04 de julio de 2013
Un ego demoniaco, dos tragos, una mujer,
un cuarto subterráneo para estar lejos de Dios.
La cara finísima de mi soledad,
el mapa de mis vidas, el porta velas para alumbrar.
Tengo secretos sin revelar,
y como un anticuario, los guardo en el corazón.
José Cruz Camargo Zurita.
Junio me dio la voz, la silenciosa
música de callar un sentimiento.
Junio se lleva ahora como el viento
y el alma inútilmente fue gozosa.
Al año de morir todos los días
los frutos de mi voz dijeron tanto
y tan calladamente, que unos días
vivieron a la sombra de aquel canto.
(Aquí la voz se quiebra y el espanto
de tanta soledad llena los días.)
Carlos Pellicer.
Uno nace solo,
sólo nace uno;
aún acompañado en la placenta,
dentro del vientre de quien nos pare,
que alimenta,
se nace solo,
solo se nace.
Arrugado, salido
de tibio baño amniótico
desnudo, vulnerable
atado a nuestra madre, por un lazo
compartiendo carne y sangre.
Uno va creciendo,
comprendiendo como puede;
captando, procesando,
digiriendo y entendiendo,
va de nuevo.
Pendiente,
de los eventos que suceden
no olvidando los que anteceden
esperando el embate
de los que estos preceden;
tal como el caso del mundo
y sus peripecias aconteciendo
a prueba y error,
como la ciencia,
como experimento.
Las cosas que uno no asimila,
que saturan el entendimiento,
conforme se va creciendo;
por montones se acumulan.
Si la borrasca llega violenta,
pegarnos en la cara,
ennegrecer los sentimientos
curtir el alma sanguinolenta,
a punta de golpe de vara
La reyerta con Dios es lógica
y sumamente sencilla;
es fácil defenestrar
a quien su defensa
en persona no pueda llevar
Es hora pues de bajar, la guardia
Dios no tiene culpa de cierta manera,
ni tiempo tiene de voltear a verte,
basta con no entretenerte,
y aun entre sombras seguir la vereda.

Hugo Islas (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) radica en Puebla, es amante de la música y las letras.








