5 de marzo 2020
Entraban en la noche
por hendiduras y orificios
los gruñidos de cerdos,
el restallar de los sonidos
del cascabel de la serpiente;
a la par se escuchaba
el relincho de potros a lo lejos,
el ulular del búho,
los ladridos distantes
de perros en acecho;
los chillidos de ratas
el taladrad de las termitas.
todo por turno o separado,
aislado o en multitud,
eran los ruidos, ora, arrulladores,
ora, también, aterradores:
impedimento para el sueño,
saboteadores de la calma,
pero al final, tranquilizantes,
ante la conclusión,
de que ese era el sonido de la vida.
Así fue cada noche,
cada hora y minuto
en el transcurso de los siglos,
en el correr de los milenios
medidos por el cuarzo,
y por los átomos de uranio.
Por eso, vino la locura
Cuando se tuvo la conciencia
De que la calma y el reposo
Formaban superficie, solamente:
Debajo de esa forma
Estaba el categórico latir
Expresado en la eterna pulsación
De los relojes
Debajo de la tierra,
En las entrañas del volcán vecino,
En el oleaje oceánico;
En la periódica presencia
De la tormenta y el tifón,
La de la lluvia bienhechora;
El madurar de la manzana,
El caer de las hojas,
El crecimiento de la hierba
Y el rumor de los ríos en avenida
Destrozando ganado.
Los ominosos viajes de cometas;
El cuadro de integral relojería,
Mecanismo que integran los planetas
En torno al núcleo padre;
Cada esfera en su elipsis
Recorriendo, precisa, la distancia
Con que se cierra el ciclo
Preciso y predecible
En los espacios cósmicos.
Y por encima de todo esto,
Los ritmos macro
En el desplazamiento galaxial:
Ritmo, ritmo y con él,
Culminación y desenlace,
En el significado
De mutación, de cambio
Establecido en la cadencia
Del ritmo, en sus compás
De transfiguración.
Ritmo, ritmo y sin él,
El sinsentido de las cosas,
Lo irracional de la existencia.
La locura estalló por que se quiso
Que todo fuera estático,
Que nada se moviera,
Y en todo se quedara
En la zozobra de la noche
Poblada de sonidos animales,
Con su pequeña carga de terror
O de vaivén arrullador.
Todo siempre en un ciclo
En el que no hay un avance,
Porque toda vivencia
Vuelve al mismo lugar
Sin que haya innovación
¡Qué hacer!
Cuando la estrella dice: marcho;
Cuando la luna dice: yo, me muevo;
Le taparé la cara al sol;
Cuando el cometa comunica
Que emprenderá su viaje como siempre.
Qué hacer cuando escuchamos
El grito iterativo y colosal
Del huracán
Pregonando su vuelta,
Su retorno como hace un año, dos…
Y todo en ritmo, siempre,
Perpetuamente igual, pero distinto.
Y, nosotros, queriendo que todo siga igual:
Rutina de parejas, repetición de itinerarios:
Del taller a la casa;
El viaje hebdomadario
Del hogar a los atrios;
Acostarse, rascarse
DE aburrimiento, en la mañana;
Querer que siga igual
El autoritarismo esclavizante,
El despellajamiento del que a diario
Obtendrá la tortilla
Que el capataz bautiza de salario.
La desvergüenza
Del que cena en banquetes
De lujo
Ante elegante mesa,
Mientras otros practican
Aquel decir que reza:
Que más vale dormirse sin cenar
Que amanecer con deudas.
Qué hacer para ir al ritmo
De los relojes de la tierra,
Del paso de la luna
Por el palio nocturno,
Y sentir la alegría
De que nos hemos integrado
Al ritmo palpitante, Alucinante
Que ocurre en los abismos
Desde donde vinimos
En una larga noche de los siglos,
De los milenios de años-luz.









