Las noches tienen lumbre;
Lo creo porque me queman
Los sueños nocturnales
Visitantes furtivos
Cuando más necesito
Darle asueto a mi cuerpo,
Remanso a mi conciencia,
Y paz a mis torturas.
Por eso, me repito:
Las noches tienen fuego,
Son implacables, son de hierro;
Nada las reblandece,
Y nada les provoca
Misericordia, en los instantes
En que se agitan y te punzan
Escorpiones y hormigas venenosas.
Si alguna vez te han visitado
Esas noches que llegan
Con ascuas que se pegan
A la piel y la abrasan,
Entenderás por qué la queja,
Las obstinadas referencias
A los espacios negros,
Noches en que no existe
La llamada al amor,
Sino las turbiedades
Que quieres alejar.
Pero es inútil:
Puesto que ellas se pegan
A la piel de tus ojos
Como resina ardiente.
Si has vivido esas noches,
No hay para que insistir
En la presencia negra
De socavones tormentosos.
Pero sí es necesario persistir
En la idea de salir,
Escapar de ese espacio
Para buscar en las llanura
Áridas y calladas
Alguna compañía
A la que puedas confesarle
Tu desesperación
De abrir tu voz a la ternura,
La que, lanzada hacia las nubes,
Te regale descanso,
Y, algo muy semejante
A la nombrada paz,
Esa desconocida
Esquiva y casi mítica,
Lo cual te causa dudas
De su real existencia,
Y andas a diario adivinando
Dónde tendrá su residencia:
¿En alguna morada
Abandonada y olvidada:
Caverna montañesa,
Bosques inextricables
O, acaso la memoria
De los tiempos lejanos
Cuando solo esperabas
Emerger de ese claustro
Al que a veces quisieras
Si no volver, si visitar?
Puebla, Pue., 19-3-2012

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








