
25 de abril de 2018
Una semilla de ti,
mis brazos la aprietan
temblando.
Una sustancia de mi
contundente
larga, sola, destinada.
Para llegar al tiempo,
al día cuando atardece,
a la hora misma;
esplendente, virgen.
Brillas en el paisaje de mis noches
cabalgas
llegas.
Yo intento,
y el mar furioso me devuelve
a mi costa,
a mis restos solitarios de nadie.
Canto, tú me hablas.
Ambos nos iluminamos.
Es un disco solar
que brilla lentamente.
Así, apartados del otro,
pronto nos encontraremos
una vez más,
en un profundo eco,
cuando tú regreses
y yo parta.









