Roma, la de siempre
Minuto a Minuto

 

 

10 de enero 2020

Roma, la dominante,
La que vivió mil años,
La que aplastó mil pueblos;
Roma, la de los césares,
La Roma de la Calígula y Nerón,
La de Sila y Pompeyo,
La de César y Octavio;
Sepulturera de Cartago;
Roma, la de Escipión,
La que tembló cuando las huestes
Del ejército esclavo
Lanzaron por los bosques
De Apulia y de Campania
El trágico llamado
De Espartaco y de Crixo
A conquistar la libertad.

Esa Roma,
El poderoso imperio
Que empezó en Alba Longa
Amparado en el mito,
La leyenda de Rómulo y de Remo
Amamantados por la loba;
Esa Roma,
La custodiada por legiones,
Acabó por morir;
Embelezada por sus glorias
Y por los fastos de victorias,
Acabó por morir.
No la salvaron, finalmente,
Ni el Capitolio ni el Senado,
Ni las catilinarias
De Marco Tulio cicerón;
Ni el Coliseo ni los patricios:
Marco Licinio Craso,
Ni el otro Marco, Antonio.
No pudieron salvarla.

¿Quién le tendió la mano
Para que no cayera?.
Nadie.
¿Quién lloró su caída?
Ni los gansos
Que en algún episodio menor,
Alarmados, gritaron,
Avisaron, dijeron:
¡Roma corre peligro!
Y los romanos, El Pueblo, los de siempre,
Hicieron frente
Conjurado el peligro.
Pero no eternamente.
Ahora lo sabemos.

Hay imperios que duran mil años,
Y los hay que vivieron doce años.
Y ninguno ha quedado de pie.
Los imperios pasan.
Los emperadores
Mueren, a espada o veneno;
Mueren de un balazo.
Simplemente mueren.

Causaron estragos:
Destrucción, incendios;
Derramaron sangre, provocaron llanto,
Sembraron espanto,
Horror, maldiciones.
Y al igual que César,
Nerón, Constantino,
Ciro, Chinguis Jan,
Murieron. Sus huesos,
Sus ojos, sus dientes, sus bocas voraces,
Sus manos brutales,
Desaparecieron.

No eran inmortales.
Eran miserables
Como los que mandan
En el Capitolio,
¡Pero no el antiguo: el actual!
Y en la Casa Blanca,
Junto al Potomac:
Washington, D.C.

Esa Roma


Ricardo Montes de Oca, The italian coffee Puebla Pue, 8-5-07
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