Hasta aquí la historia viva, la anécdota que descompone al pueblo porque hacia años en que no fallecía un joven casi niño, hecho que hace llorar a la Matlalcueyetl, la Malinche. Pero eso no es suficiente para María Sanz, ella se mete a la necesidad del ajuste de cuentas. Luisito, joven nacido en muerte por parto, no puede irse sin saber por qué murió su madre. Sobre todo habiendo comprobado, horas antes de su muerte, que no fue la culpabilizada Dominga, la partera que desapareció del pueblo después de atender el parto de Luisito que causó la muerte de Rosa Reina, su madre. Pero si Luisito es ya difunto, el problema a resolver es el de quién cuenta la muerte, quién investiga al o a la culpable; porque Rosa murió sin dejar huella de asesinato. Es ahí donde María Sanz juega con sus dos narradores, el vivo, ese omnisciente que cuenta analèpticamente y el muerto que narra desde la vitalidad del alma libre o el espíritu suelto. Esos dos narradores son también quienes nos hablan desde dos atmósferas, generando así dos mundos y dos estilos artísticos. La narración omnisciente es realismo puro, se acerca a lo que algunos teóricos catalogan como Novela histórica, termino que personalmente no comparto pues creo que este realismo por muy fidedigno que sea a datos históricos, es una construcción de otredad, por tanto es una ficción de la literata María Sanz, no una aportación de la historiadora María Sanz. Por otro lado la narración en primera persona, en un compromiso diegètico narrativo, es un relato fantástico, realismo mágico dirían algunos teóricos amantes de clasificaciones rulfiano patrióticas, en el que esa ánima o alma vaga por los aconteceres posteriores a su deceso con el único afán de encontrar un culpable de lo que no pudo resolver en vida. Importante y trascendente tarea que le da verosimilitud a una fantástica voz, la del muerto.
Busqué a mi tía Lola para decirle que los espíritustienen alma y reclamarle porque lo que me enseñó en el catecismo no me sirvió de nada. Eso sí, los cuentos de aparecidos eran de verdad. Me urgía entender muchas cosas y, sobre todo, descubrir quién le había hecho daño a mi mamá. Lo pagaríaantes, después o por siempre. (91) Quizá este es el núcleo actancial del espíritu de Luisito, la columna vertebral de la construcción de la otredad fantástica que ficcionaliza la autora. Semejante atracción tiene la línea accional de otros personajes centrales. Rosa Reina y sus ánimas benditas del santo purgatorio, Lola Reina y su amor desamor filial con su deseo eterno por el marido de la hermana o el viudo de esta, Luis Loaiza y su historia compleja de existir, Recia y sus amores de tierra y sus amasiatos con y en el más allá y Dominga , la villana que parece no ser. Cada uno de estos personajes por sí solos puede ser objeto de un acercamiento actancial profundo; sin embargo intentemos resumir con el planteamiento claro de quién es el protagonista. Por la profundidad de cualquiera de los Luises alguno de ellos podría serlo, por la concreción de alguna de las Reina también tienen características protagónicas; pero es esa suma lo que nos da la conclusión clara: todos son personajes. En Aguaviento, de María Sanz, el protagonista es el conglomerado humano de la hacienda de San Pedro de Ovando en los mediados del siglo XIX, un conglomerado que vivió las guerras de esos tiempos, las circunstancias y la Historia que le permite a la autora hacer su historia y contárnosla. La pregunta principal subsiste: ¿Dónde encontró la autora a la historia?Indudablemente que en la familia Sierra Sánchez se guardan pláticas heredadas, decires que ubican ayeres remotos, confidencias que se han hecho y continúan haciéndose de generación en generación; esas fueron potenciales fuentes de la autora para transigir con el texto; un texto que escuchó el mal de archivo que permitió acceder a la sensibilidad de la fabricante de este artefacto gracias a Vélez; pero también, y esto es innegable, escuchando las paredes de hace siglos en la construcción bicentenaria que guarda ecos lejanos, energías que por ahí circularon, y fantasmas que siguen gritando a los cuatro vientos la necesidad de resonar su voz, contar sus vidas, clarificándonos a ese siglo que nos vio nacer como país, como patria, como Estados Unidos Mexicanos y que, como María Sanz, nos puede mojar la conciencia con el Aguaviento que permanece ahí, al alcance de oídos sensibles como los de nuestra autora, repito: María Sanz. *Felipe Galván es dramaturgo, editor e investigador mexicano.








