
25 de febrero de 2021
¡La mente es tan solo la fatua vanidad de una ficción
que a sí misma ya se aferra ante el temor de descubrirse sin presencia!
Todo es tan solo la simple sombra embestida de tristeza
donde la ilusa vacuidad de una pálida amargura
retorna irremediable a la ilusión que la concibe.
¡Uróboros infame donde un verso se eyacula en cada día
germinando en tierra fértil su húmeda amargura!
Recordar es el motor que ya casi se deshoja cargado
de un mundo de conceptos y de espasmos, donde la euforia
vocaliza una extinción que se relaja.
El mismo impulso pretende arrancar el suelo de la eternidad
que a poco desfallece y provoca una erupción delirante,
que se extingue para arraigarse más a lo mundano de un ritmo,
que jadea semillas que se borran donde la unidad asoma.
Somos circunstancias, imagen y versos donde al final
la mayor siembra es masturbar, sin mayor opción,
paradigmas que por sí solos se oxidan y nos cansan.
La ilusión de la ignorancia me da entereza para continuar,
cual un amargo anacoreta que busca en los trebejos
de un mundo donde no hay mayor protagonista
que una utopía que a cada instante se desgaja.
¿Es irremediable caminar bajo el espejo de una piel y su figura?
Solo me afianza a la vida la ilusión de ver
cómo se derrumban paradigmas cual maderos corroídos
que, desde dentro, hospedan sanguijuelas que se aferran
a una decadente realidad que se hace trizas.
Solo pretendo olvidar el nombre vacuidad
para estar en plena unión con todo
teniendo por cobija una realidad ensimismada.
¿cuántas penurias pasará la inanición
hasta que un día por fin se saturen mis anhelos?
Maldita expectativa que me asfixia
sabiendo que mientras más te busque más te alejas.
¡Paradoja infame, es, saber que de antemano
es tu ausencia quien da sentido a mi presencia!
Solo a escondidas anhelo encender y apagarme en la hoguera
y el fulgor de una búsqueda furtiva,
para así darme la oportunidad de sentir
que la razón es el fulgor del mismo fuego
que se ciñe a una realidad que a sí sola se presencia.
¡La mente es tan solo la fatua vanidad de una ficción
que a sí misma ya se aferra ante el temor de descubrirse sin presencia,
mientras la sabiduría goza incinerándose en la hoguera
en que se estanca la tierra y el jardín de un huerto
donde los frutos de un sí mismo se agasaja!








