Más informalidad laboral, efecto de la pandemia en mujeres
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13 de abril de 2022

En Colombia, el 75 % de las mujeres entre 25 y 65 años están dentro de las categorías de informalidad más precaria (informalidad de subsistencia e informalidad mixta), con ingresos promedio mensuales inferiores a 210.000 pesos, mientras que la cifra para los hombres es de un 54 %.

La economista María Cristina Bolívar Restrepo, magíster en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, afirma que “tales datos evidencian una brecha de género de 21 puntos porcentuales a favor de los hombres”.

“Al analizar las tasas de ocupación y desempleo, noté que aunque esta última se redujo, la ocupación no creció; eso quiere decir que las mujeres crecieron en la inactividad, dejaron de estar dentro de la fuerza laboral, se cansaron de buscar empleo, tienen razones de desaliento o se les incrementó el trabajo doméstico durante la pandemia”, señala la economista.

Por lo general las estadísticas del DANE muestran que tradicionalmente las tasas de ocupación y participación femenina en el mercado laboral colombiano han sido desfavorables en comparación con la masculina, las brechas se profundizaron con la pandemia.

Para evidenciarlo, la magíster analizó los microdatos del DANE de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) y los datos de los ocupados informales 2017-2019, después de la depuración de 383.635 individuos.

Después subdividió la población informal en cuatro categorías: subsistencia o precaria, mixta, inducida y voluntaria; luego, a partir de un modelo logístico multinomial, obtuvo información sobre las probabilidades de que un individuo pertenezca a alguno de los cuatro tipos de informalidad según las variables socioeconómicas evaluadas, entre ellas edad, años de educación, sexo, horas dedicadas al trabajo no remunerado y al trabajo remunerado y estado civil.

Uno de los principales hallazgos es que en 2019, antes de la pandemia, la brecha de género en la tasa de participación laboral era del 20,8 % a favor del hombre, y un año después creció un 22,7 %.

Sin embargo, en 2021 cuando la economía empezó a reactivarse, la brecha había aumentado a 22,9 %, debido a que la tasa de recuperación masculina tuvo una velocidad mayor que la femenina.

La magíster explica que “los resultados del 2021 fueron similares a los del 2010, lo que significa que retrocedimos en 11 años de esfuerzos”.

Tipos de informalidad

Con respecto a la informalidad de subsistencia o precaria, la investigadora encontró que esta presenta ingresos menores o iguales al 70 % del salario mínimo legal, es decir que una mujer gana en promedio 210.000 pesos al mes, y solo el 48 % alcanzan a terminar el bachillerato. El 55 % tienen pareja y en un 58 % no desean cambiar de trabajo.

En relación con la informalidad mixta, las mujeres perciben ingresos menores o iguales al 70 % del salario mínimo (232.000 pesos mensuales), el 50 % finaliza el bachillerato y el 65 % conviven con su pareja. Y algo particular es que el 78 % de ellas no desean cambiar de trabajo y se benefician de la seguridad social de sus maridos, amplía el estudio.

La informalidad inducida la componen mujeres que tienen estudios profesionales, experiencia laboral o en la técnica u oficio que desempeñan, pero están excluidas del sector formal. Sus ingresos son mayores al 70 % del salario mínimo (791.000 pesos mensuales), el 52 % terminan sus estudios de bachillerato y el 27 % alcanza estudios universitarios. Solo el 45 % conviven en pareja.

En la informalidad voluntaria se encuentran aquellas mujeres “autoemprendedoras” porque deciden abrir su propio negocio o emplear a alguien más para que les ayude. Sus ingresos son mayores al 70 % del salario mínimo (938.000 pesos), el 49 % termina sus estudios de bachillerato y solo el 35 % culmina sus estudios universitarios, y el 89 % desean continuar en la informalidad.

¿Cómo cerrar brechas?

Para la magíster, “las políticas públicas son una gran ayuda para cerrar las diferencias laborales entre hombres y mujeres, pero la mejor forma de combatirlo es rompiendo los estereotipos culturales y sociales asociados con la mujer”.

Además, permitirles a las familias disminuir las cargas de los cuidadores a menores y adultos mayores, romper con los estereotipos de la división sexual del trabajo, conciliar la vida familiar con la laboral (jornadas medias bien remuneradas).

Por último, señala que “entender las dinámicas que rodean a la mujer dentro del mercado laboral informal es fundamental no solo por la implementación de políticas y leyes en pro de su desarrollo y crecimiento dentro de la sociedad, sino que también juegan un papel fundamental para romper los paradigmas y las estructuras que intentan limitar a la mujer desde sus dimensiones personales, profesionales y familiares”.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co
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