
26 de agosto de 2017
Hay una lucidez llamada tiempo y ninguna evaluación de mi cuerpo podrá acabar con mi espíritu.
Vejez… Tan solo usanza, abismos a los pies, y unas manos en dilación que poco a poco aprietan el cuello delgado de la cuenta.
Es el mundo, es la vida quien ha creado espacios, tramos numerados, angostamientos para la libertad.
Mi consentimiento está en la lucidez del alma, percibo el reflejo inmaculado de la dulce ilusión.
La demencial mirada se aparta de mí, hoy sé guardar la distancia me he vuelto inextinguible
Me reconstruyo, libertado por el badajo que oscila a tiempo dentro de mi pecho.
Desde mis adentros salgo a representar el interior del hombre.
Leticia Díaz Gama, poeta residente en la ciudad de Puebla, México.
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