Que el mar estaba consternado
Era evidente:
Estaba quieto,
Sus olas se arrastraban feblemente
En silencio, nomás;
Ningún estruendo ni rumor,
Si acaso, los murmullos
Discretos a la orilla de las playas.
Estaba el mar, entristecido;
Lucía desconsolado.
Le interrogué: ¿qué pasa?
No hubo contestación.
Las olas continuaron ondulando
Discretas, sin rumores;
Demostrativamente indiferentes,
Como si mi pregunta molestara,
Porque ellas decidieron
Mostrarse circunspectas.
Y así lo parecían;
Yo, así lo percibí.
Por eso me alejé
Sin preguntarle más al mar.
Incluso, decidí
Interpretar su proceder:
Estoy decepcionado,
Por que los seres que de mi nacieron
Hace millones de años,
Cuando la tierra era una infanta,
Apenas si pudieron desechar sus aletas,
Sus branquias, sus escamas,
Olvidaron su origen:
Y ¡a depredar! Dijeron.
Y lo han hecho, por periodos y eras.
No contentos, ahora me atiborran
Con excrementos y desechos,
Y terminando están
Con la existencia de los seres
Que todavía se mueven
En mis entrañas, en mi seno.
Cuando hayan culminado
Su labor destructiva,
Devastadora y de exterminio,
De mis criaturas quedarán
Únicamente las que viven
En mis regiones abisales.
Eso creo, o eso quiero creer.
Así pensé que razonaba el mar;
Así lo interpreté.
¿Estaba yo en lo cierto?
Tal vez no; quizás me equivocaba.
A lo mejor se comportaba
Silencioso y solemne
Porque él y los vientos
Estaban contrariados
El uno con el otro.
O los vientos andaban por los bosques,
Depredando la selva,
O volaban al ras de las montañas
Inquietando las cumbres,
Diciéndoles: reaccionen;
¿No ven que allá, los valles
Están cada mañana más desiertos,
Más infecundos, más estériles?
Quizás también esto era cierto.
En ese caso,
Los mares y los vientos,
Cada cual por su lado,
Tenían sus razones:
Estaban en los justo.
Y seguí mi camino.
En mi cerebro,
Una inquietud se desplazaba:
Si estoy interpretando
El sentir y el pensar
De mares y de vientos,
Iré con los que lloran,
Los que se duelen, (eso dicen),
Por el daño a los mares;
Les contaré mis conclusiones
En una alegoría.
Acaso eso los mueva.
Y si no lo logrará
Con mis detritos,
Y mis evacuaciones,
Me iré, como los gatos, a enterrarlos
En los solares, en los yermos,
En esos valles ya cansados,
Y allí, seguramente,
Ya no serán contaminantes,
Al contrario, podrán contribuir
A la fertilidad del humus,
Según lo que aconsejan
Los hombres de la tierra:
El labrador, el sembrador,
Los que se han hecho uno con la tierra;
Los que la viven y la quieren
Como madre nutricia fructífera y feraz.
Ricardo amontes de Oca, Puebla, Pue., 16-5-2012

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








