El suspenso (Poema)
Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

 

27 de septiembre de 2019

 

Ya se acercaba el sol a su caída,

las nubes se aprestaban a cercarlo;

cubrieron con su cuerpo el horizonte

evitándole al astro, la vergüenza

de caer derrotado ante la noche.

 

Premonición, dijeron en susurro los guardianes

del prado macilento.

 

Era cierto.

 

La noche los condujo; sigilosos,

fueron la encarnación

de la premonición:

portaban yataganes afilados

y una idea taladrándoles la frente:

“La palabra piedad es un insulto

y la misericordia, escupitajo.”

 

De cuando en cuando, el contingente,

probaba un grito concordado

y el prado se erizaba a la sospecha

de que el grito anunciaba

la efusión del terror.

 

Volvía el silencio cadencioso

marcado por la marcha acompasada

de los que en la intención vibraban,

de blandir los aceros y hender almas.

cortar la carne y cercenar el hueso,

quedaba sin vigencia, por decreto:

¡El alma hay que partir!

despedazarla,

para que no retoñe nunca.

 

Era lo que buscaban,

lo que soñaron desde siglos:

“Si les cortas el alma, serán tuyos”,

predicaba el mentor a los que, en ciernes,

de púberes, entonces, pasarían a ser hombres.

 

Ahora marchaban con sus yataganes,

que es el arma simbólica

de decapitación y de degüello,

y en el filo llevaban el mensaje:

“Erradicar el alma”

 

Jadeaban las mesnadas a compás,

pero no de fatiga:

su anhelo era llegar

s la región de los volcanes,

y anunciar el inicio de las razzias.

 

¡Quienes aún posean alma,

que aquí la depositen,

en este estercolero!, señalaban.

Y los que se dispongan a guardarla,

tendrán que decidirse a vomitarla

te grado o por fuerza.

Y con los yataganes

golpeaban en roscas;

escupían las roscas chispas áureas,

e infundíase el temor en los cautivos.

 

Del temor al terror, y del terror al pánico.

Ese fue el tránsito entre ellos.

 

No todos se aterraron.

Algunos, se buscaron la mirada.

Y la pregunta fue: ¿sucumbiremos?

 

La duda se cernía sobre sus testas.

No la duda de ser los paladines;

si la de decidir o siniestra

emprender el embate.

 

Era preciso un estandarte,

un escudo o emblema.

En eso apareció

una figura magra, pero fuerte,

con los ojos brillantes,

la voz queda y juiciosa,

y categórico, anunció:

he aquí el emblema.

 

El antebrazo, fuerte,

sostenía

la figura emblemática:

un águila hierática,

cuya actitud, decía:

si es necesario conducir, conduciré.

 

Así quedaba el cuadro:

de este lado, las filas

de los que se negaron

a evaporar su alma;

del otro, el portador de yataganes

dispuestos al degüello,

alzando sus pendones

en los que estaba inscrito: “Coca-Cola”

subrayado con barras,

y a los lados estrellas.

 

 Ricardo Montes de oca, The Italian Coffee, Puebla, Pue., 19-4-07

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