La luna estaba pálida,
Más demacrada y triste
Que en este último domingo.
Dubitativa estaba, y afligida,
Todavía, mucho más
Que el sábado en la noche
De aquel ciclo monstruoso
Inconcebible en esta era,
Separada de aquella
Por miles de millones
De vueltas, no de años,
Del globo silencioso,
El globo delirante
Al que sus vástagos hambrientos,
Sedientos y ambiciosos
Le exprimen vorazmente
Las ubres, sus entrañas.
La luna, como rezan
Las crónicas fingidas,
En esa era, estaba
Pálida y silenciosa,
Más que ahora.
Ella misma lo narra:
En ese entonces ya ignoraba
Que estaba destinada
A ser motivadora de quejumbres
Emitidas por larvas,
Las que me invocarían
Para contarme las tristezas
Que unas a otras causarían.
En ese entonces yo dormía
Sin concebir que mi presencia
Tendría que ser en el futuro,
Paradigma de paz,
Allá en la tierra,
Entre los hombres
Sedicentes, “de buena voluntad”.
En ese entonces no sabía
Que en el futuro, los gusanos,
Semejantes a ratas
Andarían merodeando
Para saber si en mi existencia
Encontrarían líquidos combustibles.
En ese entonces, mi experiencia
No revelaba más nociones
Que la de ser yo, una habitante
De un vecindario galaxial.
Por ello, nunca imaginé
Que las larvas surgidas
Tal vez en los pantanos
Del globo que después
Sería la tierra, estaría algún día
Dispuestas febrilmente,
A provocar un estallido
En la que fue su cuna,
La vecina mayor
De mí, la luna.
Ahora se muchas cosas;
Las aprendí de ellos.
Se que por mucho llanto
Que derramen, a mares,
Nada los detendrá.
Y desde este momento,
Empezaré a cubrirme los oídos
Para evitar que el estallido
A que un día sometan a su globo
Le haga daño a mis tímpanos.
El estallido es inminente.
¿Alguien quiere apostar?
Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 5-3-2012

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








