La mil máscaras y su Inocencio
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Angas o mangas

“La mil máscaras” y su Inocencio

El sastre

Son los inocentes y no los sabios

los que resuelven las cuestiones difíciles.

Pío Baroja (1872-1956) Escritor español.              

Resulta que mi esposa se baña sentada, y todas las personas de edad a quienes le han cortado una pierna saben que así es más seguro, no puedo decir que es más cómodo, pero se trata de evitar un chingadazo. En mis años mozos hubiera cargado a mi amada desde la cama hasta el baño y de regreso, pero ahora sólo puedo arrimarle las chanclas y la toalla, pues antes, sus 45 kilos la hacían una pluma hermosa, hoy pesa más que una guajolota navideña, hermosa eso sí, pero si trato de cargarla capaz que me fracturo la cadera y ahí se pondría bueno el desmadre. Por eso contratamos a la hija de “la mil máscaras” para que haga ese rudo trabajo.

Ya les dije que el Sindicato de Ficheras, Pirujas, Anexas y Similares, por sus siglas SIFICHPAS, sigue en silencio su trabajo en favor de las familias de las muchachas y muchachos que le hacen al talón, ya de manera oficial o haciéndose mustios, pero le hacen. Les debo aún los informes del comportamiento de las piezas claves que logramos insertar en los Ayuntamientos a cambio de brindar el apoyo a los actuales Presidentes Municipales de la región. Pero eso es aparte. El caso es que “La mil máscaras” es una Doña de unos 55 años que se vino de Guadalajara con eso de la papelera, se dedica al talón en sus tiempos libres, los cuales no son muchos, pero aprovecha el tiempo, pues con eso de que vende todo lo que tenga catálogo es una de nuestras afiliadas clave para el buen funcionamiento del SIFICHPAS, ya que anda trayendo un catálogo de todas la mujeres, mayates y chotos y se lleva una comisión, además de que ella también se promueve cuando le conviene.

Es muy convenenciera porque por eso le dicen “la mil máscaras”, y ahí están divididas las opiniones, unas muchachas dicen que le dicen así por su habilidad de caerle bien a todo mundo, a cada persona le agarra el modo en chinga y vende de a madres; otras dicen, sus compañeras de sus mejores años cuando era una chamaca de 17 y comenzó por gusto a darle duro al gusto de la carne, que siempre fue bien inteligente y tenía una amistad que le traía condones de Estados Unidos, cuando nadie quería usarlos, estamos hablando de por 1976, pero ella sí los usaba porque decía, no quería chingarse la vida con una enfermedad rara o tener que truncar sus planes por un chamaco.

Déjeme decirle que “la mil máscaras” tiene estudios universitarios, es egresada de la máxima casa, la UNAM y estudió administración de empresas, pero para el caso es que en esos años que estaba nueva y le daba vuelo a la hilacha, sus amigas dicen, que en un año ella llegó a usar mil condones, y de ahí el nombrecito “la mil máscaras”, ya que estaba de moda ese luchador con sus películas.

Con los años “la mil máscaras” decidió tener familia, se casó con Inocencio, hombre tranquilo y de noble corazón que estuvo locamente enamorado de ella hasta el último día de su vida. Inocencio murió una noche de tormenta, lo encontraron en su potrero rodeado de sus vacas que parecían protegerlo, pues apenas me enteré que más de 30 estaban haciendo un círculo a su alrededor y mugían lastimeramente, por eso se dieron cuenta que algo raro pasaba, por el ruido de las vaca en esa noche de lluvia.

Inocencio le dejó a Santos, el verdadero nombre de “la mil máscaras”, no sólo como 200 cabezas de ganado y el potrero, sino tres casas, dos taxis, dos camiones de volteo, 13 hectáreas de plátano y dos hijos, que le salieron buenos a Santos. La chamaca estudió enfermería en Veracruz y pues ahora trabaja con nosotros ayudando a mi esposa y a otros viejitos con dinero que no pueden valerse del todo por sí mismos. Ella sacó el cuerpo de su papá que medía 1. 80 de estatura y era ancho de espaldas, por eso se aguanta a mi mujer. El muchacho no salió tan fuerte pero si igual de noble que el difunto, el cual murió a los 77 años, es decir, se agarró a la Santos al más puro “amor añejo”.

Hoy le tocó bañó a mi esposa, se baña terciado y a las 11 de la mañana, que es cuando llega Inocencia, así se llama la muchacha. Y como estaban hablando de las bromas del pasado día de los santos inocentes pues yo escuchaba el cómo habían sido sus papás: Santos e Inocencio. Lo que me sorprende es que para Inocencia es muy normal que su mamá haga aún negocios con sus artes amatorias. La hija dice que su papá les decía cuando eran niños a ella y su hermano, que no juzgaran a su madre por ser tan ardiente, porque en los años de casados que llevaban, ella sólo había sido de él, que el pasado no importaba y que cuando él muriera, ella tendría que calmar ese ardor, pero que le sacaría provecho pues era muy chingona su madre. Y sí, ella fue quien negoció junto con mi mujer las regidurías, direcciones y otros puestos con los Presidentes Municipales y pues tiene puertas abiertas en las oficinas de todos los palacios para llegar con sus catálogos, incluido el “rojo”, el nuestro, el del SIFICHPAS.

Se está acabando el año y una de las cosas que agradezco es que, en medio de la pena de que le tuvieran que mochar la pata a mi mujercita y eso nos rompiera el ritmo que traíamos, apareciera en nuestra ayuda “la mil máscaras” quien nos dijo, no se preocupen, mi hija les ayudará. Por angas o mangas, lo que más me impresiona de esta historia es eso de que las vacas hayan avisado que Inocencio había muerto, para mí que es puro cuento, con eso de que es 28, siento que ya nos chamaqueó la Inocencia.

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