
17 de diciembre de 2020
Llegó sin anuncios y en silencio,
antes nadie supo de su existencia y ahora todos hablan de él;
solo unos pocos,
que dicen saber quién es,
se atreven a contar que es invisible, poderoso y maligno.
Viaja con la Muerte,
sembrando el terror y la desolación.
La comarca tiembla,
el señor y el vasallo tiemblan;
los caminos están vacíos,
el mercado está vacío,
las casas están cerradas,
el convento y el ayuntamiento también,
solo el viejo boticario del pueblo está atento esperando al visitante.
Carga en sus diestras manos
unas onzas de fe y unos gramos de sabiduría.
La consigna es la defensa,
el encierro la obligación.
¡Que nadie traspase su dominio!
se escucha al anciano pregonar por los caminos,
vacíos de vida, rebosantes de soledad.
¡Cuídense del indeseado,
guárdense sin demora,
si le franqueas el paso,
él apagará el fuego de tu hogar!
Por días, semanas y meses la noche inundó la comarca,
el silencio cubrió sus campos con sonidos de desolación.
Cubierta de abrojos rastreros,
la tierra se marchitó, huérfana de su labrador.
Vacía está la hacienda, vacío el corazón.
Con el sol de primavera, la vida parece renacer.
Trinos lejanos llegan del norte,
melodías olvidadas se anuncian también.
El indeseado,
vacilante,
se larga para desaparecer,
la Muerte le sigue,
alejándose del amanecer.
Jorge Cepeda González es archivero, conservador-restaurador e historiador. Autor de varias novelas y múltiples ensayos. Miembro del Círculo de Escritores V Región de Valparaíso, Chile.








