LA IZQUIERDA, LA DERECHA Y EL PROYECTO DE NACIÓN
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LA IZQUIERDA, LA DERECHA Y EL PROYECTO DE NACIÓN
Por: Santos Mercado Reyes[1] 
  

La izquierda y la derecha son las dos corrientes fundamentales en cualquier país y en cualquier tiempo. Aunque visten diversos ropajes es necesario saber distinguirlos.  La izquierda soñando con un mundo donde no exista la propiedad privada y todo lo administre el Estado, y la derecha añorando que el respeto a la propiedad privada sea la base de convivencia, desarrollo y progreso de una nación y el Estado sólo vigile que nadie dañe los mercados libres. En el plano teórico son antagónicas e irreconciliables.


Nótese que ambas, izquierda y derecha hablarán de que quieren lo mejor para la sociedad. Ambas buscan erradicar la pobreza, marginación y atraso, pero tienen distinto método. Comprender la metodología de cada filosofía nos puede ayudar a entender sus propuestas, sus proyectos y adónde quieren conducir a la sociedad.


El conjunto de propuestas de cada corriente de pensamiento pasa a formar el Proyecto de Nación, es decir, qué tipo de país se quiere construir.


Veamos un ejemplo del tipo de solución que da cada corriente. Pensemos en el
problema de la pobreza.


La izquierda concibe que la pobreza es consecuencia de que haya ricos. Creen
que los millonarios se formaron robando a los pobres, explotando a los trabajadores, vendiendo caro y comprando barato. Por tanto, la solución es repartir las ganancias de los ricos y evitar que se formen nuevos millonarios. De esta manera, dicen los izquierdistas, ya no habrá diferencias sociales y todos seremos felices. En otras palabras, la izquierda cree que la pobreza se acaba aboliendo la propiedad privada, como decía Carlos Marx, despojando a los ricos de sus bienes y no permitiendo que alguien vuelva a acumular propiedades, que ningún individuo sea dueño de fábricas, minas, autobuses, carreteras, refinerías, casas, bicicletas, etc. Por eso abogan contra las privatizaciones.


La derecha, por otro lado, concibe que hay una pobreza artificialmente creada, como resultado de fuerzas políticas que no dejan funcionar eficientemente a los mercados. Si la gente fuera libre de comerciar, producir, contratar trabajadores, vender al mejor postor y comprar donde es más barato, no habría tanta pobreza. En otras palabras, si se dejara que cada ciudadano usara sus propiedades libremente para obtener el lucro deseado, el nivel de pobreza sería irrelevante. Más aún, la derecha concibe que mientras haya mercados libres, la pobreza juega un papel virtuoso pues aquél individuo pobre se ve impulsado a usar todo su talento para salir de su precaria situación económica: Pedirá prestado (dejando sus huaraches en garantía) y comprará naranjas, las revenderá en forma de jugo o golosinas para pagar el crédito y ganar. Posiblemente fracase, pero probablemente lo veremos al rato como dueño de una fábrica de jugos para exportar. ¿Una utopía? Para nada, véase el ejemplo de Hong Kong, Irlanda, Taiwán, y ahora la República Popular de China. La derecha tiene como Proyecto de Nación construir un país capitalista donde todos tengan la libertad de entrar al juego. No garantiza que a todos les irá bien, pues eso depende de muchos factores, pero nadie está impedido de “probar suerte”.


La izquierda promete un Proyecto de Nación donde el gobierno, el congreso o el líder sea quien organice a la sociedad, administre los recursos naturales y humanos a fin de que las empresas del Estado produzcan todos los bienes que el gobierno repartirá en la población, dando a los viejitos, niños, jóvenes, hombres y mujeres lo que necesiten para llevar una “vida digna”. Se entiende que en este Proyecto de Nación nadie debe hacer negocios, obtener lucro y acumular más que los demás. ¿Una utopía? En absoluto, ese proyecto ya lo hizo Fidel Castro y ahora mismo se está construyendo en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Argentina y próximamente en Guatemala con Rigoberta Menchú si llega a la Presidencia.


La izquierda pugnará por incrementar los impuestos y el control de los negocios; la derecha, por reducir los impuestos y eliminar reglamentos para que las empresas sean más libres.


México, en 2006, estuvo a punto de resbalar hacia un proyecto de izquierda y todavía no se ve claro si abrazará un proyecto de derecha donde se permita que funcione una economía de mercados libres.


Por supuesto, existe la tercera vía donde un país no es de izquierda, no es de derecha, sino todo lo contrario. Son los indefinidos que carecen de rumbo y se van para donde el viento los arrastre.

 


[1] Santos Mercado Reyes (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) Estudió matemáticas en la Escuela de Física y Matemáticas del Instituto Politécnico Nacional, Maestría en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y Doctorado en Ciencias en la Universidad Autónoma de  Chapingo. Labora como profesor investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) desde 1984 y es el Coordinador del Seminario de Economía Austriaca.  
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