueza y poderío que se manifiesta, como género en sí, con nuevas y muy disímiles obras dentro de cada época, por lo que ha tenido presencias, desde que surgiera en la sociedades de oralidad primaria, también en las sociedades de escritura y en nuestras actuales sociedades de escritura y medios audiovisuales.
  • El cuento de nunca acabar ha llegado con sus prodigios a nuestras sociedades contemporáneas desde las que denomino tradiciones memorísticas (tradiciones memorísticas artísticas expresivas) y desde las tradiciones orales (que denomino tradiciones orales artísticas comunicadoras), aunque posiblemente más desde las tradiciones memorísticas dichas a voz y cuerpo vivos (ésas que cuentan tal cual en cuanto a lo verbal) que desde las tradiciones orales que no admiten la literalidad. Aunque preciso es que anote que esta fórmula devenida en género del cuento de nunca acabar, como fórmula y género en sí, constituye un firmamento que admite varias estructuras formulísticas, y algunas de éstas estructuras incluyen dentro de su juego una pregunta que se hace a quien escucha (y, por excepción, la incluyen no sólo como algo meramente formal), esperando al preguntar una posible respuesta, lo que convierte al otro, por tanto, en ese instante fugaz en que se le pregunta y responde, en interlocutor. Caso singular, cuando así ocurre, en el que interviene lo oral (por lo que aludo también, siempre como presencia de excepción, a que en algo nos llega el cuento de nunca acabar desde las tradiciones orales, que, insisto son comunicación y no son sólo expresión en cuanto a lo verbal, al contrario de las tradiciones memorísticas). Y preciso es que anote que también está lo oral (que no es la simple verbalización en voz alta sino imagen hablada en comunicación con otro u otros seres humanos presentes todos físicamente en el mismo espacio), reitero, que también está lo oral imponiéndose sólo de manera parcial a lo memorístico en cuanto al cuento de nunca acabar y en las tradiciones y en su verbalidad, cuando constatamos que, al ser y ser y ser contado determinado cuento de nunca acabar a voz y cuerpo vivos, algunos de sus elementos (los de dentro de sus sucesos; o sus personajes o sus modos verbales…) cambian desde los rejuegos de la memoria y de la reinvención y desde la adecuaciones de la oralidad, apareciendo el mismo cuento original, el mismo cuento formulístico, el mismo cuento base de nunca acabar, en diferentes países o regiones en versiones distintas, unas que permiten sí reconocerlas como de igual raíz y tronco aunque cambien en cuanto a unas u otras de sus ramas, y que muchas veces, de haber sido creada la obra en verso, dentro de lo que conservan tal cual están las palabras que garantizan su rima o sus rimas. Insisto en que rigen, en cuanto al cuento de nunca acabar, las tradiciones memorísticas porque el cuento de nunca acabar tiende a una estructura más bien cerrada desde lo verbal, aunque abierta en su sugerencia de posible reiteración hasta el infinito y en sus intenciones y resonancias, entre más. Una fórmula, la del cuento de nunca acabar que, al ser en muchos casos cíclica (las palabras “últimas”, es un decir, enlazan con las del comienzo, o el cuento prosigue reiterando el comienzo), y siempre, de una forma u otra, al ser reiterativa explícita o implícitamente, requiere de la precisión literal al decir respecto del original, por lo que lo caracteriza al decir es lo memorístico y no lo inventor/reinventor.
     
  • El cuento de nunca acabar es una fórmula y género en sí que trasciende las fronteras consideradas como clásicas del cuento, por lo que requiere el ser valorado en sí como el universo de originalidades que es. En efecto, como se ha afirmado en negativo y sin profundizar, muchos de los cuentos de nunca acabar no son un cuento (ni en prosa ni en verso) porque no hay acción (sino, por ejemplo, sólo describen) y/o porque su estructura no llega a contener la clásica del cuento como género: comienzo, nudo o conflicto, clímax y desenlace; y porque en ocasiones ni siquiera los cuentos de nunca acabar cuentan algo, limitándose al juego, por ejemplo, de preguntar una y otra vez, y sin más, si se desea que se cuente ésa o aquella historia. En efecto, muchos de los cuentos de nunca acabar no son un cuento ni tienen que serlo. No olvidar que además poseen como elemento la reiteración, y algunos el ritornelo, que son dos de los instrumentos más poderosos de la expresión y de la comunicación. Y no olvidar su carácter lúdico y su derecho a los juegos de palabras y a establecer diálogos; y su derecho al placer del disparate y la extravagancia y la originalidad.
  • El cuento de nunca acabar como fórmula y género en sí dentro puede incluir, en ésa o aquella de sus obras, las características de otros géneros: las del divertimento de origen conversacional, las de la poesía, las del cuento, entre más; pudiendo ser creado el cuento de nunca acabar en verso o en prosa, y  desde una u otra fórmula prototípica que lo dimensione, o sugiera como sin acabar en la acción de ser contado. Porque, cuidado, de haber un argumento, esa trama puede cerrar, pero lo que no cierra desde esta fórmula, lo que no cesa para ser más exacto, desde una u otra de sus estructuras, es el contar desde sí de ese cuento de nunca acabar, un contar que reitera la totalidad o reitera una parte del argumento (o implica que se reitera) sugiriendo que la acción de contar seguirá al infinito, hasta el infinito. Otra precisión importante que debo incluir, por más que de tan evidente pudiera parecer innecesaria, es que “contar” es un término genérico, y que por eso cuando se habla de cuento de nunca acabar podemos hablar de prosa o podemos hablar de verso, y que, en muchos casos de este género en sí del nunca acabar, el verso está porque facilita la memorización y la exactitud, porque facilita la literalidad necesaria a la trasmisión desde el decir en voz alta y cuerpo vivos (tradición memorística que puede o no abrirse a lo, o convertirse en, oral).
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