No mata, engorda y apendeja
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Masca la Iguana


No mata, engorda y apendeja

Luis Fernando Paredes Porras*


La mesa pobre es madre de la salud rica
Refrán

 

México puede apuntarse para ser el país con mayor personas con discapacidad no sólo en América sino en el mundo, pues apenas se celebró el día internacional de las personas con discapacidad, con la intención de poner la atención en las condiciones que dificultan e impiden su inclusión y con una mirada prospectiva a partir de los criterios laborales actuales en debate en la Unión Europea y que pueden incidir en el resto de naciones, México se apunta a ser una patria de obesos y pendejos (esto último lo digo yo, no la Comunidad Europea).


La UNICEF señala que el problema de desnutrición en México es tan grave como la obesidad infantil. En el 2012 éramos el cuarto país con el mayor número de niñas y niños obesos, por debajo de Grecia, Estados Unidos e Italia, ya en abril del 2014 ocupamos el primer lugar. Tan sólo, con datos de la misma UNICEF, de 1999 al 2006 la obesidad infantil creció en nuestro país un 40%.


Recientemente el que se haya captado por la cámara de seguridad el momento en que muere Poncho, niño de 12 años por un paro cardiaco derivado de su problema de obesidad, muestra que el problema en México es grave. El médico certificó que el menor de edad falleció por "obstrucción en las arterias coronarias, detectándose que padecía de hígado graso, lo que desencadenó en un infarto en el miocardio". "Ni un Poncho más" es la campaña en las redes sociales donde se presentan testimonios de sus padres y maestros, así como el lamentable momento de su fallecimiento.


"Lo que no te mata, te engorda", frase de nuestra cultura que ánima nuestros hábitos alimenticios y refleja nuestro carácter creativo y permisible...y fatal. Culturalmente aceptado es también el aumento de peso ante los excesos de las fiestas decembrinas, asegurando nuestra primacía en obesidad mundial la cual se verá reforzada en la infancia con el sedentarismo propiciado por el tipo de regalos navideños y de reyes a los que acceden las clases que pueden darse ese lujo, con lo que podría acuñarse la nueva frase con la cual moldear a la niñez: "lo que no te cansa, te engorda".


Los costos de atención a pacientes con enfermedades derivadas de la obesidad ponen en jaque a los servicios de salud en el país y las políticas públicas están aún lejanas de incidir en nuestros cambios de hábitos. Estamos pasando por momentos de crisis en varios ámbitos, detonadores de estrés, de angustia, de miedos y culturalmente ya sabemos que "las penas con pan son menos" y que la ingesta de alimentos para saciar la ansiedad puede dispararse.


Facundo Cabral en sus mensajes dijo: "estoy asombrado de ser parte del asombroso universo y orgulloso del hambre que me mantiene despierto, porque cuando el hombre está lleno se duerme, por eso es común que los gordos hagan tonterías" y de acuerdo a lo publicado en el portal chileno de noticias "latercera.com", el argentino no habría mentido ya que "Shirley Cramer, del grupo Alzheimer's Research UK, afirmó que por el momento se desconoce por qué la obesidad y anormalidades metabólicas están vinculadas con un pobre desempeño mental".


Dice la iguana que ahora me comprende más, y que me alienta a dejar de ser tan sedentario y que en cuanto deje de escribir me mueva con mi obesidad, que con los años se ha ido a la alza. La miro (a la iguana, no mi gordura) y la noto en forma para nadar y trepar casi por donde sea. Ella siente mi mirada escudriñando su reptiliana figura y al ponerse nerviosa me corta la reflexión de un tajo al decirme: "recuerda que lo que engorda, apendeja". Recuerdo el proceder de algunos gordos en el poder y ni cómo rebatirle a la mordaz verdosa.


De regalo de año nuevo le preguntaré a la iguana ya no de qué lado masca, sino cuantas veces lo hace antes de tragar, para así en cada movimiento de mandíbula que yo dé, piense que si bien no basta para bajar de peso, sí contribuye a frenar y prevenir el demérito de mi capacidad cognitiva...en el pueblo a eso le dirían "que me apendeje menos". Le pregunto a la esbelta verdosa que es ahora quien escudriña mi abundante figura y, para romper el momento incómodo digo muy seguro de mí: "¿Qué tal el propósito de año nuevo: "gordo, pero no pendejo"? y más rápido que tapón de sidra me contesta: "al menos baja de peso".

*Educador y comunicador mexicano

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