Y la poma estalló (Poema)
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09 de enero 2020

Fue la quimera una divisa:
El mundo tiene que cambiar,
Dijimos.
El mundo. Es la metáfora.
Los habitantes son
Los que debían mutar.
¿Se pudo hacer?
No queda duda alguna:
Fue imposible.

Por un momento pareció
Que el árbol del respeto daría fruto.

Los que corrían tras la quimera
Imaginaron que la clave
Estaba en la “conciencia”.
De que la esclavitud
Está podrida,
Luchará por llegar
Al paraíso igualitario.

Se esforzaron. Y muchos se embarcaron
En una nave insignia
Del color de la sangre;
Arribaron a un puerto abigarrado
En el que multitudes, declaraban:
¡Viva la libertad!
¡Al fin, todos iguales!

No más dejar la piel
En las ergástulas
Con el nombre de fábricas;
No más gastar el cuerpo
Sin recibir un beneficio equitativo.

Lo proclamaban por las calles,
En los sagrarios del conocimiento,
Y hasta en torno a la mesa
En que el plan magro era testigo
De las carencias y miserias
Hasta antes de esos días,
Cuando ya todo parecía
Que los emparedados,
Serian ahora regalados
Como premio al aporte
Que cada uno, generoso,
Y desinteresado, haría
Para que la quimera
Al fin se convirtiera
En el milagro tan soñado
De la hermandad y la equidad.

En las grandiosas efemérides
Sonaban las fanfarrias;
Los tambores, presionaban el aire
Anunciando. Por fin, estamos en el reino
Del principio que reza:
“A cada uno se le exige según capacidades,
Y cada uno se le da según necesidades”.
Y sonaba bonito.
Y se veía bonito,
Como las pomas de jabón.

Y como ellas, explotó una mañana
En la nariz de cada uno,
Nariz que tuvo un palmo
Con el cual se quedaron
Todos los que soñaron
En que bastaba con el lema: “Hacer conciencia”.

El lema era encomiable,
Pero se vino abajo
Al escucharse
El rugir de los monstruos de la guerra
Que aplastaban las calles,
En uno de los cuales
Se montó un demagogo,
Dipsómano y payaso
Que declaró urbi et orbe: “Se acabó”:
No más fanfarrias ni martillos,
No más hoces ni estrellas encarnadas.
El paraíso tan soñado
Lo pongo como alfombra,
Y lo habilito como escupidera.
Si me llega la urgencia,
Aquí mismo defeco. O, en plena borrachera,
Lo riego, lo oxinero;
A ver si luego hay alguien que lo lave"

Allí se demostró
Lo que enunciaba
Un hispano, poeta,
Que los sueños, son eso y nada más.

 

Ricardo Montes de Oca, The italian coffee Puebla Pue, 6-5-07
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