Zapatos incómodos (Artículo)
Minuto a Minuto

 

 

8 de septiembre de 2021


Hace ya varios años, un día de verano, salí a caminar muy temprano por mi ciudad; el aire estaba fresco, no había brisas importantes, ni ruidos con ansias de protagonismo; sólo la luz mañanera de un día, levemente, nublado y las calles que se presentaban ante mí, como alfombras rojas dando la bienvenida. Era una mañana tranquila, amigable, pero que me deparaba una pequeña sorpresa. En una de las tantas vueltas que di, mis pies se detuvieron, bruscamente, porque mis ojos fueron sorprendidos por un simpático par de exóticos zapatos atigrados femeninos, que estaban abandonados y prestos para caminar sobre un breve escalón en una esquina; era una verdadera instalación artística. Me detuve a observarlos, me acerqué, miré hacia todos lados, no había ni un ser a la vista, únicamente, la quietud de la hora temprana, que lo impregnaba todo, y los zapatos. Después de sentir una sensación indefinida, esperé un poco para ver si ocurría algo más, pero nada sucedió, excepto que el reloj seguía contando minutos; decidí, entonces, tomarles una foto y seguí mi periplo; pero me quedé pensando en la dueña de los zapatos, era como si ella se hubiese esfumado en el aire, mientras caminaba; concluí que, de seguro, le resultaron incómodos en este punto de su trayecto y decidió abandonarlos. Comencé a conjeturar cómo había continuado su caminata descalza, liberada de este par de torturantes “amoldadores” de pisadas, que por su aspecto prometían altura, sensualidad, miradas de admiración y belleza. La imaginé quitándoselos, moviendo los pies con el placer de la liberación, estirando y contrayendo los dedos, gozosamente. Los dejó ordenados, para indicar que ella misma se los quitó; la concebí aliviada, caminando libre, sin dolor, con las pantorrillas y la columna vertebral relajadas, los pies agradecidos recibiendo la energía de la tierra. La dueña no pensó ni siquiera en recogerlos para llevarlos consigo, no le importó el precio que quizás pagó por ellos, simplemente, los dejó.

Muchas veces, en la vida, vamos calzando zapatos incómodos, manifestados en situaciones complicadas, relaciones negativas, trabajos insufribles, compromisos impuestos, ideas dolorosas, conceptos que nos definen en contra de nuestra voluntad, herencias fatigantes, en fin, la lista puede ser muy extensa. Posiblemente, ni siquiera han sido nuestras decisiones las que nos han llevado a las circunstancias que nos quitan la paz. Pero tal vez, como la protagonista, que siguió su camino descalza, es cuestión de detenerse; analizar si existe una salida y liberarse del martirio; abandonar, drásticamente, lo que nos está molestando, sin que nos importe el costo. La libertad es una posesión muy valiosa, y si bien es cierto que la libertad absoluta es una ilusión, las leyes de la Física así nos lo demuestran, sí podemos, al menos, intentar optar por elegir mejores escenarios en los cuales lograr desarrollar, más positivamente, nuestro efímero y prestado existir terrenal.

 
María Alejandra Vidal Bracho es artista visual, poeta y colaboradora de Sabersinfin
next
prev

Hay 916 invitados y un miembro en línea

  • Jorge Nández