EL CONGELAMIENTO
Era un verano tempranero,
Con lluvia refrescante,
Los árboles frondosos,
La lluvia fresca y suave;
Era el verano acariciante,
El tiempo de la fruta,
De los cielos alternos: lluvia y sol;
El verano triunfal
Que se luce en los trópicos
Y a veces es fatal.
Quién que lo haya vivido
No ha sentido la vida,
Su palpitar, su hálito.
La primavera es bella,
Porque en ella, se da la inflorescencia,
Y en el paisaje nórdico,
El adorno de bosque son las flores
Iniciando su viaje,
Al mismo tiempo que el ramaje
Se cubre de matices:
Verde tierno, colores
Iniciando su viaje;
Las aves dan inicio a su aventura,
Regresando a ese sitio
Con el que ya soñaban. Todo bello.
Los tiempos de labranza,
De temprana cosecha,
Nacen en esas fechas.
Fue en el verano, que partimos
Al encuentro del sueño,
De nuestro propio sueño
Que ya era el de muchos.
¡Oh! La igualdad y la justicia;
¡Oh! la ilusión de que los hombres
Entendieran por fin
Que estar como la hiena y los chacales,
Era negarse, en la conciencia,
El ser la especie superior,
La creadora de la historia,
El registro de hechos,
La que debía de ser la guía
Porque era la memoria
De lo que el género pensó,
Instrumentó,
Puso en funcionamiento,
Con el nombre de invento,
Y en ello, se miró
Con orgullo profundo:
Yo soy eso, se dijo,
Lo que salió de mi cabeza
Y potenció mis brazos,
Mis ojos, mis oídos,
Mis manos y mis pies,
Incluso mi cerebro.
Todo eso fue verdad.
Por eso la inmersión
A los abismos abisales
De los profundos mares;
Por eso el revisarle las entrañas
A la madre primaria;
Por eso el regodearse en arrancarle
Los huesos en el hierro,
La sangre en el aceite,
La memoria en las rocas.
Por eso la vagancia
Montando en propulsores
Que lo llevaron a la luna.
Y por eso, tal vez,
Hastiado de si mismo
Decidió destruirse
Como ente moral:
Ya vemos que en la guerra
Los honores se rinden
Al mejor carnicero,
Llámese Napoleón,
Aníbal, Escipión,
Montgomery o Bradley,
Eisenhower o Rommel
O cuantos han vivido
Para contar sus glorias.
¿Y cuál fue el colofón
De todo ese fastidio de si mismo?
La destrucción del sueño grande
Que se iba gestando
Durante los milenios,
El sueño de vivir
Cada uno tranquilo
Colaborando con el otro
Sin esperar descuidos
Para apropiarse la tortilla
Del otro, de su pan,
Sin pensar en sacarle las correas,
Ni arrancarle los ojos
Para que no le viera cargar con la vasija
Que en principio debían de compartir.
Pero el verano, aquel verano
En el que fuimos al encuentro,
Del sueño milenario
Casi en realización,
Se ha vuelto invierno gélido,
Y el sueño, si no ha muerto,
Se encuentra en agonía.
Por eso, la alegría,
Como el invierno mismo,
Se quedó congelada.
Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 17-4-2012
Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








