La chica de las gafas negras (Poema)
Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

 

 

14 de marzo de 2018

Va sobre la acera, tiene prisa,
lleva un vestido de flores que vuela con el viento,
el torso libre y zapatillas blancas.
Unos lentes oscuros la guardan de las miradas indiscretas.

El trasfondo podría ser una calle concurrida en New York city,
pero va por un suburbio con jardines de flor y jacarandas,
de una ciudad perdida en medio del verano.

Todo lo que su rostro dice, lo dicen sus grandes gafas,
perdidas en un punto más del infinito.
No se detiene un instante a oler las flores,
a disfrutar la serena sombra de los árboles,
a ajustarse un zapato o a saludar a un transeúnte;
Ella simplemente nunca se detiene.

Yo pienso en sus amantes,
que en alguna pequeña habitación de la ciudad la esperan,
en sus amigas íntimas que saben sus dolores,
en sus secretos indecibles, sus amores frustrados,
sus fracasos guardados con recelo, sus vicios;
cada vez que cruza con sus lentes negros, por la calle.

Pero ella jamás desacelera el paso.
La veo atravesar la acera cada día en un suspiro,
siempre apresurada, igual que si le diera miedo,
no llegar al último acto de su vida.

Siempre atrincherada detrás de sus gafas negras.
No conozco el olor de su perfume,
si su piel es tan dulce como su figura,
o si cuando la toque se desvanecerá en el aire.

Sin embargo, hoy sufrió un accidente,
por lo demás común y predecible:
a la mitad de su fugaz carrera, perdió el tacón de su zapato izquierdo,
y gracias a ese percance inusitado, supe que la chica de los lentes negros,
huele a un sembradío de lavanda después de una tormenta.

Sus ojos son botón de rosas negras igual que los carbunclos,
y al mirarte florecen,
sus manos se ensartan en tus manos
igual que dos silicios que prenden en tu cuerpo,
y todo lo iluminan.

Sin embargo, desde el día de ese incidente
comencé a preguntarme a qué saben sus labios.
Debo decir que ahora algo es distinto.
Cada día que ella pasa, a la mitad de su habitual carrera,
levanta la mano de gaviota que danza un breve baile,
y alegre me saluda, mientras yo sonrío,
del otro lado de la acera.

Es un fugaz deleite que alarga la tarde de un conjuro.

He maquinado obstáculos que detengan su paso.
Pero entonces recuerdo el movimiento de su falda
al ondear con la brisa del verano cómplice,
y desisto de inventar pretextos.

Solo quiero verla volar cada mañana,
en su danza vital, llevada por el viento,
dejándonos su estela, encendiendo la calle pada todos.

La chica inolvidable de las gafas negras.

Xóchitl Niezhdanova, Ingeniera Civil con Maestría en Ingeniería Estructural. Poeta, Pintura, Pianista y amante del Arte en General. Escritora, Diletante, Amante de la Vida. Ávida por el conocimiento desde niña e inclinada a la Sabiduría Oriental. Solidaria de todas las causas justas y amante de la Naturaleza.

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