“Devoción al erotismo” (poema)
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Tu erógena geografía es, sin duda, el mismo altar en que transito
La devoción cotidiana al erotismo que me embarga
Para hacer de cada uno de estos versos una lluvia candente
De orgasmos sutiles en que purifico mi corporeidad
Bautizándome en la pila lustral de tus mismos besos.

Odisea anhelante. Deseo inmaculado. Expectante caminar
Que me permite romper los límites para anudarnos al compás
De las palpitantes caricias que por doquier se aprisionan en sus huellas.

…Y cuando las represivas circunstancias se alejan de nosotros
Con mis labios recorro tus formas para deshidratar anhelos
Alimentando de prodigios la ansiedad que nos desnuda
Desatando los preceptos de una moralina asfixiante que nos obliga
A vestir de discreción el deseo de caminar entre tus manos mostrando
Sin denuedo un camino de plena libertad que me permita
Sembrar de besos las huellas que cosechas en el paso de mis parafílias.


El tiempo alcanza su plenitud cuando converge la distancia mancillada
Al ritmo de nuestras caricias que en la anónima brújula de una sinfonía
Se adentra el palpitar misterioso de la ruta erótica que nos cobija…
¡En tus manos viajo indudablemente hacia un vergel mientras derrito
Toda ansiedad por ser entre suspiros y candelas!

Devoción al erotismo en un anhelo cumplido a la luz del plenilunio.
Un altar a la plenitud de la eternidad que asoma en cada orgasmo,
Es éste instante en que se funden ósculos y jadeos para ser
Dos velas en la erección ardiente de sus violáceas llamas:
Nuestros cuerpos proyectan su unidad al ritmo de las sombras
Que bailan sobre el húmedo escenario de ésas humildes paredes
Para mostrar la proyección de dos flamas que parpadeantes atisban,
Sin morbo alguno, la forma en que cohabitas mis deseos
En un tiempo que transpira un orgasmo sin preludio.


¡El ritmo de tus feromonas es incienso inquieto que juguetea
Por los recónditos intersticios de mi piel llevando la fogosa luz
Hasta el margen de mis impurezas para purificar con tus besos
Toda culpa cargada de amarga hipocresía!

¡Mis suspiros son la esencia de una oración que busca deshacer
La individualidad para fundirme anhelante a tus deseos candentes!
Rescoldos que trasminan el calor de su misma fogosidad
En el laberinto de tus aromas y la sombra de mis expectativas.
¡Venérea plasticidad que se moldea a sí misma siguiendo el ritmo
De sus palpitaciones entre los versos que sudan el nudo
En que danzamos la eternidad plena buscando aprehender
La teofanía en el éxtasis de cada orgasmo!
Tus pupilas son ávidas flores que al contacto con mi ansiosa piel
Abren sus huellas para dejarme penetrar a lo más profundo
De tu laberinto y entre suspiros hurgar en el pasado la experiencia
Que tus manos manifiestan al llevarme a cosechar la inocencia sutil
Que hace tiempo se estancaba en la humedad de mis archivos inconexos.


Versos y caricias copulando al margen de su propio exilio
Amanecen ya cansados con la única intención de continuar la ruta
De la devoción en un eterno caminar donde nuestras sombras se mezclan
Formando una unidad sin intención ni compromiso alguno.

¡… y al final de otra extenuante jornada vuelvo a concluir que no hay
Mayor altar que la humedad ardiente de tu misma geografía
Ni mayor devoción que amarte sin límites pues eres, finalmente,
El holograma mismo de la creación en su absoluto!

                                                                                                           

 

                                                                                                                                 Juan Carlos Martínez Parra
                                                                                                                                        (El monje hereje)

 

 

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