Todos son machos hasta que la cuchara vuela
Minuto a Minuto

15 de enero de 2015

Podemos recordar que cuando vivimos nuestra infancia, nos muestran toda una serie de reglas que debemos seguir aunque estemos en desacuerdo con ello, una serie de normas del cómo comportarnos ante los demás y en ocasiones hasta con nosotros mismos, aunque quizá el espejo muestre lo contrario, es decir aunque no estemos de acuerdo, y deseemos hacer los opuesto o algo completamente distinto.

Son estas normas que reproducimos y enseñamos constantemente, lo que determina si cumplimos con los requerimientos sociales para ser de uno u otro género, los cuales suelen aparecer hasta en las tareas más cotidianas y las frases más comunes que empleamos; como la tan afamada frase “todos son muy machos hasta que la cucaracha vuela” como si hubiésemos perdido, en algún momento el derecho a experimentar temor, o si esta debilidad y este sentido de alerta que nuestro cuerpo produce para protegernos del peligro fuera algo negativo.

Se nos ha entrenado para ser fuertes, y cuando nos enfrentamos a situaciones peligrosas o que causan temor, no nos permiten expresar esto y otras emociones puesto que se tiene la idea que es señal de debilidad, y parece importante continuar ejecutando los rituales de reafirmación de la hombría, con frecuencia, a fin de no perder el poder que se ejerce sobre los demás, con tal de no perder el control y seguir manteniendo el status en la sociedad, existe esta creencia, quizá, de que se perdería la integridad al aceptar que también sentimos este tipo de emociones, que también experimentar temor y repulsión a ciertos insectos o situaciones, esta idea simplemente es inconcebible.

Son estas frases parte de los rituales de hombría, de valentía, en el que debe de mostrarse la “natural fortaleza” con la que se nace, y experimentar debilidad es algo que hay que evitar a toda costa, es decir, “no dejar de ser machos” o “no dejar de ser hombres” y percibir temor es no serlo, es perder esos privilegios asignados socialmente (y no naturalmente), tales como el ser protagonista de una historia o de una situación o no sentir culpa con respecto a las cosas que pensamos o decimos e incluso el privilegio de no equivocarse, sin embargo estos son aspectos de otro tema.

Esto puede pasar desapercibido, pero considero importante echarles un vistazo y es que, ¿Acaso no nos han educado que los sistemas violentos y patriarcales son comunes?, e incluso ¿No le hemos asignado la categoría de “naturales” con el fin de excusar que se lleven a cabo?, por supuesto con la consigna “así son las cosas y ni modo” ó “así fue como me enseñaron a mí” , como si esto no estuviera en nuestras manos, dejando de un lado nuestra responsabilidad, por supuesto es un trabajo muy largo y laborioso, ya que desligarse de estos sistemas es parecido a cuando tienes una gorra puesta durante tanto tiempo, que al quitártela aún la puedes sentir en tu cabeza.

Lanzo esta cuestión simplemente a modo de reflexión personal que decidí compartir, interrogando solo una mínima parte de lo común, los rutinario, lo cotidiano, que en la mayoría de las ocasiones, ocultan nociones que no podemos percibir a simple vista pues estamos demasiado acostumbrados a ellas o quizá también podemos preguntarnos si más bien nos han enseñado a no verlas.

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Abraham Sastré: Pasante de la Licenciatura en Psicología interesado en el área social y sexualidad, colaborador de Diverpsige A.C y REDefine Puebla.