LA VIOLENTA INDIFERENCIA A LA VIOLENCIA
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LA VIOLENTA INDIFERENCIA A LA VIOLENCIA

Por: Elizabeth Velázquez Barragán*

 A cuatro años recuerdo las voces al unísono de “ ETA ESCUCHA, ASI ES COMO SE LUCHA”. Esta es una de las frases que conducían las concentraciones nacionales del viernes 13 de marzo del 2004 a las 7:00 de la noche por todas las comunidades, provincias y ciudades españolas, tras del que fuese el mayor  atentado en contra de la ciudadanía Europea,  lo que hace que estas palabras no sean suficientes ante  la impotencia que estos actos sometieran a toda la población.

Una enorme concentración humana consciente de su repudio a la violencia dio cita ese viernes a millones de españoles y extranjeros en todo el territorio nacional como manifestación de repulsa contra el acto que dio lugar a un saldo de más de 198 muertos y centenares de heridos.

   

 

 

Los ciudadanos vivieron en las muertes de Madrid sin importar ser castellanos,  africanos, vascos, asiáticos, andaluces o americanos. Todos  ellos hicieron propio el dolor de los ciudadanos víctimas de la sinrazón y de la inhumanidad. Pero también hoy la sociedad que habita la nación española hace suya la fría y la serena determinación de exigir fin a la incertidumbre que afecta esta nación.

Una muestra de unidad y humanismo libre de doctrinas religiosas, razas y conflictos separatistas, hicieron de este movimiento un ejemplo de solidaridad y madurez ciudadana, que lleva consigo no sólo una consciencia del deber nacional, sino que permitió expresar toda la sensibilidad humana ante la injusticia, el dolor y la violencia, que como en cualquier situación es injustificada.

México es sin duda un pueblo solidario y sensible ante la desgracia, sin embargo, la violencia que vivimos diariamente en nuestra propia nación nos ha sumergido en una peligrosísima postura de  indiferencia, que aunque de manera distinta, no deja de gestar desconfianza a nuestras vidas en pequeñas dosis, que atenta latentemente contra nuestra seguridad y, que por si fuera poco, permite sea parte de nuestra forma natural de vida.

Miles de niños, niñas y adolescentes en México, crecen en un contexto de violencia cotidiana que deja secuelas profundas e incluso termina cada año con la vida de centenares de ellos. No es casual entonces, que un gran índice de nuestros jóvenes vean a la violencia como parte de vida. Según el Informe Nacional de la UNICEF (2006), 2 niños con menos de 14 años mueren cada día a causa de la violencia en México; en el 2005, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) registró un total de 677 muertes causadas por homicidios entre los jóvenes de este grupo de edad (tres veces más que en este atentado).  Tal vez no sea causa de comparación, pero no tenemos acaso ya suficiente violencia callejera, crímenes organizados, extorsión telefónica, asesinadas en Chihuahua, o hasta inclusive la inseguridad en nuestros propios hogares. Estos actos que no dejan de ser inhumanos e injustificados, son y deben de ser preocupación prioritaria de la población nacional. Somos nosotros los afectados por la situación de nuestra caótica y latente condición de inseguridad.

Tal vez, y antes de seguir con esta dinámica, deberíamos cuestionarnos si concebimos a la violencia aquella que abanderada un movimiento extremista, entonces, ¿Cómo concebimos a aquellos que hacen de la explotación, extorsión y el maltrato una forma de vida; acaso estamos valorando nuestra existencia social dentro de una violencia habitual de vida?

La intención de este mensaje, no es sólo promover el apoyo y la solidaridad a países que han sufrido el duelo e incertidumbre de ataques masivos a su población, sino que además es un reclamo a reflexionar sobre el ataque de la sociedad a sí misma por medio de la indiferencia. También es una invitación a reconocer nuestro poder social ante esta lucha.

Es un llamado a la sensibilidad, a la participación  y  a la necesidad de exigir nuestro derecho a ser libres, a vivir con seguridad y a valorar nuestra integridad.

Hoy por hoy, necesitamos ser críticos y conscientes de que el mundo tiene un curso imparable y devastador, pero también habría que reconocer que este fenómeno es fuertemente  fomentado por la indiferencia y el silencio.

A cuatro años del fatal evento en Madrid; y cuando tenía mayores esperanzas en el despertar de la conciencia pacificadora del mexicano,  veo con tristeza que nuestro grandioso país se ha envuelto en “la violenta indiferencia a la violencia”. Aún confío que nuestro pueblo no está conforme con el sometimiento a la incertidumbre y la inseguridad, “niego” que mis compatriotas acepten una  vida que cada día es menos digna. Por el contrario, admito y apuesto por la búsqueda social de una vida civil plena.

“MEXICO, TIENES UNA LUCHA PENDIENTE CONTRA LA INDIFERENCIA A LA VIOLENCIA CIVIL”.

 

*Elizabeth Velázquez Barragán (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es candidata a Doctora en Educación por la Universidad de Sevilla.

 

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