Llegó un frío día
y no la noté
buscaba compañía
y por fin la encontré.
Sin saber que ahí estaba
conmigo en la almohada,
escuchando mis penas
que le eran ajenas.
Regalándome su apoyo,
el que siempre negué,
dejando su orgullo
que nunca dejé.
Sonriendo sincera
me mostró amor,
alumbró mi vereda,
borró mi temor.
Con su comprensión
me dio reflexión,
orientó mi vida
antes de mi partida.
Al estar con ella
recobré la conciencia,
volvió a mi vida bella,
se fue su presencia.
Nos brinda tristeza,
solos nos deja,
pero da la certeza
de buenas respuestas.

*Paola Rodríguez Ibarra es estudiante de Diseño de Modas en Puebla, México.
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* Soledad








