Casi el paraiso
Minuto a Minuto

La luz en las tinieblas
No debe ni siquiera dormitar
Pues es preciso iluminar,
O por  lo menos,   alumbrar  
Aunque con tenue brillo.
Es preciso, y no importa
Si es con intensidad
O se trata no más de la intención,
Pero es preciso que se muestre.

¿Por qué es imperativo
Que la luz haga acto de presencia?
Porque de su existencia
Depende al menos la esperanza
De que un día tal vez
Vivamos en confianza
Los que habitamos este siglo,
Repetición de los pretéritos
Pero con tanta convulsión
Que hasta el océano mismo
Amenaza invadir los continentes.

¿Pero, es esto en verdad,
Lo que nos causa tanta angustia?
¿No estaremos cambiando
La realidad por fantasía?

Los hechos, lo concreto
Responderán a esa pregunta:
Dos guerras en escasos
Diez años transcurridos;
Las masas que se mueven
Como encrespado oleaje
Estrujando las costas con estruendo
Con desesperación, diríase;
Las masacres aquí,
Las matanzas allá,
En el continente
Madre de nuestra especie;
La desesperación
De los que tienen hambre;
El engaño, la artimaña constante
Cuando no la violencia
Contra los que suplican
Imploran o reclaman.

En contraposición, la indiferencia,
La taimada actitud
De quienes tienen el dominio
De los medios
De destrucción por la violencia.

Y en otro de los polos,
Que son muchos,
La indiferencia del que tiene
Satisfecha su hambre,
Su sed, su imperativo de vivir;
En otra punta,
Los miedos o el terror
De los millones que se mueven
Como zombis dolientes,
Murmurando en sordina
Acerca del efecto
Que sobre sus cabezas
Ejerce impunemente
La amenaza constante
De ser batido o pisoteado,
Por el que tiene la metralla,
Los obuses, las balas,
Los gases lacrimógenos,
Y las prisiones, que no cesan
De engullir al que mata,
Al que roba, al que viola,
Al indiciado, alinocente,
Pero jamás de los jamases
A los culpables y causantes
Del espantoso estrago
Sufrido por los muchos
Andantes pululantes
En ciudades campos;
Jamás de los jamases
A los que mienten
Desfachatadamente,
Y todavía se ufanan
De ser los salvadores.

¿Salvadores de qué?
De las fortunas amasadas
A costa del que vive
Al borde del abismo,
La desesperación;
La muerte por suicidio,
Por acción de los grupos
Siniestros, vergonzantes,
Asesinos
Capacitados,  facultados
Por los autócratas de siempre,
Sedicentes demócratas.
Para cegar la vida
Del que lucha o levanta
La voz de la denuncia.

Alguien objetará:
No es verdad, no es así;
No lo veo diariamente
En cada calle, cada barrio;
Ni en cada urbe de las muchas
En que convergen muchedumbres
La mayoría de las cuales,
Escanden, gritan
Y se agitan
En gigantescos centros
De reunión: los estadios,
O bien
Se zarandean ante los ritmos
Del bajo y los tambores
Que han sido propiciados,
Estimulados propagados
Por los que ejercen los poderes,
Con la finalidad
De mantener hipnotizadas
A esas masas que danzan
Que rugen que se agitan,
Se excitan y se mueven,
Ahora si,
Al ritmo que les tocan;
No lo veo, dirán,
Esos ciegos virtuales
Los que no quieren ver.

¿Se necesita o no
La luz que alumbre, que ilumine
Los múltiples caminos
Del transitar humano?

Que nos responda el cirujano,
Capaz de corregir
Tanto encarnizamiento.

¿Quién es el cirujano?
El que ha de cercenar
De cuajo y sin tardanza
Tantas iniquidades
Por parte del que manda,
Del que tiene el timón
Y se vive a si mismo
Como un cuasi demiurgo
Dueño de vidas y destinos.

¿Quién es el cirujano?
El que a diario se vive
Con magras esperanzas o sin  ellas;
El que tiene  vendada
La mirada,
Y los pies aherrojados;
El que mira los bienes,
Los lujos del que tiene,
Pero sin posibilidad
De poseerlos algún día;
El que, en fin,
Ha sido condenado de por vida
A ver los espejismos
Que le han hecho creer
Que está o que va
Al ensoñado paraíso.

RicardoMontes de Oca, Puebla, Pue., 15-10-2012

Ricardo Montes de Oca

 

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.