
9 de marzo de 2017
El dorado puñal que cruza mi cuerpo
transita por los espesos cuartos
donde el alma huyó cruzando las aguas cristalinas del espejo.
Gritos... y en la plaza siguen naciendo las palabras
de un discurso que emana del papel blanco de hace siglos.
Siguen muriendo en mí las voces silenciosas
mañana al medio día
otra en la orilla de la cama.
Hay sombras que estrangulan los cuerpos
afuera vigilan la mercancía
y la luna rosa los techos
y los perros olfatean
la anhelada libertad difusa.
El sol que ofusca las calles de la Merced
quema la entrada del sentimiento.
Y el lenguaje se desdice
cuando en el motel
las losas encaminan a la pulsión
de un cuerpo entretejido y anudado
con las quejas de un sexo sometido.
Cien nombres y la misma plana
inventando el corazón azul
para su larga noche.
Que broten las letras en la esquina
Y narren a que huele el vomito en los muros.
Imagen: Pinterest.com

Leticia Díaz Gama.








