LOS NIÑOS CAMBIAN MI RUMBO
Minuto a Minuto

Índice del artículo

 

 


Que canten los niños que alcen la voz
que hagan al mundo escuchar
que unan sus voces y lleguen al sol
en ellos está la verdad.

Que canten los niños que viven en paz
y aquellos que sufren dolor
que canten por esos que no cantarán
porque han apagado su voz.


Yo canto para que me dejen vivir
Yo canto para que sonría mamá
Yo canto porque sea el cielo azul
Y yo para que no me ensucien el mar
Yo canto para no los que no tiene pan
Yo canto para que respeten la flor
Yo canto porque el mundo sea feliz
Y yo canto para no escuchar el cañón.


Que canten los niños que alcen la voz
que hagan al mundo escuchar
que unan sus voces y lleguen al sol
en ellos está la verdad.
Que canten los niños que viven en paz
y aquellos que sufren dolor
que canten por esos que no cantarán
porque han apagado su voz.

Yo canto porque sea verde el jardín
Y yo para que no me apaguen el sol
Yo canto por el que no sabe escribir
Y yo por el que escribe versos de amor
Yo canto para que se escuche mi voz
Y yo para ver si les hago pensar
Yo canto porque quiero un mundo feliz
Y yo por si alguien me quiere escuchar.



Que canten los niños que alcen la voz
que hagan al mundo escuchar
que unan sus voces y lleguen al sol
en ellos está la verdad.
Que canten los niños que viven en paz
y aquellos que sufren dolor.
que canten por esos que no cantarán
porque han apagado su voz.


Por lo tanto, será necesario escucharlos, acompañarlos, estar con ellos desde el lugar donde nos encontremos para que sigan cambiando no sólo la historia sino “mi rumbo”. Ellos son una parte muy visible en nuestro mundo ¿Qué no les vemos?
En conclusión Traigamos “aquí y ahora” aquella canción de Serrat: “Esos locos bajitos” en la que si nos dejamos interpelar por su mensaje, nos estaremos sabiendo llamados a una misión: “los niños cambian mi rumbo”. No solo el mío sino también el tuyo y el de otros que van contigo en este viaje.


Esos locos bajitos que se incorporan
con los ojos abiertos de par en par,
sin respeto al horario ni a las costumbres
y a los que, por su bien, hay que domesticar.

Niño,
deja ya de joder con la pelota.
que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.

Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
nuestros rencores y nuestro porvenir.
Por eso nos parece que son de goma
y que les bastan nuestros cuentos
para dormir.

Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones
con la leche templada
y en cada canción.

Niño,
deja ya de joder con la pelota.
que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.

Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día
nos digan adiós.

* Artículo enviado por Colectivo a Favor de la Infancia

Más artículos de Luis Fernando Paredes Porras: