Me dormí frente al mar;
El oleaje perenne me arrullaba;
La arena me acunaba,
Y las estrellas me cuidaban:
Vigilaban constantes,
Sin que ni un sólo instante
Su brillante mirada
Se apartara de mí.
Ausente de mi mismo, descansaba;
Pero el tigre dormido
Dentro de mí, insolente,
Despertó enardecido.
Con sus garfios de hierro
Comenzó su labor aniquilante.
Se trocó en un simún,
Un maremoto,
Un terremoto enloquecido.
Después, ya no era un tigre:
Eran dos. Proliferaron
Y fueron ya un ejército
Por lo disciplinado:
En pelotones me atacaban.
Me vi sanguinolento, hecho fragmentos.
Y sin embargo, me asombraba,
Me percataba claramente
De que podía pensar.
Eso me estimulaba.
Me decía:
Si pienso todavía, es que estoy vivo;
Si es así, he vencido.
Lo logré: en el instante
En que uno de ellos, atacó
Lo que yo suponía mi garganta,
Un grito portentoso
Que resonó hasta el cosmos,
Hizo las veces de un ensalmo:
Desperté.
El mar estaba calmo,
Íntimo y complaciente.
Me confortó saber
Que en esa soledad tranquilizante,
Había un ser vivo, que era yo
Conciente de saberse
Con su sombra y su voz;
Au hambre insaciable, y su avidez
De seguir escrutando el universo
Para ampliar su noción de esos espacios
Tan asombrosos, e imponentes,
Que provocan el llanto
Por su sola grandeza,
Enormidad, y magnitudes.
Eso te induce a discernir que tú,
Precisamente tú,
De alguna forma, de algún modo,
Viniste desde ahí,
Desde esos ámbitos, oscuros,
Y estás aquí, con tu infinita pequeñez
Ante ese espacio;
Pero con la grandeza implícita,
De razonar, hacer conciencia,
De que, en última instancia,
El universo es la matriz
O el útero, de donde todos procedemos:
Yo, y mis semejantes
Indolentes y apáticos,
Activos, perezosos,
Perversos, generosos,
Malévolos o nobles,
Ignorantes o sabios,
Entre los que
Formando muchedumbre,
Sin saberlo o sabiendo
Que así es
Prefieren renegar
De esa maternidad,
Esa paternidad: el universo,
El padre enorme,
Desde donde vinimos,
Y a donde volveremos,
Si acaso es que anduvimos
Por otras latitudes
Que, según nuestra mente
No estaba conectada al padre Cosmos.
El mar, en noches calmas,
Seguirá… y así continuará
Su ritmo, mientras sea…
Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 3-6-2012

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








