Que en realidad no es otro mundo,
Sino lo imaginado
Por los que ha muchos siglos
Sembraron el terror.
El de que cuando viajas
En periplo final,
Te diriges a otras latitudes,
Más allá de este azul.
Bien puedes, por designio
Que se tomó sin ti,
Quemarte por los siglos
De los siglos, sin fin,
O ir a otro lugar
En el que ya te esperan
Las voces impolutas
De unos seres alados
Que te recibirán
Como si fueras uno de ellos.
Pero nunca sabrás
Ni en el andar en la aventura
De la existencia plena
Ni en el momento del gran paso,
A cuál de las comarcas
De que durante toda tu existencia
Te han hablado,
Llegarás cuando vagues
Por los caminos de la nada,
Si es que fuera verdad
Que llegarías a otros confines
Que ya no son de aquí.
El no saber a dónde irás
Te causa desazón
En los casos menores;
En los peores
Angustias o terrores,
Y en casos, la locura.
Y cuando haces conciencia
De que tu desazón
En noches foscas
Es una pátina que llevas
Adherida a la piel
Como marca indeleble
Que te dejaron las consejas
Y los cuentos de viejas ignorantes,
Y por ello inocentes
Cuando relatan que es verdad
Lo que han oído desde el vientre,
Maldices los momentos
Que fueron por millares,
En que de ti abusaron
Contándote esos cuentos
En vez de relatarte
Con apego a lo real
Que después del eclipse
De la conciencia, tu instrumento
Con el que identificas
Lo que te envuelve y que te acuna,
Ya no serás más tú;
Tú eres nada más por tu razón,
Por tus nociones de sapiencia,
Lo que es conocimiento,
Que dejarán de ser desde el instante
En que no sepas más de ti.
¿Con esto concluiré
Que me he librado de la angustia?
Tal vez nunca lo sepa,
Pero el esfuerzo de intentarlo,
Es lo menos que puedo
Hacer para matar la angustia existencial.
Es necesario.
Tal vez ayudaría poder determinar
Anticipadamente,
Que en el momento de avistar
El vacío insondable,
Te vivirás como una parte
De lo que te formó:
La fresca hierba, el dulce fruto;
El agua vocinglera
Corriendo por los prados,
O desplazándose en torrentes
Por entre bosques y entre rocas,
Las que también soltando sales
Alimentaron tu osamenta,
Tu sangre,
Tus filamentos transmisores
De voces y colores,
Que te hicieron sentir
Lo que era la belleza para ti
Compartida con otros que, igualmente,
Se deleitan porque eso les provoca
Alegría a raudales,
Entusiasmo y placer,
De ser y conocer,
Y hasta reconocer que tal vez somos
Únicos entes en la tierra
Capaces de crear y recrear
En la imaginación, la realidad,
Pero distinta a lo que es,
Al mismo tiempo que como es,
Sabiendo que en la mente
De todos los humanos
Adquiere formas, dimensiones,
Y representaciones
Que no tiene en si misma,
Pero que en ese trance
De la imaginación,
Se multiplica por millones,
En lo que está la maravilla
De nuestra afinidad,
Con lo que al fin y al cabo nos dio vida.









